Crítica

Alien: Covenant – Ridley Scott

posted by Alberto Varet Pascual 10 Mayo, 2017 0 comments
El oscuro camino hacia la post-humanidad

Alien covenant poster

El prólogo de Alien: Covenant, de ritmo lento y pretensiones filosóficas, puede hacer pensar lo peor, pero recomendamos que nadie se desanime. Porque, al final, todo encaja a la maravilla en la que es, al menos para este crítico, la mejor película de Ridley Scott desde Blade Runner.

Situada justo después de Prometheus, el guión de John Logan y Dante Harper se las apaña muy bien para crear una nueva trama fascinante (tanto en sus aportes personales como en su interacción con los viejos referentes y la temática de la obra precedente) que nada le debe a nadie: sus motivaciones son genuinas y a ellas se entrega relegando las conexiones pasadas a un elegante segundo plano.

El director de Los duelistas se mueve de este modo del exceso de Prometheus a la concreción de forma tan inesperada como feliz: ya no hay necesidad de ajustar cuentas con el ayer, por lo que el film puede centrarse únicamente en generar una vida nueva. Alien: Covenant se desprende así de todo gesto referencial gratuito para avanzar con paso firme y sin reiteraciones por su tenebrosa y compleja vía. Su acción, ejecutada con maestría, está libre de grasa. Su trama aleja con convicción los fantasmas del déjà vu gracias a unos sugerentes giros argumentales perfectamente justificados. Sus ambiciones filosóficas son auténticas.

Normal, entonces, que la cinta deje varias escenas para la historia: el diálogo entre un cíborg y un alien, el nacimiento del bebé alien reconociendo a papá, el uso de Wagner sobre un embrión extraterrestre, la transformación de Michael Fassbender hacia el final de la película en un recital interpretativo alucinante… Precisamente es el trabajo del actor alemán-irlandés lo más notable de la realización, pues su personaje acabará por convertirse en la herramienta usada para matar al padre de la función (el alien) y renovar el espíritu de la saga en los tiempos tan sombríos para el hombre en los que vivimos.

Alien: Covenant llega de esta manera allá donde Prometheus sólo pudo alzar la voz: aquí las imágenes poderosas están a la par de las lúcidas ideas; la acción es parte de la trama, no un peaje que pagar, y ha sido rodada con pulso y ligereza, sin aspavientos ni gratuidad; las lecturas fascinantes diseñan un discurso audiovisual de importante calado humanista y están diseminadas en el metraje con inteligencia gracias a un director en control total del tempo cinematográfico de su obra; la creciente relevancia del personaje de Fassbender sobre la de alien revela un gran conocimiento de causa acerca del estado de la franquicia y una enorme valentía a la hora de actualizarla; y el uso de la luz tenebrosa nada tiene que ver con el martilleo de grises del Hollywood post-El caballero oscuro, sino que está en consonancia con la temática pesimista.

Reconozcamos entonces que Ridley Scott ha sabido leer perfectamente el camino que debía transitar su proyecto desde el principio: había que matar al padre para devolver la vida a la criatura en otro cuerpo. Su gesto le ha otorgado imágenes portentosas a lo enunciado en Prometheus y ha trasladado el material original a un nuevo y fascinante espacio: la post-humanidad. Todo ello sin traicionar las claves del universo original ni el espíritu del género. Un film mayor e inteligente capaz de reformular el mito primigenio según se cuestiona el futuro oscuro que le espera a un hombre ya en transformación en otro ser más perfecto, menos humano.

8,5

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