Crítica

Las malas hierbas – Alan Resnais

posted by Jose Luis Muñoz 1 Mayo, 2012 0 comments

Las malas hierbas

De aquella pléyade de exquisitos realizadores franceses que removieron el arte cinematográfico y lindaron con el mayo francés, en el que muchos de ellos se comprometieron y alguno sigue aún anclado en él, que se llamó la nouvelle vague, sólo quedan en activo un par de realizadores: Jean Luc Godard, con su inclasificable carrera marginal y discurso político, y Alain Resnais, pues todos los demás han ido muriendo: Louis Malle, Claude Chabrol, François Truffaut, Eric Rhomer

Hay un dicho popular que dice que Quien tuvo, retuvo. La frase, lamentablemente, no es aplicable al caso de Alain Resnais. Quien fuera uno de los más radicales creadores de la nouvelle vague, quien nos ofreciera obras tan bellas y vanguardistas como Hiroshima, mon amour, La guerre est finie, El año pasado en Marienbad o Providence, ha virado en los últimos años hacia un cine intranscendente, ligero y vacuo en el que resulta difícil reconocer al extraordinario realizador de otros tiempos.

Las malas hierbas, su último producto, llega como la despedida del veterano cineasta, y una vez vista la película se tiene la duda de si esa comedía, a ratos surrealista, con algún que otro gag que provoca una ligera sonrisa en el espectador, es una formidable broma por parte del director de Hiroshima, mon amour o bien se trata de un formidable desbarre. Porque esa itinerante historia de amor/rechazo entre Marguerite Muir (Sabine Azéma), una dentista a la que un descuidero le roba su bolso, y Georges Palet (André Dussollier) que encuentre el objeto robado junto a su coche, original en principio (las relaciones entre personas arrancan de un hecho fortuito e imprevisible que escapa a nuestro control) se estira a lo largo de una serie de frustrantes encuentros entre esos amantes que no acaban de aceptarse (primero ella lo rechaza; luego es él quien se muestra esquivo cuando ella se decide) y da pie a una serie de secuencias que, presumiblemente, quieren tener gracia sin conseguirla. Y lo malo, o lo bueno, de la película de Resnais es que los intérpretes de la función, Sabine Azéma y André Dussollier, viejos conocidos del realizador, bordan sus papeles, que los diálogos son ocurrentes y la película no aburre, aunque dé lo mismo verla que no verla, porque lo peor que se puede decir de Las malas hierbas es que es absolutamente intranscendente y prescindible, como viene sucediendo con las últimas películas de uno de los dos supervivientes de la nouvelle vague de quien siempre nos quedará El año pasado en Marienbad.

4,5

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