Crítica

’71 – Yann Demange

posted by Jose Luis Muñoz 7 febrero, 2015 0 comments

71 Yann Demange

Un barrio de ladrillo rojo con callejones estrechos y una población humillada y violentada entre sus casas puede convertirse en una jungla hostil. De eso va el film de Yann Demange que, en algún momento, nos puede recordar el Black Hawk derribado de Ridley Scott: las dos películas transcurren en territorios hostiles, Somalia y el Ulster, en los que intrusos abandonados a su azar tienen que pelear por conservar su vida en una geografía urbana completamente desconocida.

Un paracaidista británico con escasa experiencia, Gary Hook (Jack O’Connell, el héroe de Invencible de Angelina Jolie) es abandonado por los suyos inadvertidamente en un barrio católico de Belfast cuando su pelotón al mando del teniente Armitage (Sam Reid) protege a una patrulla policial que está haciendo un registro en las casas de unos sospechosos de pertenecer al IRA. Durante toda una larga noche ese soldado perdido en una ciudad que no conoce intentará sobrevivir a cualquier precio y comprobará en propia carne que no siempre los que se dicen enemigos querrán matarle ni los que se dicen amigos salvarle.

La filmografía sobre el conflicto del Ulster que durante tantos años enfrentó a católicos y protestantes en la colonia británica es extensa y, por lo general, ha dado una serie de films notables que van desde El delator de John Ford, Larga es la noche de Carol Reed o Luces de rebeldía de Michael Anderson, a, más recientemente, El largo viernes santo de John McKenzie, Requiem por los que van a morir de Mike Hodges, El viento que agita la cebada y Agenda oculta, de Ken Loach, The boxer y En el nombre del padre de Jim Sheridan, En el nombre del hijo de Terry George, El General de John Boorman, las películas del irlandés Neil Jordan en las que el conflicto aparece como algo secundario al servicio de un melodrama sentimental en Juego de lágrimas o la recreación de la fase previa al mismo en el biopic Michael Collins, el espléndido Domingo sangriento de Paul Greengrass o el film de Steve McQueen Hunger protagonizado por Michael Fassbender sobre la lucha a muerte entre Bobby Sand y Margaret Tatcher que acabó con la vida del terrorista encarcelado. Si muchas de las películas sobre el conflicto irlandés tenían un cariz muy político—las de Jim Sheridan y Ken Loach, por ejemplo, se posicionaban claramente por una de las dos partes y denunciaban los abusos de la otra—, la del debutante Yann Demange, muy próxima al género negro pese al trasfondo bélico en el que se sitúa, Ulster 1971, uno de los años más sangrientos de ese conflicto enquistado felizmente terminado,  pasa de puntillas por las raíces políticas del enfrentamiento secular (la mirada extraviada del soldado Gary Hook nada decidido a emplear la fuerza contra los manifestantes).

El británico Yann Demange (París, 1977) se aleja de la épica del combate, pese a que el film se inicia con una pelea de boxeo— y eso quizá sea una de las principales virtudes de este thriller oscuro en el que los dos bandos, IRA y unionistas, tienen infiltrados y traidores en sus filas, y la labor del ejército no puede calificarse de gloriosa—para centrarse en un personaje acorralado y fundamentalmente asustado, el soldado Gary Hook—del que poco sabemos más allá de que tiene un hijo internado en un centro de menores del que no puede ocuparse—que huye por las callejas de ese barrio desconocido, una laberíntica kasbah del norte en la que una calle puede ser católica y la siguiente protestante. Más allá del envoltorio de thriller y de cinema negro que tiene el film, al británico nacido en Francia le interesa lo humano—el médico católico, exmilitar, que ayuda al soldado fugitivo poniéndose en riesgo y le lanza una arenga, mientras le cose las heridas, sobre la insoportable levedad del militar en la milicia—y esquiva fáciles maniqueísmos muy dados en este tipo de películas—el joven terrorista del IRA, un personaje secundario que resulta crucial, que se resiste a apretar el gatillo en su bautismo de fuego; el propio Gary Hook horrorizado consigo mismo cuando tiene que apuñalar a un pistolero del IRA que va a cazarle: es decir, ni uno es un buen terrorista ni el otro un buen soldado—lo que da una dimensión muy humana a este drama sobre la sinrazón de la violencia de la que son víctimas directas los que están llevados a ejercerla con o sin uniforme.

Quizá se resienta 71 de una cierta pérdida del punto de vista en alguno de sus tramos. Cuando todo el foco parece puesto en la cacería humana nocturna que sufre el militar protagonista, Yann Demange desvía la atención hacia las cloacas del estado—los despiadados miembros de los servicios de inteligencia militar que se ponen a la cabeza de la operación de rescate al mando de C.O. (un tenebroso Sam Hazeldine) que hace valer su veteranía y dureza ante la bisoñez del teniente Armitage, aquejado de buenismo—y hacia unos terroristas divididos e infiltrados por traidores y colaboracionistas, que merecerían más atención que esos breves apuntes.

Hay buenas escenas rodadas con pericia—el tenso enfrentamiento entre civiles y militares narrado desde los dos puntos de vista; la cámara que se vuelve subjetiva tras la explosión de una bomba en un pub y sigue en silencio la carrera errática del protagonista que ha quedado sordo por el estampido—y otras bastantes decepcionantes—la balacera final, por ejemplo, torpe y sin tensión—, aunque por lo general la película esté bien filmada, tenga un aire documentalista, muy en la línea del Paul Greengrass de Domingo sangriento, y mantenga el ritmo en todo su metraje ayudada por la banda sonora de David Holmes, electrizante, y una excelente fotografía que remite a infiernos dantescos, pero Yann Demange no consigue emocionar en este su debut cinematográfico, tras años de experiencia realizando cortometrajes y series para televisión, y ello quizá haya que achacarlo a un reparto de actores que no consiguen comunicar, porque son excesivamente fríos y porque de los personajes que interpretan apenas sabemos nada.

A fin de cuentas el protagonista es tan espectador como nosotros de un conflicto que le sobrepasa por estar inmerso en él.

6

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