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Animal Kingdom – David Michôd

posted by Jose Luis Muñoz 1 febrero, 2011 2 Comments

De Australia, país no muy conocido cinematográficamente hablando (Peter Weir, Roger Donaldson, George Miller, Alex proyas) nos llega esta ópera prima de David Michôd, un filme negro sumamente elaborado en el que el realizador invirtió nueve años de su vida, una película sin concesiones al gran público, seca y directa, cine de personajes con acertados trazos psicológicos.

Joshua Cody (James Frecheville), al que todos conocen como J, un adolescente introvertido y de pocas palabras, pierde a su madre a causa de una sobredosis. Solo en el mundo y sin saber qué hacer, pide ayuda a su abuela, la aparentemente encantadora Smurf (Jacki Weaver) que lo acoge en su casa. Con ella viven sus tres tíos con los que apenas ha tratado en su vida. Pronto se dará cuenta de las peligrosas actividades de sus simpáticos parientes: uno, Pope (Ben Meldensohn), aparentemente afable pero sumamente violento en el fondo, ejerce de jefe del clan familiar y es un asaltador de bancos frustrado porque su oficio está en desuso y hay otras formas de enriquecimiento rápido al margen de la ley; Craig (Sullivan Stapleton) es un desequilibrado que trafica con drogas y las consume; Darren (Luke Ford), al que le molesta que le llame tío porque sólo se llevan un par de años, está aprendiendo a delinquir. Y todos actúan bajo el manto protector de su abuela. Incrustado en ese ambiente delictivo y familiar, el joven J. mirará hacia otro lado, simulará no saber lo que pasa en su nuevo hogar hasta que Leckie (Guy Pearce), un policía que se la tiene jugada a Pope, le advierte de los peligros que corre entre los suyos.

Aunque el argumento de Animal Kingdom se parezca bastante al de Mamá sangrienta, película de la factoría Roger Corman, cuya banda familiar capitaneaba Shelley Winters, la australiana es un film original, con formato de cine independiente que huye de los tópicos del género y retrata con acierto esa familia desquiciada a la que el huérfano J. se ve abocado y en la que intentará sobrevivir sin tomar partido hasta que un hecho trágico le obligue a hacerlo.

La principal baza de este trhiller es la disección de sus delincuentes protagonistas, tipos aparentemente simpáticos y agradables, que comen en familia, bromean entre ellos, se emborrachan discretamente pero son capaces, cuando las circunstancias lo demandan, de mostrar su cara menos amable.

De entre la fauna que compone ese clan familiar destaca, por méritos propios, el personaje de Pope, el tranquilo tío que siempre viste informales camisas floreadas, y Smurf, la siniestra abuela, capaz de cualquier cosa por proteger a su camada; las sonrisas, la voz aflautada y los continuos besuqueos a sus hijos y a su nieto no hacen otra cosa que acentuar el carácter siniestro de esta mujer que produce escalofríos y la actriz Jacki Weaver borda. Ese amor de madre puede llegar a ser letal.

No le hace falta a David Michôd un alarde de violencia ni siquiera acción – la emboscada/venganza contra la patrulla policial – para construir un film terrible sobre la cotidianidad de la delincuencia cuando ésta se acepta como una forma de vida más.

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2 Comments

Marc Muñoz 11 marzo, 2011 at 00:51

Estupenda cinta de cine negro directa y cruda. Escalofríos ver a Jacki Weaver en un papel de madre siniestra que traspasa las pantallas. Todos los actores están fabulosos, pero también destacaría especialmente a un Guy Pearce al que el cine parece darle la espalda, en su mejor papel desde LA Confidential. Como bien apuntas, creo que la clave sobre la que gira el filme es cómo la delincuencia y la brutalidad se pueden instalar con pasmosa normalidad en el comedor de un hogar

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José Luis Muñoz 11 marzo, 2011 at 02:16

Realmente esta película es una sorpresa y es una pena que pase un poco desapercibida. Jacki Weaver, en su papel de abuela, es lo más escalofriante que he visto últimamente en el cine. Me alegra que coincidas conmigo.

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