Crítica

El amante doble – François Ozon

posted by Alberto Varet Pascual 7 septiembre, 2017 0 comments
El efectismo camuflado

El amante doble

La controvertida escena que sucede al arranque del último film de François Ozon explica en buena medida qué clase de director es el francés. En ella, un suave y elegante encadenado viene a relacionar la sexualidad más descarnada con la emoción más sincera. Una rima que, a grandes rasgos, nos pone sobre aviso de lo que vamos a ver. Mas hay que lamentar que no nos vaya a llevar mucho más allá de la enunciación preciosista.

La decepción no es, a estas alturas, una sorpresa. Ozon es un gran realizador, sí, pero dista de ser un gran creador. Su incapacidad para generar densidad ha sido camuflada muchas veces (demasiadas) por su estilo cristalino, tendente a darte simpleza en nombre de la sencillez. También por una combinación supuestamente loca (en verdad perfectamente cerebral) de géneros. La locura en su cine no es cierta. Y la mezcolanza no pasa, por lo general, del batiburrillo.

El amante doble no es una excepción a la regla. En esta ocasión el thriller erótico se da la mano con el fantástico, el terror y algún toque noir, pero cabe preguntarse a dónde acaba por dirigirse todo. La luz no aparece en ningún instante, por mucho que la realización sea primorosa, el rostro de una excelente Marine Vacth inolvidable y ciertos hallazgos visuales den prueba de la personalidad del autor.  

Los ecos de De Palma y Cronenberg son más bien sombras alargadísimas cernidas sobre una producción que hace buena aquella frase que decía ‘Un mucho de ciencia acerca a Dios, un poco de ciencia te aleja de Él’. Aquí no hay conocimiento de causa, sino disparos hechos al aire. Los sueños, el psicoanálisis y la carne no acaban de estrechar vasos comunicantes en la narración. Ozon se conforma con juntar estos elementos en el guión, a sabiendas de su relación natural, para ilustrarlo a posteriori según lo dota de puntuales florituras visuales con la intención de hacer parecer joven y complejo a su viejo y, más bien, simple estilo.

Tampoco funciona la cinta como cuento moral. Aún habiendo breves hallazgos (el paseo de la pareja por París tras darse el sí quiero), estos no se antojan tanto una realidad en sí mismos como unos trucos de guión para dar respiro a la historia. Un asunto, el del cine como el esclavo de un relato, que ya huele. Lo que nos lleva a formularnos ciertas preguntas: ¿Para qué todos los elementos puestos en juego si al final se trata de contar una historia? ¿A santo de qué el viraje a un cuento moral desde la relación sexo-amor si no se desarrollará esta temática? ¿Por qué, en momentos puntuales, desvía el director su propuesta al cine de terror si no será tierra de abono de nuevas imágenes?

Al responsable de Joven y bonita se le ha olvidado aquello de que un poco de todo es un mucho de nada. Así, no es de extrañar que, en un gesto de pura egolatría, se crea con derecho a encontrarle un hueco en la narración a una absurda escena homosexual. Porque Ozon confunde la locura con el todo vale, y su film, atado de pies y manos a un estúpido guión, no da la talla allá donde el cine es cine: en la puesta en escena. Por eso su material flota en el limbo. El mismo lugar al que va a parar la promesa surgida en la mencionada escena inicial y, con ella, el valor propio de aquel encadenado, revelado, finalmente, como puro efectismo.

4,5

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