Crítica

Un cuento chino – Sebastián Borenzstein

posted by Jose Luis Muñoz 25 Junio, 2011 0 comments

Simpática fábula del argentino Sebastián Borenzstein, que debutó con La suerte está echada, que tiene como protagonistas a Roberto, un ferretero maniático compulsivo, de vida tan ordenada como solitaria, y Jung, un chino desvalido en busca de su tío en el gran Buenos Aires, al que el primero acoge en su tienda como un perro abandonado mientras busca al familiar que se haga cargo de él. La convivencia forzosa entre los dos hombres, las diferencias culturales y el desconocimiento del idioma por parte del oriental dan lugar a una serie de situaciones cómicas en las que Ricardo Darín se siente a sus anchas y tiene una correcta réplica en Huang Shen Huang, un debutante oriental.

Con un mensaje de buenismo (la película es un cántico a la amistad por encima de fronteras y culturas y a los buenos sentimientos que afloran en un personaje hosco y amargado en cuanto se rasca un poco en su superficie), muy propio del cine argentino y que, muchas veces, pesa como una losa porque lo abocan al sentimentalismo, el film de Borenzstein, que no engaña ni en el título, pivota sobre los absurdos que se producen en el mundo –el film se inicia con la imagen de una vaca cayendo del cielo y convertida en arma letal y se cierra con una vaca ordeñada por Mari (Muriel Santa Ana), la obcecada novia de Roberto, imagen de la felicidad encontrada por el protagonista – que tienen muy distinta lectura para un oriental –todo acontecimiento no se produce porque sí, sino que lleva, implícito, un mensaje que se ha de interpretar- y para el occidental, el ferretero maniático compulsivo encarnado por Darín que colecciona noticias estrambóticas.

Una puesta en escena minimalista pero eficaz y un buen trabajo actoral, sobre todo del protagonista de El secreto de tus ojos encarnando a ese misántropo y cascarrabias personaje que cuenta los clavos de las cajas que le envían los proveedores para comprobar, una y otra vez, que siempre faltan, o se acuesta a las once en punto de la noche, para lo que permanece despierto mirando el reloj hasta las diez cincuenta y nueve, hacen que esta película, sin pretensiones y contada como una fábula de Esopo, entretenga y provoque la sonrisa en buena parte de sus tramos (el encuentro de Jung con su presunto tío ciego del que acaba no siendo sobrino; la visita de Roberto a la embajada de China buscando solución a su huésped y topándose con una rígida burocracia) y que pasemos por alto el flash back de la guerra de las Malvinas en la que se traumatizó Roberto, muy forzado, o la anécdota de ese policía tan malo y rapado que trata indignamente al chino, por el hecho de serlo, y quiere vengarse del cabezazo que le da el ferretero Roberto en respuesta a su comportamiento xenófobo.

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