Crítica

El artista y la modelo – Fernando Trueba

posted by Jose Luis Muñoz 8 octubre, 2012 0 comments

El artista y la modelo

Blanco y negro primorosamente bello. Escenas de naturaleza que se mueven como ramaje mecido por el viento. Una joven hermosa, Mercè (Aida Folch), la refugiada española, en el cénit de la vida y en lo más álgido de la voluptuosidad, que acepta ser la modelo de un escultor de renombre. Una pequeña ciudad de provincias francesa, no muy lejos de España, durante la ocupación alemana, que no ve alterada por el conflicto su rutina. Werner, un oficial del ejército nazi (Götz Otto), rendido ante un prestigioso escultor francés retirado en la campiña. Una esposa Léa (Claudia Cardinale) que aún lleva el rastro de su pasada belleza en el rostro y el cuerpo, interesándose por la nueva modelo de su esposo. Un artista Marc Cros (Jean Rochefort), al cabo de la vida, que observa desde la mesa redonda del café de su pueblo ver pasar a la gente y siente la última punzada de deseo mientras termina su escultura. Una visión sobre el proceso creativo y los últimos acordes de la vida.

Con estos mimbres Fernando Trueba (Concha de Plata merecida en el último festival de San Sebastián por esa película) vuelve al cine en solitario (lo hizo acompañado de Javier Mariscal en esa estupenda y vital Chico y Rita) y a la ficción, tras una excelente etapa de documentales musicales (Calle 54 y El milagro de Candeal) con un guión escrito a cuatro manos con Jean Claude Carriere, el guionista de Buñuel, para ofrecernos una de sus películas más hermosas y maduras en homenaje a su hermano Máximo Trueba, escultor fallecido. Sabe sacar el director de El sueño del mono loco (film insólito en su filmografía que debería revisarse) de ese limpio blanco y negro que le brinda el fotógrafo Daniel Vilar, al que vuelven un sinfín de directores últimamente, fuerza y belleza; explora sus claroscuros y múltiples matices; deja que la cámara se deleite una y otra vez en la rutina de la relación de la modelo y el artista, que la convierte en escultura y crea, a partir de su cuerpo, otra belleza marmórea.

El artista y la modelo es una película que se paladea con la misma lentitud y suavidad con que el aire acaricia una espiga. Está Trueba pendiente de todos y cada uno de los detalles. Y es, que cabe duda, un festival interpretativo de ese gran actor francés que es Jean Rochefort (El marido de la peluquera), en su papel de descreído escultor Marc Cros, al que una pletórica Aida Folch da una justa réplica interpretando más con el cuerpo que con la cara. Una película hermosa sobre la vida que atrapa el artista y que cobra todo su sentido desde su escena final. Un nada disimulado homenaje al cine de Jean Renoir más campestre y bucólico (el del Desayuno en la hierba) y una reivindicación de la vida mediterránea partir de esa secuencia en la que Marc Cros come una hogaza de pan bien empapada por el chorro de aceite. Y pocos peros (el paisaje es de Cataluña, y no de Francia, y se nota; el personaje de criada que interpreta Chus Lampreave es perfectamente prescindible y lo mismo cabría decir del refugiado español que acogen durante unos días) a un film que se sustenta con dos actores tan alejados generacionalmente, y tan perfectamente compenetrados (Marc acaricia la piel de Mercè después de haberla acariciado tantas veces en escultura para darle forma), y que sin duda es uno de los mejores del director de Belle epoque. Film a paladear con el mismo mimo con que está hecho.

marco 75

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