Crítica

Uncle Howard – Aaron Brookner

posted by Marc Muñoz 7 diciembre, 2017 0 comments
Found Footage revelador

Uncle Howard

Se tiende a excluir el found footage de otros géneros que no sea el terror, pero existen otras acepciones de este subgénero. Como por ejemplo la que formula Aaron Brookner, acogiéndose a su sentido más literal, cuando toma como punto de partida de su documental My uncle Howard el revelador hallazgo del metraje sobrante – horas y horas de filmación – de otra pieza de no ficción,  Burroughs, un retrato sobre el escritor contracultural filmado por  Howard Brookner, tío del artífice de la obra que aquí ocupa.

Ese descubrimiento en una de las habitaciones de “el bunker”, el refugio en el Lower East Side donde William S. Burroughs intentaba evadirse de las distracciones de la  gran manzana , desencadena una búsqueda fascinante del halo casi espectral, de un pariente admirado fallecido por el SIDA en 1989. Sin renunciar a su componente hagiográfico, propio de un sobrino con un recuerdo intachable de un tío al que le hubiera gustado conocer como adulto, My uncle Howard se desmarca inteligentemente del documental en primera persona – a pesar de que el propio Aaron aparece en escena, pero siempre en un segundo plano, y respetuoso con los verdaderos imanes de este apasionado relato. Así la cinta navega con coherencia, soltura y acierto del vínculo respetuoso y sincero entre tío Howard y el icono de la literatura norteamericana, así como la vibrante escena artística y el plantel de talentos reunidos en el rodaje del documental Burroughs – Tom Dicillo como director de foto y un Jim Jarmusch aún sin su distinguible pelo canoso como responsable del sonido, sujetos, que obviamente, Aaron no duda en poner delante de su cámara – para más tarde saltar hacia las zonas oscuras y enigmáticas de la vida personal de Howard, sus afectos sentimentales, familiares y una fervosa pasión por la cámara que no aparcó ni cuando la muerte acechaba.

En este inteligente y emotivo viaje de exploración reflexiva a través del vínculo afectivo y extracinematografíco con una persona de gran sensibilidad artística y cineasta maldito, Aaron no desaprovecha los resquicios del relato principal para levantar un retrato paralelo de la escena artística del excitante Nueva York de los 80, ni de las consecuencias dramáticas de ese andar salvaje cuando la pandemia del SIDA asoló las calles y los hogares neoyorquinos.

Uncle Howard se erige así en un brillante documento sobre el diálogo fantasmal entre un cineasta vivo buscando seguir la pista perdida y borrosa de un tío cineasta al que apenas conoció y que cuya prematura muerte le privó de ser considerado otro de los paladines del cine indie neoyorquino. La búsqueda de una impronta alargada que, muchos años después, ha llevado a construir una pieza de cine tan viva, emocional y con diversas capas a desenterrar en su exploración dual.

marco 75

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