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2017: un año de cine

posted by Marc Muñoz 6 diciembre, 2017 0 comments

Harvey Weinstein

La mancha agorera y aciaga estampada a lo ancho y largo del 2016 lejos de disiparse parece haberse perpetrado en la actualidad política y social de este 2017 que empezamos a despedir con una serie de posts.

Seguimos enquistados en un clima de tensión creciente,  en un cortocircuito emocional ante un mundo en descomposición ética, indiferentes ante las grietas sociales, democráticas y ecológicas cada vez más abiertas en nuestras narcies.

Especialmente dañino ha sido este 2017 para los que hemos vivido el terremoto secesionista catalán en primera persona. La vorágine de noticias alarmantes que saltaban desde la Generalitat y la Moncloa, unido a rumores, bulos, esa posverdad en su apogeo que ha entrado directamente en nuestro terreno de juego, han contribuido a esa atmósfera de tensión para única suerte de los loquero. El avispero de emociones enfrentadas y polarizadas, y a su vez, politizadas para el uso de ambos bandos, ha dejado un clima irrespirable, aún presente en este período de falsa calma. Noches de insomnio, peleas familiares, rifirrafes verbales ( incluso alguno de físico), y en definitiva la “rauxa” desplazando a la razón del marco diario. Un escenario de fractura que ha dejado en evidencia la poca distancia que puede separar la civilización de una situación de conflicto donde lo que prevalezca por encima de todo sea la verdad incuestionable de mi bando, o la asunción de esta, disfrazando las zonas críticas o equidistantes (una de las palabras más usadas del curso) de traición. Atolladero sin resolución que, además de daños colaterales económicos y sociales, ha destapado la debilidad democrática de un estado español inmovilista incapaz de maniobrar hacia puntos de encuentro, sino al contrario, torciendo hacia postulados más reaccionarios y punitivos, abriendo la veda a la adormilada extrema derecha. El conflicto catalán-español no se ha resuelto con ningún resquicio para el optimismo en ninguna de las dos partes. El bando catalán atrapado en una farsa, en un relato épico pero inviable de llevar a cabo en el marco actual sin poner en juego vidas humanas – ante su demostrada y repetida incapacidad por aglutinar voces internacionales  de peso-, y con además parte de sus líderes viviendo una situación inadmisible. Y el lado contrario superados por una problemática y proclama democrática que tiene visos de eternizarse y volver a explotarle en cualquier momento. Escenario triste y preocupante para los que nos hemos visto atrapados en ese fuego cruzado inteligentemente utilizado por unos, y torpemente respondido por otros.

La situación internacional no ha sido más halagadora. Con la Gran Bretaña atrapada en las negociaciones de salida de la Unión Europea, esta se ha blindado a cualquier otro sosmo político, como ha demostrado con los constantes apoyos al marco constitucional español alrededor del polvorín catalán, mientras siguen avanzando las posturas anti europeístas, y a su lado, la extrema derecha (Polonia es el caso más preocupante). La única noticia que permitió un leve respiro fue el ahuyento de la sombra del populismo de extrema derecha en Francia bajo el angustioso recuerdo del tremendo golpe atestado por Trump en los Estados Unidos.  Emmanuel Macron, en un tiempo récord, fue capaz de retener el ascenso de Marie Le Pen hacia el Elíseo.

Aunque el goteo de noticias catastróficas desde el otro lado del Atlántico ha sido incesante. Al contrario de los que pensaban que el bufón de la Casa Blanca gobernaría tres telediarios, Trump sigue en su puesto – aunque cada vez más cercado por el #Russiangate-, y no solo desmantelando toda la herencia de Obama, sino arengando al alt-right y al Ku Kux Klan, pasándose por el aro el Pacto del cambio climático de París, y poco a poco, pese a esa separación de poderes que se preveía como una defensa estable para las políticas de Trump, propagando sus ideas retrógradas y racistas en materia de inmigración (el veto migratorio a seis países musulmanes), reduciendo impuestos a las fortunas  (agravando así las distancias sociales), incapaz de dar respuesta a la epidemia de los opiáceos que asola parte importante de su electorado, y en definitiva, marcando una agenda política  desastrosa cuyos efectos no han tardado en manifestarse. El único campo de minas que le queda por pisar es el de una guerra que desde Corea del Norte se lleva tiempo provocando para que se materialice, aunque incluso Trump es consciente de la gravedad que supondría un conflicto mundial con arsenal nuclear.

En otro foco siempre caliente, Oriente Medio, las coaliciones que luchan en Siria han arrinconado y desbaratado el Estado Islámico en sus zonas de control, aunque las voces expertas no dudan en señalar que esto no es ningún paso firme para su desaparición, sino que es probable que los ataques del ISIS en suelo europeo se vean incrementados con la vuelta de algunos combatientes.

