Eternamente comprometidos – Nicholas Stoller

Hasta que la muerte nos separe

Eternamente comprometidos

El principio de nuevo milenio nos trajo, de la mano de Judd Apatow, dos series absolutamente reivindicables: Freaks and Geeks y Undeclared. La primera estaba situada en un instituto y la segunda en la universidad. Sendas, por cierto, tenían como intérprete a un joven nacido en 1980 llamado Jason Segel.

Resulta curioso ver como estos dos productos, separados tan solo por un año de diferencia, ya eran situados en contextos diferentes. Es decir, sus creadores, desde el comienzo, han estado obsesionados con el paso del tiempo (no en vano, son obras juveniles escritas por adultos). Pero esta reflexión parece hoy más cristalina que nunca a la luz de las imágenes de Eternamente comprometidos, el último y memorable trabajo de esta gran familia de cómicos que, de forma reveladora, está co-escrita por Segel.

Como otras comedias americanas recientes, Young Adult o Ted, por ejemplo, Eternamente comprometidos nos habla de la felicidad. De cómo ésta no existe en su totalidad. Del error que cometemos cuando buscamos ‘lo mejor’ en lugar de lo que es bueno para nosotros aceptando así nuestros defectos y los de los demás. ‘No soy el hombre que debía ser’, dice el protagonista en una frase muy significativa en este sentido pero que, ante todo (y esto es lo interesante), nunca se la hubiéramos escuchado al imberbe Nick Andopolis de Freaks and Geeks. El tiempo pasa y Apatow y los suyos demuestran, una vez más, que saben hacer cuentas con el presente.

Si Adventureland o Supersalidos, por poner un par de casos, eran dos películas protagonizadas por adolescentes en las que el mundo adulto y su amargura tenían un papel secundario, en esta nueva cinta será justo al revés. La treintena emerge a un primer plano y la representación juvenil está simbolizada, simplemente, en la interpretación de una veinteañera y en un par de sutiles escenas nocturnas (que parecen repetirse) en las que unos colegiales cruzan la calle de farra con la libertad y la inconsciencia de su edad mientras los novios vagan solos y perdidos por las aceras.

Hubo un tiempo, parece decirnos el cineasta, en el que fuimos los reyes de la fiesta. Un momento en el que no conocíamos la soledad pues siempre estábamos rodeados de amigos. Y, sobre todo, un instante de vida en el que la muerte no formaba parte de tu mundo. ¡Ahí está la gran baza jugada por Stoller para dar un paso adelante e, incluso, renovar y abrir nuevas puertas dentro del ‘Universo Apatow’!

El deceso se convierte en la piedra angular no sólo de la narración sino del humor de este inteligente trabajo. La ingeniosa y leve manera en la que ésta empapa el relato, sublima el producto y logra una comicidad capaz de conmover incluso una vez que se está fuera de la sala. Una cavilación que entronca con un diálogo entre el protagonista y sus padres que extiende el potencial de la lectura y termina por aclarar las nuevas metas de estos cómicos.

Los otrora cronistas de la jovialidad de instituto y universidad, son hoy, como todos los que nos situamos cerca de los treinta (en adelante), sensibles a la muerte. Mientras en la adolescencia poseemos la vitalidad de unos niñatos que atraviesan los lugares sin valorar la vida ni el tiempo (pues no sólo nosotros sino también nuestro entorno (familiares, compañeros…) se mantiene, aún, joven), superada esa época, además de encontramos desganados para continuar con algunos hábitos, comenzamos a percibir que lo que conforma nuestra existencia empieza a dar síntomas de agotamiento (al igual que algunas de las secuencias y de los gags ‘marca de la casa’ que pueblan el film).

Una lúcida reflexión que termina por cerrarse en una habitación colmada de pósters de Wham que, cierto día, la protagonista tuvo que abandonar. Y como en Ted (otra vez), existe ahí una reivindicación de la infancia pero, sobre todo, una meditación acerca de la relación entre la madurez y la muerte. Uno ha madurado cuando entiende que todo lo que le envuelve está destinado a morir. Pues bien, Judd Apatow y los suyos se han hecho mayores.

8

[Nota: Desgraciadamente en España se estrenará, solamente, la versión doblada. Es un deber de crítico advertir a los espectadores del nefasto, doloroso e infernal doblaje de este film y de lo que parece una desgraciada tendencia en nuestro país (al menos en cuanto a comedias se refiere pues ya pasó con la película de Los Muppets) en los últimos tiempos. Al espectador se le arrebata la posibilidad de disfrutar de la obra en su plenitud. Mucha de la comicidad verbal y del dramatismo de varias escenas se pierde. El doblaje es una interpretación sobre la propia actuación de los actores, esto es, una suplantación y debería ser obligatorio estrenar las dos versiones y dejar al que paga elegir. Desde aquí, insistimos: ¿Realmente importa que suba el precio de la entrada un ridículo euro si las cosas no se hacen bien desde la distribución? Pensemos.]

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