Archivo de la categoría Crítica Disco

Novedades discográficas del mes de marzo

Inaguramos con esta entrada una nueva sección en El Destilador Cultural, en la que una vez al mes (durante sus primeros días), os traeremos las novedades discográficas más calientes e interesantes del mes entrante. Empezamos con las siguientes recomendaciones para el mes de marzo.

Exsonvaldes -  Near the edge of something beautiful

Near the edge of something beautiful es el reciente trabajo de la banda francesa Exsonvaldes. El cuarteto se ha dejado acompañar por Alex Firla (productor de Phoenix) para amoldar las capas electrónicas con el pop de corte emocional.

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Los 10 mejores álbumes de la década 00

Los 10 mejores álbumes de la década 00

Tras el exhaustivo y riguroso repaso que mi compañero Sally Cinnamon hizo sobre los discos más representativos de la década, a servidor se le quedaron las ganas de realizar su personal lista de los diez mejores.

Y en esto consiste esta entrada, en resumir los que para mí han sido los diez álbumes de los 00’s. Una lista donde cabe la electrónica, el indie, el rock y el hip hop. Los grandes géneros que han dominado la pasada década, y que de bien seguro, seguirán marcando los próximos años.

Un período que para el que escribe ha sido rico, heterogéneo y en que los límites entre géneros han quedado más expuestos que nunca a la manipulación. Unos diez años que nos han hecho recuperar el optimismo hacía la música, a pesar de que la industria se esté yendo a pique. En esta década hemos visto surgir una generación de artistas que perdurarán en el tiempo, y que de aquí algunos años alguien los volverá a reivindicar, tal y como ellos han hecho con el legado musical que las anteriores generaciones les habían dejado. A algunos de estos artistas les debemos habernos deleitado con las siguientes joyas.

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The xx – XX

Oscura Luz

Ante la lluvia de calificativos generosos que le están cayendo al debut de The xx resultaba complicado no dejarse arrastrar por el hype a la hora de escribir esta crítica, pero tras escuchar su XX no hay motivo alguno para no lanzarse también hacía la corriente.

Estos cuatro jovenzuelos recién llegados a la veintena, de aspecto gélido y oscuro, que parecen salidos de unos bajos pudientes del extrarradio londinense, no sólo han hecho el debut del año, sino que seguramente su primer LP se situé entre los discos del año. A continuación intentaré dilucidar las razones.

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James Brown – Live at the Apollo (1963)

La noche de Mr. Dynamite

Live at the Apollo

Tres años antes de que el mundo se volcara con la muerte del rey del pop, otra figura clave de la música negra americana nos dejaba sin tanta repercusión de por medio (en estos lares, en su tierra natal sí que la tuvo); El Padrino del Soul moría por fallo cardíaco a los 73 años de edad. Tras su muerte miles de personas, la gran mayoría afro americanas, salieron a las calles de Harlem (NY) en peregrinación hacia el teatro Apollo, lugar donde yacía el féretro, y donde la gente pudo despedirse de él. No fue ninguna casualidad que se escogiera tal espacio para la despedida, ya que esas mismas paredes, 40 años atrás,  habían albergado uno de los mejores lives registrados de la Historia, y todo por obra y gracia de James Brown. Gracias al vinilo, CD’s, MP3 y remasterizaciones (pese a los que pudiera opinar Walter Benjamin)  todos los que no estuvimos en esa inolvidable velada podemos ser partícipes de ella con Live At the Apollo, para muchos el mejor álbum de un directo que pueda existir sobre la faz de la tierra.

Tras los primeros compases de “I’ll go crazy”, y especialmente con la entrada de Brown en escena, la euforia se desata entre el público presente la noche del 24 de octubre de 1962. Ya desde los primeros minutos El rey del Soul deja claro el porque de sus distintos apodos lanzando su potente chorro de voz  a través del teatro como un río torrencial por el que se transporta a los presentes, y al oyente con ellos, hacía un mar de emociones. Resulta hasta chocante percibir el poder de contagio del Sr. Dinamita. Todas sus interpretaciones, sus pasos sobre el escenario,  sus comentarios con la audiencia, son acogidos con fervor por los presentes, algo que ejemplifica, aunque sea en una pequeña porción, la magia de esa velada en el Apollo Theatre. El Padrino del Soul no sólo demuestra su poderío con la voz, sino también su habilidad como maestro de ceremonias poniéndose al público en el bolsillo con sus intervenciones y haciendo gala de su sex appeal salvaje con las mujeres.

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Max Richter – Vals con Bashir (B.S.O)

Sinfonías de placer anempático

Vals con Bashir BSO

Tanto la película Vals con Bashir como su banda sonora son dignas de un extenso análisis, pero un servidor centrará en el siguiente escrito en su banda sonora.