Es tal la persistencia de la lacra del terrorismo islámico que, por primera vez, la ciudad de Barcelona fue golpeada por esta con el terrible atropello masivo en su corazón, unas Ramblas que lloraron con las dantescas imágenes cometidas por un jóven (y otro puñado intentando repetir el horror en Cambrils) adoctrinados por un imán con conexiones oscuras que necesitan ser analizadas y reveladas en  detalle para esclarecer las sombras detrás de una matanza que no por anticipada fue muy dolorosa por mucho que tuviera, lamentablemente, un luto breve, auspiciado por una familiaridad preocupante con este tipo de ataques y  la llegada del 1-O y el conflicto político desencadenado a las pocas semanas del ataque.

Centrándonos en los términos que aquí dispensamos, al menos este año no se ha tenido que lamentar cuantiosas pérdidas de iconos de la cultura popular como en el 2016. Sí, que las ha habido, y da para una trilogía de Rafael Chirbes, el gran número de figuras implicadas en el caso Gürtel que han muerto. Una retahíla de empresarios, jueces y políticos asociadas a esa lacra que sigue siendo un mal insignificativo, casi como inherente al ADN político español, en la percepción de millones de españoles, que, como mínimo, huele a chamusquina. 

Entrando en la propia materia cinematográfica, 2017 ha agravado la crisis de identidad de un Hollywood alérgico al riesgo (aunque este sea mínimo) e incluso dispuesto a extirpar los últimos reductos de clasicismo en aras de una taquilla plegada al público acné. Además en las últimas semanas la crisis se ha desenvuelto también en crisis de valores con el estallido del #Metoo, un incendio que aún tiene visos de cobrarse más víctimas. Las acusaciones de acoso y abuso sexual contra Harvey Weinstein abrieron la compuerta a un alud de denuncias que ya se ha llevado por delante, al menos temporalmente, las carreras de Kevin Spacey, Louis C. K., Brett Renner, Jeffrey Tambor, Dustin Hoffman… una lista que aumentará en los próximos días.

De nuevo la periferia hollywoodiense ha reportado las alegrías más satisfactorias para el cinéfilo. Aunque este año ha decepcionado la mina de cine de calidad que suele ser Cannes, con una remesa de cine caduco e inflado, al menos, en lo representativo a su palmarés. Aunque visto lo que los últimos grandes autores norteamericanos han hecho en el medio televisivo, quizá no corresponda preocuparse en exceso sobre la salud del séptimo arte, ¿o sí?

 

El trailer más memorable: Un lugar tranquilo

La ausencia de diálogos en una película en pleno siglo XXI no nos debería asombrar pero si esto obedece al mecanismo intrínseco principal con el que un film de terror dispone su discurso narrativo, entonces se llegará al acuerdo que esa película intenta insuflar aire fresco al género. Así lo atestigua el silencioso pero tenso trailer de Un lugar tranquilo, un filme para apuntar en rojo en la agenda.

La película más controvertida y demencial: Madre!

Mother

Del horror psicológico polanskiano al relato bíblico desatado hay una distancia muy corta como demostró Darren Aronofsky en su incomprendida Madre!. Además de proporcionar la segunda mitad más demencial del curso cinematográfico, también se lleva el premio a la película con más odios y adhesiones por igual.

La película más decepcionante: ¿El muñeco de nieve?

The Snowman

Algo tiene que ocurrir cuando uno de tus directores de cabecera actuales engendra una de las películas más vilipendiadas de la temporada. The Swowman prometía un thriller criminal de altos vuelos, pero al parecer numerosos problemas en el rodaje y la producción han supuesto el primer descalabro firmado por Thomas Alfredson. Este servidor ni se atrevió a verla.

La secuencia más memorable: la performance simiesca en The Square

The Square

The Square, del siempre interesante Ruben Östlund, y Palma de Oro en el último Cannes, se podría encuadrar sin esfuerzo en la remesa de filmes que nos han decepcionado. Sin embargo, en su afilada mirada al mundo del arte y a la deshumanización de las sociedades occidentales, resaltaba con luz propia una larga y tensa secuencia donde se ponía a prueba los límites del espectador (tanto el situado en el campo diegético como el del otro lado de la pantalla) a través de una hilarante y molesta secuencia de una performance en un marco de buenos modales y máscaras arrebatadas de cuajo por esta amenazante presencia desafiando convenciones sociales y estupidez. Una secuencia brillante que en su larga representación llevaba al espectador a un vaivén de emociones, de lo risible a lo incómodo,  llegando incluso hasta lo doliente al toparse con un irónico espejo sobre nuestra condición.

El momento más bochornoso y/o surrealista: El clímax final en los Oscar

Oscargate 2017

Ni el directivo más ridículo de Hollywood hubiera dado luz verde a un giro tan insospechado y alucinado como el que  deparó la última gala de los Oscars. Vale que Warren Beatty y Faye Dunaway parecían algo dementes, pero la culpa principal de ese esperpéntico error histórico fue de los dos auditores de PricewaterhouseCoopers. Para mayor sorpresa, fue la menos favorita, Moonlight, quien se llevó el gato al agua en ese giro dramático impensable.  

