Crítica

Los amos de Brooklyn – Antoine Fuqua

posted by Jose Luis Muñoz 22 septiembre, 2011 0 comments

Se está perfilando Antoine Fuqua como digno heredero de los directores ítaloamericanos (Scorsese, Coppola, De Palma, Ferrara) con los que comparte una mirada parecida a la hora de retratar ambientes malsanos de su ciudad, Nueva York. Con un bagaje de películas muy notables (Día de entrenamiento, El tirador, Lágrimas del sol), la mayor parte de ellas circunscritas al género negro, consigue en Los amos de Brooklyn, (film que remite, en algunos instantes, a Asuntos sucios de Mike Figgis, y  no sólo por estar protagonizada por Richard Gere) su obra más redonda y vibrante.

A través de las vicisitudes de tres policías tan atípicos como diferentes, desarraigados  y con perfiles de perdedores (divorcios, situaciones familiares tensas, alcoholismo, intentos de suicidio), que tienen en común el territorio de un peligroso suburbio de Brooklyn por el que patrullan, Antoine Fuqua nos sumerge en el infierno de la delincuencia en el que narcotraficantes, proxenetas y prostitutas pueblan una ciudad apocalíptica y teñida por la sangre de continuos ajustes de cuentas. Sal (Ethan Hawke, que ya protagonizó con Denzel Washington Día de entrenamiento) es un policía corrupto, agobiado por su situación económica y familiar (su esposa espera gemelos y su casa, además de pequeña para albergar a los hijos que vienen, es insalubre) que se queda con el botín de los narcotraficantes que mata; Tango (Don Cheadle) es un infiltrado que lleva años conviviendo con delincuentes, entre los que hace algún buen amigo como Caz (Wesley Snipes) que le salvó la vida estando en prisión, a quién se resiste a traicionar a pesar de un prometido ascenso; y Eddie Dugan (Richard Gere)  un veterano policia, a siete dias de la jubilación, que rehuye complicaciones y está enamorado de la bella y sensual prostituta de color Chantel (Shannon Kane), que se juega la piel cuando ya está fuera del cuerpo. Con estos tres personajes construye Faqua una red de historias que se entrecruzan, presididas por la sordidez de las mismas, una violencia tan realista como efectiva (los asaltos de las fuerzas del orden a los garitos de las bandas de delincuentes son de una enorme brutalidad), un erotismo convincente (presente en cada uno de los encuentros entre Eddie Dugan y Chantel) y una recreación de los ambientes sórdidos del crimen que suena a retrato veraz, casi a documental.

Richard Gere está convincente, lo mismo que Don Cheadle, Wesley Snipes, o Ellen Barkin, esta última en el papel de la odiosa agente Smith, pero quién sin duda destaca por la fuerza de su interpretación y su atormentado personaje, que recrea con precisión milimétrica, es Ethan Hawke un actor que, a pesar de tener un físico suave, sabe meterse en la piel de los seres desquiciados que pululan por estas historias negras; lo hace con Fuqua y lo hizo con Lumet en su película testamento.

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