Vals con Bashir es un fabuloso filme de animación que dirigió en 2008 el israelí Ari Folman. La película cosechó un alud de críticas positivas, respaldadas además con el Globo de Oro al mejor filme de habla no inglesa y la nominación a los Oscar en la misma categoría.

Folman se preocupó en rodeare del mejor equipo posible, y tuvo claro desde el principio que la música debía de correr de la mano de Max Ricther. El inquieto y genial músico neoclásico da una lección de su arte en la composición del score de la película.

El álbum se divide en dos frentes expresivos. Por un lado esas composiciones breves de corte clásica que mediante el uso de sintetizadores se elevan a latitudes de intensidad atmosférica asfixiantes, con esa porción de belleza melódica que tan bien sabe inyectar el inglés en sus temas, y que tan tocado dejan al oyente. Todo los cortes que se sitúan en este primer grupo son pequeñas variaciones del tema central, que llega a su cenit expresivo y emocional en la escena más impactante del filme; aquella en que los soldados israelíes surcan las oscuras aguas del mar delante de un Beirut en llamas azotado por la guerra. Cine en mayúsculas, que de la fusión con la música de Ricther consigue algunos de los momentos más álgidos, conmovedores y enternecedores de los últimos años.

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Pink Floyd- Meddle

EMI (1971)

Meddle Pink Floyd

Cuando el que esto firma era un chaval, Meddle era el disco de terror de Pink Floyd, y a día de hoy me sigue erizando el vello. Sólo hace falta escucharlo de noche en algún prado solitario de alta montaña, cerca de una líneas eléctricas para entenderlo. Más fácil, escuchen “Echoes” (su último tema) a oscuras en sus casas, y déjense llevar al paisaje descrito anteriormente. Porque esa es, precisamente, una de las grandezas de la música de Pink Floyd, su capacidad evocativa para transportarnos a diferentes parajes o estados de ánimo, golpeándonos emocionalmente durante el trayecto.  Tras rescuchar recientemente Meddle, me di cuenta que su paleta musical es mucho más amplia de lo que en un principio recordaba; sus temas van desde un par de canciones pop  (que no desentonarían en un disco de los Beatles), hasta el rock progresivo de “Echoes” , y permitiéndose incluso por el camino un tema blues, “Seamus”

El álbum te aspira desde el primer segundo con “One of these days”, uno de esos cortes galopantes y cíclicos que van construyendo a su alrededor un espiral de sonido sobre una base compuesta por el riff de un bajo, la cual parece regirse por la misma cadencia que adopta el vinilo cuando pasa una y otra vez por la aguja del tocadiscos. Poco a poco la canción te sumerge en lo más profundo con una psicodélica a modo de hipnosis que tan bien queda remarcada por el sintetizador que manejaba el fallecido Richard Wright.  Finalmente te sacude hacía el exterior con su parte más instrumental.

A éste le sigue “A pillow of winds”, un bello tema potenciado por su efectiva melodía y por la voz apacible y susurrante de David Gilmour, hasta el punto de ajustarse en los postulados de la canción pop setentera.

“Fearless” es el tercer tema del LP, y se reconoce rápidamente por iniciarse de forma abrupta con un riff in crescendo mientras de fondo se oyen los cánticos de los red, en concreto, el mítico “You’ll never walk alone”. A esto le sigue una estrofa calmada envuelta de efectos y apoyada en el confort que ofrece la voz del cantante. La canción divide su estructura entre la estrofa con el riff potente, y la parte más melódica apoyada en la voz. Pasmoso resulta ver la facilidad con que se cruza una y otra parte, y la habilidad del grupo para resaltar los momentos de aparente tranquilidad, para luego resquebrajarlos en mil pedazos con ese riff que pasa como una ráfaga cortante.  

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Animal Collective – Merriweather Post Pavilion

Esta noche (a las 23.00 en el SonarClub) hay una de esas citas inaudibles para cualquier amante de la música y que atesore entre sus pertinencias una pulsera azul o la pertinente entrada del Sónar de noche. El grupo americano Animal Collective aterriza en Barcelona para presentar su aclamado último álbum: “Merriweather Post Pavilion”. El mismo que cuando saliera por allí a principios de enero fuera encumbrado por toda la crítica musical como el álbum del año. A pesar de lo temerario del asunto, y con un poco más de perspectiva (6 meses), un servidor también se une al grupo de los que consideran el último trabajo de los de Baltimore como uno de los mejores de lo que llevábamos de año.