El director más prolífico: Álex de la Iglesia

Álex de la Iglesia

El bilbaíno empezó el curso presentando una comedia negra con varios personajes atrapados en un bar y lo ha terminando enfrentando a varias parejas en el transcurso de una cena a un inoportuno, pero dramáticamente jugoso, juego con móviles de por medio. A ambos filmes, Perfectos desconocidos y El bar, les separan pocos meses, y ambos adquirieron una buena respuesta crítica.

La película de la que nadie habla y está a disposición de (casi) todos en Netflix: The Meyerowitz Stories

The Meyerowitz Stories

Es como mínimo preocupante que lo nuevo de un director tan solvente y asentado como Noah Baumbach, con un reparto compuesto por Dustin Hoffman, Ben Stiller y Adam Sandler, pase completamente inadvertido. Y más si tenemos en cuenta que este melodrama familiar está rellenado de lucidez y cierta ternura, y que regala un extraña secuencia, casi de justicia poética, del personaje de Hoffman en estado comatoso, en la cama de un hospital, visitado por un amigo que tuvo una conducta sexual inapropiada años atrás con la hija del personaje de Hoffman. 

Las películas de autor que nos hubiera gustado ver y que por el momento se nos han escapado: Zama y A fabrica de nada

Zama

La película de Lucrecia Martel nos consta que tiene distribuidora, con lo que habrá oportunidad de verla en cines más adelante. Más difícil se presenta la tarea de ver una de las obras más celebradas en los corrillos de la crítica especializada, la A fabrica de nada de Pedro Pinho, ganadora del Giraldillo de Oro en el Festival de Sevilla.

El mejor festival: San Sebastián y Tribeca

Baumbach Hoffman Tribeca

Este año hemos cubierto San Sebastián, Sitges, el MUCES, In-edit, Americana, el DocsBarcelona, el d’A, el Tribeca Film Festival, el New Directors, New Films, el BAM Festival de Brooklyn…Y por programación San Sebastián se ha llevado la “Palma” este año, pero un festival debería ser algo más que ver películas, y así lo entienden los organizadores del Festival de Tribeca programando una serie de encuentros y actividades paralelas de relumbrón y lujo que apelan a experiencias de calado. También desde el festival neoyorquino pueden dar clases de cómo tratar a un periodista acreditado por mucho que uno sea un mindundi.

El encuentro cinematográfico más imborrable: la reunión del equipo de Reservoir Dogs con motivo del 25º aniversario

Reservoir Dogs Tribeca

Y precisamente, ligado al punto comentado más arriba, el festival de Tribeca reunió en una velada histórica el dream team que posibilitó una de las películas claves del cine moderno. Quentin Tarantino, Harvey Keitel, Steve Buscemi, Michael Madsen y Tim Roth reunidos en el Beacon Theater de Nueva York para discurrir sobre el proceso de creación y las múltiples anécdotas detrás de un clásico del cine estadounidense que cumplía el cuarto de siglo.  

Las películas que nos gustaría ver en una sala de cine pero que ninguna distribuidora española está por la labor: las de Terrence Malick

Song to song

Sigue el desprecio de la distribución española a uno de los cineastas más sugerentes en vida. Ni su Song to Song ni la anterior Knight of Cups, ni su documental Voyage of Time han llegado a la cartelera española. Por suerte, los que viven en Barcelona, tuvieron la oportunidad de acercarse a sus títulos en la retrospectiva que le dedicó la Filmoteca de Catalunya.

La productora más en forma: A24

A24

Con Hollywood enfrascado en sus superproducciones sacadas de viñetas y en remakes aguados, la productora de Nueva York A24 se ha encargado de suministrar cine con pedigrí a la cartelera norteamericana, incluso a las últimas galas de los Oscars. Si con Moonlight consiguió lo impensable, este año quizá se acerquen a la gesta con Lady Bird. Por el momento, su marca y visión ha ofrecido filmes tan estimulantes como A Ghost Story, Llega de noche, y a la espera de poder ver The Florida Project, A good time, The Disaster Artist o la citada ópera prima de Greta Gerwig.

El mejor cine: Film Society Lincoln Center

Lincoln Center

En el tiempo que este servidor ha vivido en Nueva York, el Lincoln Center ha estado siempre en las prioridades donde disfrutar de un menú cinematográfico de películas aún no estrenadas, festivales o reposiciones de películas de culto que uno ha buscado durante media vida (More de Barbet Schroeder). Uno de esos cines donde se guardan las formas, se respeta el silencio, y además obsequia a sus visitantes con constantes visitas de cineastas y actores para debatir sus propuestas.

Los que nos han dejado

Harry Dean Stanton

Como apuntábamos en la larga introducción este año no ha habido que lamentar  muertes tan devastadoras como las del pasado año, aunque echando la vista atrás la lista no es corta, aún menos si ampliamos la acotación a los verdugos del #Metoo. Por el momento, nos centramos en los que han dejado esta vida: Harry Dean Stanton, Jerry Lewis, Tobe Hooper, Martin Landau, George Romero, Sam Shepard, Jeanne Moreau, Roger Moore, Jonathan Demme, Bill Paxton, William Peter Blatty, Emmanuelle Riva, Miguel Ferrer, John Hurt.

La mejor película: ¿?
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