Cuando un servidor a los 15 años vio por primera vez en el cine Salvar al Soldado Ryan, supo de primera mano a qué reaccionan las glándulas suprarrenales. La exacta recreación que Steven Spielberg despliega a lo largo de unos extensos cuarenta minutos iniciales de su película pasaron al instante a formar partes de los anales de la historia del cine. El director de La lista de Schindler consiguió que el espectador se sumergiera en el tremendo horror que se fraguó en las playas de Normandía del 43. Uno era partícipe de un espectáculo mayúsculo, pero a la vez, consciente de la cruenta batalla que se libró en ese escenario de la contienda mundial.
Cuando uno ya creía que ya no podría acercarse más a esa dantesca experiencia, surgió Electronic Arts con un FPS titulado Medal of Honor, que mira tú por donde (Spielberg puso su granito de arena y produjó el título) en su segunda pantalla el jugador se dirigía con esas lanchas remolcadoras hacía la más espartana de las batallas de la II GM.










