Crítica

Red State – Kevin Smith

posted by Jose Luis Muñoz 2 julio, 2012 0 comments

Red State Kevin Smith

¿Existe alguna diferencia entre los fundamentalistas islámicos de organizaciones terroristas, como Al Qaeda, y ese conglomerado de sectarios cristianos, que proliferan como hongos en EEUU, y para los que todo tiene tufo a Diablo? Pues no, viene a decir Kevin Smith, escritor, autor de comics y realizador (Clerks, Mall Rats, Chasing Amy, Jersey Girl) de esta incómoda película en la que, como en Dogma, ajusta cuentas con una determinada forma de entender la religión y llega avalada por el festival de Sundance y por el reciente y merecido premio a la mejor película conseguido en el Festival de Sitges. Y es que yo, viendo algunas secuencias del film, tenía muy presente una estremecedora foto del ejecutivo en pleno de Bush hijo rezando después de ordenar arrasar un país, Irak, y acabar con cientos de miles de vidas.

Y que conste que Red State está lejos de ser una película redonda (su último tercio desvaría y su final es decepcionante) pero sí muy digna de verse por lo que dice y denuncia, y por cómo se articula ese mensaje en la narración cinematográfica. Red State es, en realidad, tres películas en una, porque lo que empieza como la típica comedia de adolescentes descerebrados que sólo piensan en el sexo y acuden a una cita a ciegas con una mujer madura se convierte, bruscamente, en una cinta terrorífica, tipo La matanza de Texas, para acabar como película de acción con reminiscencias de western o de balacera de Tarantino. Y es esa ensalada genérica (falsa comedia de adolescentes, terror gore y thriller de acción) la que la hace tremendamente atractiva.

Si hay algo que inquieta en Red State y haga que el espectador se remueva en su asiento, es esa permanente invocación a Dios de la que hacen gala los seguidores de esa iglesia de Five Punts Church, una de las miles que se encuentran en la Norteamérica profunda que interpretan la Biblia a su manera, para castigar a los que pecan contra el sexto mandamiento (los sodomitas, maldecidos una y mil veces en Las Sagradas Escrituras) conculcando, para ello, abiertamente el quinto (no son semejantes, por lo tanto podemos exterminarlos).

No hay nada gratuito en el film de Kevin Smith, de violencia seca y sin regodeos de ningún tipo y con escenas de acción filmadas cámara al hombro. Es la historia que explica el director de Clerks tan veraz, aparte de verosímil, que seguramente la hayamos leído en los diarios. Se inspira en los sectarios de Waco que, refugiados en una granja, vendieron caras sus vidas (ardieron con su iglesia fortín tras un asalto de la policía) y en esas grupos de cristianos renacidos que acuden a los funerales de los gais, con el propósito de insultarlos, o que consideran todos los desastres de la naturaleza (terremotos, tsunamis, inundaciones) y del hombre (guerras, 11 S) obra de la mano de Dios, de su espada vengadora, para erradicar el pecado de la tierra. Los retorcidos seguidores de la Five Punts Church, un grupo pequeño y endogámico (todos están relacionados por vínculos de sangre y obedecen a su patriarca sin cuestionar una sola de sus órdenes) asesinan a ritmo de versículo bíblico, como los terroristas de Al Qaeda degüellan a sus víctimas con invocaciones al Corán. Su ideología ultraconservadora se nutre de las doctrinas de los cristianos renacidos, creacionistas, supremacistas blancos, la Asociación Nacional del Rifle y un odio y no reconocimiento al Estado, al que acusan de todos los males, lo que les convierte en libertarios retrógrados.

Kevin Smith ha contado para su último film con un reparto muy ajustado a lo que quería contar, incluso en cuanto a los rasgos físicos de los actores secundarios que interpretan a los sectarios. John Goodman, como jefe policial con profundas dudas morales sobre su actuación (el director, en ese último tercio fallido del filme, carga también contra el uso desproporcionado de la fuerza); Melissa Leo, grandísima actriz, como cebo de los adolescentes, fanática matriarca del grupo y ciega ejecutora de las órdenes de su padre; y, sobre todo, por encima del resto del reparto, Michael Parks (el angelical Adán de La Biblia de John Huston) en su enloquecida y muy creíble interpretación del pastor Abin Cooper, el dueño de ese rebaño sanguinario. El largo sermón religioso que se marca, con referencias a multitud de versículos de la Biblia, desde el púlpito de su Five Point Church es la secuencia más terrorífica de esta película que retrata una realidad social tan americana como el Playboy o la Coca-Cola.

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