Crítica

El sacrificio de un ciervo sagrado – Yorgos Lanthimos

posted by Alberto Varet Pascual 29 noviembre, 2017 0 comments
El cínico post-humanista
Sacrificio de un ciervo sagrado

Cuando Yorgos Lanthimos abandonó su país por un espacio multicultural indefinido en Langosta, dejó atrás tanto su lengua materna como la humildad en sus ambiciones autorales. Entre la mirada local situada en el ámbito familiar y la crónica de los males europeos existía el mismo trecho que va de la concisión narrativa al naufragio en la dislocación entre dispositivo y discurso. Ahora, y a la vista de lo que propone El sacrificio de un ciervo sagrado, uno diría que el griego ha tratado de evitar por todos los medios que su nuevo título sea otro insulso contenedor de ideas extravagantes. El problema es que lo ha hecho desde una vía poco ortodoxa: la del efectismo propio del peor cine de género. Y el resultado es la desesperada inoculación de un extrañamiento desde fuera (aquí no son las imágenes las que nos hablan, sino la voz del director cual vulgar demiurgo impuesta sobre ellas), con lo que la sensación última es la de estar frente a una retahíla de préstamos de otros cineastas y no de ideas audiovisuales verdaderas, genuinas.

De Buñuel a Kubrick, de Seidl a Haneke, de Cronenberg a CarpenterEl sacrificio de un ciervo sagrado es como el ejercicio de un buen alumno. O, peor, de un viejo alumno asustado (¡a estas alturas del partido!) por el fracaso. De modo que si hay que generar tensión, se eleva la banda sonora minimalista; si hay que filmar el portal de una ‘casa encantada’, se hará desde el manual narrativo del cine de terror; si la realización se desplaza hacia la crueldad, las sombras de Haneke o Seidl se alargan con descaro… ¿Qué nos queda entonces de particular en este trabajo?

Pues todo aquello que siempre estuvo en Lanthimos. Es decir, su facilidad para sacar a la luz las miserias familiares y sociales. Sin embargo, incluso aquí no dejan de asaltarnos las dudas. Por ejemplo, ¿por qué hablan raro los protagonistas con sus allegados? ¿Existe en realidad un deseo de reflexionar sobre la corrupción de la palabra como ocurría en Maps to the Stars? Allí Hollywood era una familia disfuncional reflejada en la palabra enferma. ¿Se puede decir lo mismo de una obra que no parece privilegiar nada, sino disparar en varias direcciones a la vez?

Pensemos en las escenas de post-sexo. No nos dicen gran cosa. No irritan, ni conmueven, ni repelen… Da la sensación de que ni el director cree en el significado de las mismas. Están ahí porque son raras, pero son prácticamente inútiles. Muy poco elocuentes. Y lo mismo ocurre con el uso de la banda sonora, que empieza a encontrar una mínima coherencia más allá de la media hora de metraje.

El sacrificio de un ciervo sagrado es puro diseño que, de algún modo, acaba por funcionar narrativamente, pero no discursivamente, pues no existe una dirección concreta. Es lo que ocurre cuando un cínico pretende criticar el post-humanismo. Quizás sea por ello que también acabe por cojear el muy interesante final, donde se expande (por fin) la típica e inútil crítica al neocapitalismo (esa que justifica la vejación a personajes adinerados) mediante una muy original reflexión sobre cuestiones como el aborto o la eutanasia. El resultado, una cima de la ambigüedad que pone en liza el notable grado de perversión moral de los citados gestos, queda empañado por las sombras seidlianas y hanekianas, y rematado por una rimbombante resolución a cámara lenta que viene a decirnos algo así como que ni el director tiene idea alguna de lo que nos está hablando.

5,5

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