Crítica

La fábrica de nada – Pedro Pinho

posted by Alberto Varet Pascual 16 mayo, 2018 0 comments
Preguntas por un futuro humanista

 

A fabrica de nada poster

En 2015 Miguel Gomes presentó un tríptico de seis horas sobre la crisis económica en Portugal. Su nombre, Las mil y una noches, tomaba la mítica narración de Scheherazade como vehículo para conducir un film imposible dada la naturaleza del propio capitalismo, capaz de crear un insostenible universo sostenido. La fábrica de nada, de Pedro Pinho, comparte ese tipo de mirada para confirmar (por si aún hiciera falta) al panorama cinematográfico vecino como el más implicado en dicha causa.

La duración de la obra que nos ocupa es igualmente muy extensa y sus digresiones internas muy variadas. Predomina el género documental en el acercamiento a los rostros de los trabajadores. También a sus espacios, ya sea la fábrica, el bar o una casa. Pero este tono lidiará con diversas rupturas que lo cuestionarán o introducirán según y qué ideas propias de los convulsos tiempos que vivimos para ser puestas a continuación en crisis.

Por ejemplo, el que esto escribe se empezó a preguntar en algún momento del metraje por la falta de gestos punk en una cinta que, a su juicio, pecaba de blanda. Poco después, un pintoresco personaje le muestra a un amigo un arsenal de combate. Todo dentro del comentado tono documental, lo que quebró los prejuicios de servidor llenando su cabeza de preguntas: ¿Para qué quiere ese hombre las armas? El punk está bien en la representación, ¿mas debe mezclarse con la realidad? La violencia no lleva a ningún lado bueno en la vida… ¿y en el cine? Yo buscaba guerra audiovisual, pero en este punto ya no tenía claro su utilidad.

El arte está para esto. Para quebrar tus certezas. Y esta escena, atravesada por un fino sentido del humor, hizo las mías añicos. Me dejó igualmente con una sensación de tristeza. Porque sí, nos queda la gente. Y el cine, que desde su representación moral puede ser una de las más efectivas armas. Pero, ¿hasta qué punto? La cuestión ética tan presente en el medio, la de la lucha o el dinero, vertebra las dudas de los personajes… y también del los espectadores.

Hay por ello mucho de empresa imposible en La fábrica de nada. Como lo había en Las mil y una noches. Por un lado, estamos ante una celebración de la vida y el cine. Lo que invade la pantalla es un claro halo de esperanza. Por otro, existe una desolación total en la imposibilidad del relato que cubre nuestra mirada en la clamorosa victoria del capitalismo, del poder del dinero, sobre el humanismo. ¿Sirve de algo entonces seguir haciendo cine, rebelarte con este arma contra el sistema?

La naturaleza heterogénea de la producción se cuestiona todo esto en la ida y venida de ideas que se ponen en crisis para luego desaparecer. Desaparecen al asumirse incapaces en su cometido. Aceptan su derrota. Pero una película es un viaje. Como la vida misma. Entonces, ¿hay algo que quede de este esfuerzo con capacidad para iluminar un futuro más humano? ¿Continúan siendo pertinentes el valor, la curiosidad, la lucha y el sacrificio en la era del individualismo materialista?

La fábrica de nada, tan honesta con la verdad, es mucho más una fuente de preguntas que una serie de respuestas. Toda una bella paradoja con la que está cayendo: un film que mira de frente a una crisis del presente para tratar de colmar algún día el espíritu de un futuro tapado por grises nubarrones.

8,5

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