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El cónsul de Sodoma – Sigfrid Monleón

posted by Jose Luis Muñoz 29 Enero, 2010 4 Comments

Completamente de acuerdo con lo que escribe Vicente Molina Foix, puede que el escritor más cinéfilo de este país, en un artículo de opinión publicado en El País. El tema es el biopic tan contestado sobre Gil de Biedma que acaba de estrenarse. Él, como yo, opina que es un film más que notable, que la vida del escritor está bien reflejada, que los ambientes de esa Barcelona libertaria están dibujados con precisión documentalista y que Jordi Mollá encarna perfectamente al poeta, opiniones en opuesta sintonía a lo que ha venido diciendo la crítica sobre El cónsul de Sodoma, de la que han censurado hasta el título.

Una película biográfica sobre un personaje reciente siempre es un riesgo porque el biografiado será contrastado por los que le trataron en vida. Eso es lo que le ha sucedido a la película El cónsul de Sodoma, de Sigfrid Monleón, con buena parte de los que conocieron o fueron amigos del poeta Jaime Gil de Biedma, que la han aborrecido sin ni siquiera verla muchos de ellos. Pero lo cierto es que, vista la película, sin prejuicios de ningún tipo, uno tiene que admitir que es un vehículo cinematográfico bien fabricado para entender ese momento de convulsión literaria, artística y política de una Barcelona que, por unos años, se creyó centro del mundo y miró a la capital del reino por encima del hombro. Un guión bien construido nos muestra, al principio, al poeta en los sórdidos suburbios de Manila, buscando carne fresca masculina entre los ejecutantes de un espectáculo hard core jaleado por marinos norteamericanos y burgueses filipinos para, a continuación, trasladarlo a esa Barcelona iconoclasta que inventara ese sugerente e irónico término de gauche divine para definir a los izquierdistas de salón que criticaban el régimen del dictador Franco y comían de la mano de sus explotadores papás. Y sobre ese drama moral, el del que se debate entre sus ideas y su estatus social, el del que quiere complacer a un padre amantísimo -entrañable esa relación paterno-filial-, que le tolera todas las locuras, pero desea que su hijo ocupe el sitial que le corresponde en su empresa Tabacos de Filipinas, y lo que le pide el cuerpo y el alma, sexo y poesía, gira esta película que no aburre ni decae en ningún momento. Marcado por su voracidad sexual, su miedo al envejecimiento como antesala de la muerte y sus contradicciones como miembro de la burguesía y poeta de izquierdas- publicó en vida un poemario titulado Poemas póstumos y de él dijo su amigo Carlos Barral, para subrayar su creación lenta y selecta, que era más famoso por los libros que no escribía que por los que publicaba-, la personalidad hedonista de Gil de Biedma queda bien retratada en esta película que cuida mucho los ambientes – las charlas de salón en el desaparecido Bocaccio, el templo de la gauche divine, en las que se sugiere la presencia de Vázquez Montalbán y Enrique Vila-Matas, entre otros, aunque desdibujados; el restaurante Tortilla Flat, templo de la modernidad gastronómica de la época, que todavía existe, en donde se reúne el poeta con la fotógrafo Colita, otra de las que se han sentido agraviada por la película, que critica sin verla; la conversación del poeta, en su casa, con el siniestro inspector de la Brigada Político Social Creix, del que todo el mundo hablaba en la época, a raíz de que unos poemas suyos aparecen en un panfleto subversivo…  

Viene la película de Sigfrid Monleón precedida por la polémica suscitada por Juan Marsé Alex Brendemülh en el film -, al que este biopic, excesivamente centrado en la actividad sexual del poeta, no le ha gustado nada porque, según el autor de Últimas tardes con Teresa, Gil de Biedma, era muy discreto y pudoroso con su homosexualidad, pero lo cierto es que el retrato que de él hace Monleón en su film es el de un tipo vitalista, sensible y  tierno, lleno de humor y leal con sus amigos.

El cónsul de Sodoma es una película que se deja ver con agrado, que está perfectamente ambientada y recoge el espíritu transgresor de esa época ingenua en que las utopías parecían posibles, y ahonda en el drama de un escritor desclasado que, en un camino inverso al del Pijoaparte de Marsé, como un Pier Paolo Pasolini catalán, bucea en el submundo de Manila o de Barcelona para encontrar sentido a una vida demasiado vacua y fácil. ¿Ése no es el Gil de Biedma que conoció Marsé? Es muy posible, pero en aras de la libertad cinematográfica el director puede tomarse libertades con respecto al personaje retratado siempre que no lo desvirtúe, y Monleón se cuida mucho de que esto suceda porque retrata a su protagonista con respeto.

Jordi Mollá borda la figura del poeta, en una interpretación digna de un Goya;  Bimba Bosé, que encarna a una de las pocas amantes femeninas que Gil de Biedma tuvo,  inquieta en las escenas por su sorprendente parecido con su tío, y Josep Linuesa, sencillamente, es un calco del escritor y editor Carlos Barral, mientras los poemas de Gil de Biedma, recitados con buena voz por el actor catalán, se convierten en la banda sonora de las imágenes que nos aproximan a un personaje y a su entorno.

7

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4 Comments

miguel dalmau 1 Febrero, 2010 at 13:37

Como autor de la biografía en la que se inspira parcialmente la película, agradezco el rigor, sensatez y ecuanimidad del texto.

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José Luis Muñoz 1 Febrero, 2010 at 14:55

Y yo le felicito por esa biografía del poeta que creo se ajusta bastante a la realidad.

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Sr. Limón 1 Febrero, 2010 at 16:46

Yo no la he visto (aunque no sabía que el tema era Gil de Biedma, lo cual me hubiera empujado a hacerlo), pero pienso que en realidad es un buen indicio que los implicados la critiquen…

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José Luis Muñoz 1 Febrero, 2010 at 22:31

Es el riesgo que se corre cuando se hace una película sobre un personaje contemporáneo. Yo no conocí personalmente a Gil de Biedma, aunque sí a Carlos Barral, Vázquez Montalbán, Juan Marsé, Beatriz de Moura, etc. y por eso puedo decir que ese ambiente de la Barcelona rebelde y snob está perfectamente captado en la película. Creo la imagen que proyectaba el poeta se corresponde bastante con la de Jordi Mollá en el film de Monleón.

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