CineCrítica

Dunkerque – Christopher Nolan

posted by Alberto Varet Pascual 26 julio, 2017 1 Comment
La conquista de una abstracción

Dunkerque

En el texto La magia negra de Christopher Nolan quiso este crítico abordar la manera, a su juicio, fraudulenta en la que el director británico llevaba las supuestas emociones internas al público. Como quien no se fía del poder de la imagen, el autor de El Caballero Oscuro opta en sus filmes, una y otra vez, por los montajes paralelos y el chunta-chunta de Hans Zimmer como recurso constante para generar desde fuera un efecto que no aparecía jamás desde el interior del plano. Las escenas, bien compuestas, pero, en general, vacías de aquellas películas daban el pego en la repetición de clímax, lo que probaba la incompetencia de Christopher Nolan a la hora de moldear tiempos, de trabajar espacios en esos tiempos y de jugar con los tonos del relato.

El despropósito llegó al límite con su última entrega de Batman. En ese momento fuimos muchos los que empezamos a echar de menos al creador de títulos más pequeños como Following  o Memento; los que le pedíamos que hiciera un film menos ambicioso (al menos en duración e ínfulas), más humilde.

La respuesta del autor a aquella petición fue tan tajante como elocuente: Interstellar era un nuevo ladrillo para sumar a la colección que, sin embargo, dejaba para la posteridad una evolución en el estilo del cineasta: la combinación entre su poderío visual y el diseño de sonido entregaba algunos pasajes de fascinante abstracción.

A la vista de lo que el responsable de El truco final ha hecho en Dunkerque bien haríamos en considerar aquel film como un punto de inflexión en su carrera. Porque será difícil que Nolan vuelva al cine pequeño. Su evolución no pasa por ahí, sino por la abstracción de su estilo, que hace del montaje paralelo y el efectismo sonoro sus señas de identidad.

Este viaje le lleva a reducir los espacios en su nuevo proyecto a algo tan sencillo y abierto a la significación como una playa, el aire y el mar. Los personajes que pueblan su metraje tendrán una historia detrás, pero ni la conocemos ni la conoceremos, ya que son presentados como meros seres humanos. El sonido, presente de principio a fin, será un elemento más del dispositivo. El montaje paralelo, que vertebra por completo la película, una forma de ser.

Ya no se trata, por tanto, de querer impresionar al gran público como de generar una experiencia sensorial que, de hecho, no parece haber sido creada, en absoluto, para las masas. Nunca antes estuvo Nolan tan cerca del cine experimental y tan lejos de la narración (aunque lo que le ocurre a cada personaje esté perfectamente contado). De hecho, la obra crece ciertamente dispersa en ese montaje paralelo marca de la casa, lo que provoca problemas en las rimas surgidas entre secuencias.

Aparte, nos sigue quedando la sospecha de siempre con este director: ¿cree en verdad en el potencial de las imágenes o necesita por sistema el montaje paralelo y el ruido para hacerlas pasar? ¿Precisan éstas del diseño de sonido para significar? ¿Amplía ese sonido el potencial de las mismas o estamos, de nuevo, ante un truco de magia negra para hacer parecer a la película más grande de lo que es?

Personalmente creo que el autor sigue teniendo los mismos problemas de ayer. Que su idea del cine como un engaño permanece y que en varias ocasiones uno no siente que el sonido esté en tensión con la imagen, sino que se impone sobre ella para estremecer por la vía de la fuerza al espectador. Sin embargo, y por fortuna, la mayoría de estos gestos no se dirigen tanto al espectador como al sentido último de la cinta. Es decir, que el estilo Nolan (montaje paralelo-música Hans Zimmer) tiene aquí valía en sí mismo. O dicho de otra manera: por fin el dispositivo es el mensaje, algo que no pasaba desde Memento.

Dunkerque es, por tanto, un triunfo. El mejor trabajo de Nolan. Una obra que se aleja, de una vez por todas, de lecciones baratas de Historia o Filosofía, de una duración excesiva, de una pomposidad sólo útil para emborronar la experiencia cinematográfica. Los ecos de los reportajes de guerra filmados en 16mm o de títulos como Wings reverberan en esta producción mínimamente hablada (lo que nos ahorra discursitos engolados marca de la casa), que esculpe sus infinitos espacios con una inteligencia insólita en la carrera de un director que ha logrado hacer SU película. No habrá algo parecido en la Historia del cine porque Nolan sólo hay uno (afortunadamente). Aunque sólo sea por eso, merece la pena defenderla.

8,5

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1 Comment

Marc Muñoz 8 agosto, 2017 at 17:44

Buen análisis Alberto, aunque no comparto tu mismo grado de entusiasmo. Nada que objetar a la artillería técnica desplegada, especialmente en los apabullantes veinte minutos iniciales, pero Nolan sigue sin quitarse de encima ciertos tics, aunque aquí los maneje en un tono más contenido y rebajado. El componente altisonante de sus imágenes y especialmente la desconexión emocional con todos los personajes dañan ligeramente una película notable.

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