Crítica

The Square – Ruben Östlund

posted by Marc Muñoz 9 noviembre, 2017 0 comments
Humanidad en involución

The Square cartel

El sueco Ruben Östlund se ha granjeado con cinco películas a sus espaldas una de las carreras más estables y sugerentes del panorama cinematográfico europeo. Si con la anterior Fuerza Mayor ya acarició las puertas de los Oscar, la plusvalía  le llega a los 43 años con la Palma de Oro a  The Square.

Una obra que incide en la principal temática sobre la que ha orbitado el grueso de su obra: la incomodidad y la cobardía (y el componente moral y ético de sus gestos) en situaciones atípicas o inesperadas. De hecho, en su flamante premio gordo en Cannes culmina esa preocupación temática arrastrada en una de las secuencias más memorables, ridículas e incómodas de la temporada, tanto para los sujetos del plano diegético, como para los que observamos al otro lado de la pantalla. Una larga secuencia donde se reflexiona sobre los límites traspasables del arte y las performance en un marco de correción y permisividad.

Si en su anterior trabajo era un alud de nieve el que precipitaba la exposición de las flaquezas morales de la clase media-alta sueca a través de la autopsia de un matrimonio en descomposición, ahora el incidente incitador para cargar los muelles de bilis es el robo de una cartera y móvil en un inesperada y estrambótica escena callejera. A partir de ahí un rodillo de crítica lacerante, lúcida, pero también ridícula, hasta patética, del estado actual de la humanidad en el corazón de la “civilizada” Suecia.

Un discurso temático, junto a otra variedad de temas y apuntes,  que estimula el largo recorrido de esta cinta, pero que termina exponiendo un exceso de equipaje. Porque Östlund no se conforma con apuntar sus dardos hacia el mundo del arte, sus vulgaridades, sus bajezas morales y la afición a la impostura y al esnobismo más ridículo, al postureo Instagram, sino que pretende ampliar el foco a la cuestión humana, a la ruina moral de Europa, desperdigando así cartuchos en muchos frentes y perdiendo  algo de puntería  en el intento de abarcarlo todo en los 142 minutos de duración. Hay en toda la película un problema básico de medida, tanto por longitud, como por voluntad, como por la expresión subrayada de esta.

Algo que no quita que el filme se siga con sumo interés, que ofrezca momentos de cierta sublimidad, otros hirientes e irritantes, muchos de incomprensibles desde el punto de vista emocional, y otros desternillantes, como le pertoca a una sátira sobre la humanidad y su crisis involutiva en la edad digital. Su único inconveniente es que no centre el foco sobre un único plano en lugar de múltiples. En ese caso, sin duda, estaríamos hablando de una obra superior, pero, ya solo por la acidez impresa, la mala leche latente, y los certeros apuntes sarcásticos, patéticos y molestos que plantea justifica su visionado. Eso sí, premiar a Fuerza Mayor con la Palma de Oro hubiera sido bastante más justo.

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