Crítica

De Nicolas a Sarkozy – Xavier Durringer

posted by Jose Luis Muñoz 17 mayo, 2012 0 comments

De Nicolas a Sarkozy

Oportunista acercamiento, en clave de humor, a Nicolás Sarkozy, después de su defenestración del Palacio de Eliseo al que accedió con ganas de perpetuarse. Película que llega con retraso y se cierra, en el plano, final, con ese Sarko triunfante que asciende los peldaños del poder sin saber aún que su mandato llegaría pronto a su fin.

El Sarkozy que retrata Xavier Durringer es el que hemos visto a lo largo de todos estos años en los medios de comunicación que ha copado: hiperactivo, maquiavélico, ambicioso y vacuo. Porque si algo queda claro, y eso antes de ver la película, es que ese mal aprendiz de Napoleón, al que Javier Marías, con mucho acierto, tildó de copia mala de Louis de Funes, es un arribista nato que carece de la más mínima ideología que no sea el poder por el poder, del que va ser aupado si un milagro no lo remedia.

El film repasa la carrera de un hombre acomplejado por su estatura física (debería estar acomplejado por la moral) al que Jacques Chirac (que ha manifestado públicamente que votará por Hollande) y Dominique de Villepin detestan por igual y llaman enano, y que consiguió, tras su paso desastroso y populista por el ministerio del Interior (su mano dura causó el incendio de los banlieue franceses) erigirse como candidato de su UMP y vencer en las elecciones presidenciales ante Segolene Royale. Y el film incide, con muy malas artes, en la separación e infidelidad de su esposa Cecile (el parecido de Florence Pernel con la original es asombroso) que le hizo el desaire, insoportable para el estadista, de abandonarlo precisamente cuando se convirtió en el hombre más poderoso de Francia, humillación que se curó casándose con Carla Bruni.

Si las intenciones del film son aviesas (no creo que Sarko lo haya visto), su tono de astracanada, remachada por una banda sonora repetitiva y circense (el político francés es un payaso que actúa en un circo, viene a decir esa música felliniana), merma considerablemente sus posibilidades críticas. Bien elegidos, por su parecido físico, los actores que interpretan a Jacques Chirac (Bernard Le Coq), famoso por su lenguaje soez; Rachida Dati (Saïda Jawart), que luego fue su efímera ministra de Justicia, y Dominique de Villepin (Samuel Labarthe), el aristocrático apuesto y su enemigo más mortal con quien come con frecuencia, pero no tanto, salvo en su gestualidad, Denys Podalydès, que intenta meterse en la piel de Sarkozy sin excesivo éxito. El problema de esta esquemática sitcom, o programa de humor tipo guiñol  televisivo, más cercano al W de Oliver Stone que a La Dama de Hierro reciente, es que el original supera con creces a la copia, que ése es mucho más divertido, histriónico, cínico, vacío y ridículo que el actor de la Comédie Française encargado de imitarle que no está a su altura ni como cómico.

Un telefilme sin demasiada gracia este De Nicolás a Sarkozy, previsible, esquemático, de humor de trazo muy grueso, excesivamente hiperbólico, lo que le resta efectividad, muy por debajo de la media del cine francés (aunque he de decir que esa media, ahora, está muy baja) y cuya mejor baza habría sido que el propio Nicolás Sarkozy, cómico genial, hubiera interpretado su propio papel (y quizá hasta habría aceptado) o, en su lugar, hubieran resucitado para la ocasión a Louis de Funes con peluca.

 

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