Noah Lennox, Dave Portner y Brian Weitz han escogido la cita del Sónar, como la única parada española dentro de una reducida gira europea. Los norteamericanos van a desplegar un espectáculo capaz de derrumbar el escenario principal con un sonido asombroso, que asegura transportar a los asistentes a altitudes donde cueste respirar con tanta embriaguez de loops, torbellinos envolventes, texturas electrónicas, y toda clase de ruiditos y sutilezas que plasman su pop psicodélico.  Una gran noche para dejarse llevar por el torrencial creativo de una de las bandas del momento.

El que subscribe esto no pudo dejar pasar la oportunidad de escribir una crítica sobre el disco “Merriweather Post Pavilion”, más sabiendo que había aportado su granito de arena a su concepción después de una de las entrevistas más absurdas, caóticas y bizarras que debe haber sufrido nunca el colectivo animal. (Sic). 

La crítica que sigue a continuación fue publicada en la revista Fanzine Digital en el mes de marzo:

Buceo Subacuático

La primera sensación que a uno le invade tras la primera escucha de “Merriweather Post Pavilion” es que Animal Collective ha subrogado las guitarras a favor de la irrupción de loops, samples y sonidos electrónicos como punto de partida de los esquemas compositivos. Con su nueva propuesta parecen querer alejarse de aquellas etiquetas que clasificaban su sonido como acid folk o freak folk. Ahora Dave Portner y los suyos se alejan de los instrumentos convencionales de una banda de folk, para experimentar, mediante la electrónica, con infinidad de texturas, bajos, reverbs y, en definitiva, sonidos psicodélicos para atrapar al oyente. Su principal mérito es la capacidad de canalizar todo el envoltorio experimental hacía unos postulados musicales que se mueven en los esquemas de la canción pop. La voz de Portner, los coros y las palmadas son algunos de sus recursos más visibles.

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Premiata Forneria Marconi – Chocolate Kings (1976)

Ser o no ser… ciudadano del imperio

Es curioso como la nacionalidad de un grupo determina decisivamente su éxito, y lo que es aún más grave, la divulgación internacional de sus creaciones, o por el contrario, la condenación de las mismas a su difusión en círculos  restringidos bastante  especializados. Más aún en los años setenta, donde el triunfo mediático de una banda no anglosajona, era toda una rareza.

Sin embargo, el caso que nos ocupa, el de la banda italiana de rock progresivo Premiata Forneria Marconi (PFM) puede encuadrarse entre tales excepciones. De hecho,  durante unos años (entre 1972 y 1976) consiguieron romper el decisivo  condicionante de no ser de nacionalidad británica, ni estadounidense, y así divulgar su música ampliamente en tan codiciados y poderosos mercados, tanto a través de las sustanciosas ventas de sus álbumes, como de las largas giras que realizaron por tales países, especialmente, la sensacional y extensa gira  americana de 1973. El olvido llegó más tarde.

Sin duda, uno de los  factores determinantes para explicar el hecho de  tan excepcional éxito -y que marca la drástica diferencia con la historia de otros interesantes grupos continentales de rock progresivo del momento (los también  italianos Banco del Mutuo Soccorso, Goblin, o Area, los catalanes Iceberg, los cántabros Bloque, los alemanes Ammon Duul, o Can, los holandeses Focus)-  se encuentra en la singular visión musical de los miembros de PFM, y en su inteligente capacidad para asimilar la música de sus coetáneos británicos y yanquis, y reciclarla en algo propio,  una vez filtrada a través de su muy particular punto de vista musical.

Sus espléndidas composiciones  revelan de un modo  admirable,  el espectacular virtuosismo de todos y cada uno de sus instrumentistas, no sólo a nivel de mera ejecución, arreglos,  y  compenetración, sino que también ponen de relieve  su tremenda facilidad para crear canciones sublimes, muy personales, en las que -no obstante-  no resulta difícil encontrar influencias de los primeros Genesis, Yes,  o King Crimson, e  incluso de sus mentores: Emerson, Lake & Palmer. (Cuando Greg Lake escuchó por primera vez un disco del grupo,  se marchó a Roma para escucharlos en vivo, y de seguido, se lanzó de cabeza a apoyar la carrera de esta fantástica banda italiana, apuntalando su gira americana).

Es fácil de comprender el entusiasmo de Greg Lake, cuando uno se pone a la escucha de  alguno de los álbumes de PFM. Aunque todos ellos brillan a gran altura, mi preferido es “Chocolate Kings” (1976), obra, si se quiere, un tanto tardía (el punk ya estaba despuntado)  pero de construcción tan perfecta, inspirada, inteligente y completa como la de cualquiera de los considerados grandes álbumes del rock progresivo de los años setenta.

