Crítica

Déjame salir – Jordan Peele

posted by Marc Muñoz 17 mayo, 2017 0 comments
Terror de impulso racial

Déjame salir poster

En los Estados Unidos se extiende una nueva facción del cine indie que no amaga unos mecanismos estéticos y comerciales más cercanos al mainstream que al cine de cepa independiente. Sea como un puro trámite, una plataforma previa desde la que coger el impulso necesario, a través de uno o dos largometrajes, para dar el salto a la industria, o bien, como en el caso que aquí nos ocupa, para estimular desde los márgenes de la gran industria un enfoque dirigido esencialmente a las grandes audiencias y llevarlo con garantías hasta lo alto de la taquilla pese a las limitaciones presupuestarias.

Déjame salir, el sleeper y fenómeno taquillero de la temporada en los Estados Unidos, encaja en este cine de raíz low cost que abandona rápidamente los márgenes desde el que es etiquetado para asaltar la multisala tras la conveniente campaña de marketing y el boca oreja, ambos impulsos favorecidos por un contexto idóneo (#Oscarsaresowhite aún resuena en Hollywood). Una ópera prima convertida en sensación cinematográfica del 2017 que le permitirá a su director Jordan Peele instalarse en Hollywood (ya ha firmado un contrato con Warner Bros y ha rechazado dirigir el remake de Akira) con el propósito de emprender proyectos de mayor escala.

Aunque para su primer intento ha contado con la producción de Blumhouse, una factoría especializada en lo comentado más arriba:  convertir cine de poco presupuesto, encajable en las limitaciones del indie, en bombazos taquilleros. Ahí está Paranormal Activity o The Purge para avalar su ojo comercial. En esta ocasión invirtieron el tiempo y el dinero en este relato alrededor de una pareja interracial muy bien avenida que se dispone a pasar un fin de semana en casa de los padres de ella con tal de presentar al nuevo chico a la familia. Una jornadas de compromiso familiar perezoso que da un giro inesperado al convertirse en una pesadilla de supervivencia, hipnosis y hasta algún elemento fantástico para ese hombre negro acorralado en una jauría racial.

Con un arranque propio de una comedia romántica emparentada con Los padres de ella, pronto Peele la adoba con elementos de suspense que se van acumulando hasta ese giro crucial que precipita un cambio de carril hacia el terror, sin perder cierta ironía, especialmente alrededor de la representación de la comunidad negra – uno de los puntos más astutos y afilados del visionado-, jugando con los arquetipos marcados por Hollywood. En ese tejemaneje de géneros, ideas y tonos, Peele se apoya en la reformulación postmoderna de género caracterizada por apuntes metalinguísticos y la acumulación de referencias (La semilla del diablo, La invasión de los ultracuerpos, Misery, Las mujeres perfectas, Los niños del Brasil, American Horror Story se me ocurren en un primer visionado). Sin embargo, y a diferencia del exceso por acumulación pero con un diseño de guion ejemplar de The Cabin in The Woods, o la reactualización del terror de suburbio con trasfondo sutil de It Follows, Peele opta por un diseño más básico, más inmediato y superficial. Dejando pronto al descubierto los resortes de su juego y perdiendo de esta manera el impulso sugerente de su mera premisa.

Todo ese tono obvio en la representación, especialmente su desarrollo y una conclusión adheridas al plano más evidente y previsible, es lo que hace perder tensión y misterio a una propuesta en la que sus marcados giros son regalos esperados para el espectador medio. Ayuda a esa impresión de diseño esquemático y subrayado para los multicines el casting y las actuaciones. Hay diálogos y escenas que bordean el ridículo, y su actor protagonista, Daniel Kaluuya, dudo que le empiecen a llover ofertas para papeles dramáticos. Son carencias que Peele, con cierto ingenio, cubre, en determinados momentos, con el humor, con una ironía meta sobre el cine blaxploitation o la representación del hombre negro en el séptimo arte. Aunque ese trasunto racial recipiente de tantas loas, lo establece en un plano tan visible y palpable que pierde cualquier poder de sugerencia y lleva a sospechar que su inflada atención obedece simplemente la conveniencia del momento actual

Déjame salir funciona como un entretenimiento que recicla filmes claves del género para presentarlos en una carcasa ligeramente original, aunque presentada de forma inteligente como algo realmente novedoso y rompedor. El diseño funciona como pasatiempo si uno decide entrar en su juego y ser recompensado con cada nueva referencia señalada entre su mezcla. Pero preparar su llegada presentándola como la mejor película de terror de los últimos años, o la mejor película indie del año, resulta tan inapropiado como desmedido.

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