Crítica

Personal Shopper – Olivier Assayas

posted by Alberto Varet Pascual 18 Mayo, 2017 0 comments
Fantasmas de la era de la imagen

Personal Shopper

Resulta significativo que en el pasado Festival de Cannes se aplaudieran blufs del pelo de Paterson o Aquarius mientras obras de la naturaleza de The Neon Demon y Personal Shopper eran abucheadas. El gesto, toda una constante en la Croisette, revela el problema de una cinefilia proclive a aceptar tarde, mal y nunca las novedades que el cine más arriesgado exhibe allí cada año.  

Lo nuevo de Olivier Assayas, como ya se habrán imaginado, desafía las citadas convenciones, y lo hace desde su mismo punto de partida: es una historia de fantasmas en la era digital que no buscará convertirse en un relato con principio y fin. No quiere tanto contarnos una historia como hacernos vivir una experiencia abstracta. Sus fantasmas poco tienen que ver con las representaciones tradicionales; está, más bien, ligada a los espectros generados por una era digital trufada de artilugios diseñados para hacer la comunicación tan fácil que su uso ha aniquilado el contacto con el prójimo.

La soledad de la protagonista es clave en este sentido. Su incomunicación procede, precisamente, de la deshumanización que la evolución de nuestra especie trae consigo: ¿será necesario buscar pareja el día de mañana o nos la fabricaremos nosotros mismos? Igualmente: ¿tendremos que aceptar ser quienes somos por una cuestión genética o podremos cambiar nuestro físico a voluntad para parecernos a nuestras estrellas favoritas?

Personal Shopper se cuestiona esto desde una perspectiva muy original: Kristen Stewart es una joven asistente personal, alguien que se calza los vestidos de una estrella antes de que ésta los pueda lucir. El juego de dobles y paralelismos ya está ahí. Un asunto al que se le irán adobando diversas capas de información con la intención de generar densidad en el sustrato fantasmático, lo que en ocasiones genera una cierta explicitud, como en lo tocante al relato del hermano gemelo muerto.

Sin embargo, Olivier Assayas es capaz de llevarse su material de partida, por muy peliagudo que sea, a su terreno, y transforma lo que podrían haber sido simples pretensiones en provechosas imágenes. De modo que, todo lo referente a la doble identidad (el hermano muerto) es dirigido hacia el cine de terror de los 80 (el David Cronenberg de Inseparables o el Brian de Palma de Doble Cuerpo), un período considerado por el propio director como uno de los momentos fundacionales del cine moderno; la obra de Hilma Af Klint le ayuda a bucear en los orígenes de la representación del alma en el arte de la mano del animismo del siglo XIX, y la relación entre terror y la era digital conecta su historia occidental con la materia prima de muchas de las grandes películas orientales de género del nuevo milenio.

El resultado, inquietante y atractivo, desigual y sofisticado, debe ser leído, como bien sugería Àngel Quintana en las páginas de Caimán Cuadernos de Cine, ‘como un esbozo, un juego de apuntes sobre posibles películas, sobre posibles líneas que permitan una confluencia entre el imaginario tecnológico actual y el cine de terror’. Quizás sea ésa la mejor manera para encontrarse, como le ocurrió a Carlos Losilla, frente a ‘uno de esos filmes que de verdad importan’.

En mi experiencia personal, Personal Shopper me satisfizo (lo que prueba, una vez más, que Cannes es, probablemente, el más carca de todos los festivales de cine). Sin embargo, también pienso que la cinta es esclava de su heterogénea naturaleza, sobre todo en un arranque al que jamás acaba por llegar el misterio y en un final donde el batiburrillo se impone a la abstracción. Lo que no es óbice para disfrutar de un sugestivo proyecto que contiene, además, una de las secuencias realmente decisivas del cine del nuevo milenio: el viaje en tren de París a Londres realizado por una Kristen Stewart acechada por un fantasma digital.

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