Con la  perspectiva que nos proporciona el tiempo transcurrido desde su aparición, encuentro que si éste disco no está hoy situado en la lista “oficial” de obras maestras del rock de esa época (como  ocurre por ejemplo, con el “Foxtrot” de Genesis, o el “Close to the Edge” de Yes, o el “In the Court of the Crimson King” de King Crimson, etc…) es exclusivamente por el motivo ya apuntado de la  nacionalidad no británica, ni estadounidense de la banda, con el consiguiente desconocimiento por parte del gran público, que dicha premisa lleva aparejada.  Desde luego, que los méritos del disco no son para menos.

“From Under” es un excelente tema de apertura, en el que, a lo largo de sus casi 8 minutos, se  van dando cita una gran riqueza de ideas y una abrumadora variedad de arreglos. La gloriosa parte final, es como una locomotora desbocada, que tuviera voluntad propia,  y  que hubiera alcanzado la determinación de no detenerse ya en  las estaciones.

“Harlequin”  es otro de los puntos fuertes del disco: un tema que comienza con una introducción con base de teclados y voz,  y  que poco a poco, va desgranando sus múltiples elementos con mucho colorido. Una de ellas, posee  un riff y un ritmo que puede traer a la memoria fugazmente algunas secciones del tema de Yes: “Siberian Kathru”. La parte central deslumbra por el poderío de su sección rítmica, así como por los deslumbrantes solos de sintetizador.

Por su parte, la canción que da título al LP, “Chocolate Kings”,  es la más inmediata de todas. Se trata de un tema con una cierta vocación de single, (de single de un grupo de rock progresivo, aclaro) aunque también contiene varias partes y cortes sorprendentes. Una joyita de 5 minutos.

A pesar de la dificultad que entraña destacar una canción entre composiciones tan brillantes como las que contiene este fabuloso disco, si tuviera que elegir una, sería “Out of the Roundabout”. Una singular pieza de orfebrería que se abre con una hermosa introducción, que otorga protagonismo a unos sublimes arpegios de guitarra,  para pasar poco a poco, a una potente estrofa de ritmos alambicados, que conducen a un estribillo de  melodía cautivadora, y un tanto petergabrielina.

El disco se cierra con “Paper Charms” el tema más largo del disco, que contiene una larga introducción, en la que se desgrana una  melodía pausada sobre un colchón de teclados, y que pasa a desarrollar una larga parte instrumental con un aire de Jazz Rock, no exento de cierta inspiración de corte Folk, para terminar en el final apoteósico que este gran disco merecía.

“Chocolate Kings” es el único disco de PFM en el que todos los temas están cantados en inglés, pero sin embargo fue uno de sus discos de menor repercusión comercial, y en cierto modo, un fracaso de ventas.  En buena parte,  ello es debido a que en los textos de  este disco, el grupo toma una posición claramente pro-palestina en el conflicto árabe-israelí, que aún hoy en día seguimos padeciendo. Esa posición política les granjeó la enemistad de buena parte del público americano, que les dio la espalda, y más tarde, terminó injustamente por olvidarles.

El tiempo pone las cosas en su sitio, y las grandes obras perduran para siempre. Hoy  en día no tengo dudas en afirmar  que -en 1976-  a lo que realmente dio la espalda el público americano, fue a uno de los más grandes discos de rock progresivo que se grabaron en este planeta en los años 70′.

Valoración: 10

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Black Lips: 200 Million Thousand

200 million thousand

Black Lips es un grupo garage punk de Atlanta, Georgia formado en el año 2000 por un grupo de amigos en la adolescencia. Pronto adquirieron cierta fama en la escena undergorund norteamericana, en especial, por sus salvajes directos que los llevaron a  ser vetados en varias salas de conciertos. Ahora, en pleno 2009, han editado su quinto álbum de estudio: 200 Million Thousand. El cúal presentarán esta misma noche en el escenario Ray-Ban Vice del Primavera Sound. Sin duda, una buena oportunidad para dejarse sacudir por el sonido de estos chicos.

En los primeros compases de su último trabajo uno ya percibe cuáles son los elementos que configuran el sonido de los norteamericanos, así como las lejanas influencias de las que parten y que van desplegando a lo largo de todo el álbum. Por mucho que ellos mismos se apresuren a definir su estilo como flower punk, es indudable que lo que practican este cuarteto de Atlanta es un garage punk nutrido por el sonido añejo de las bandas garage de los sesenta.

200 Million Thousand se destapa ya en sus primeros instantes, como un viaje sucio, polvoriento a la América de carretera, la que se dibuja a ambos lados de la ruta 66. Los norteamericanos logran transmitir con este disco un sonido desgarrado, sucio, polvoriento, que huele a sudor, cerveza, y al calor asfixiante del desierto. En definitiva un rock con guitarras afiladas, sonidos distorsionados y actitudes desafiantes.

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