Adicción enfermiza

La estadounidense Kathryn Bigelow recalca mediante una frase al inicio de En tierra hostil que la guerra es una droga. Y precisamente algo de adictivo y destructivo se desprende en su último filme, centrado en los avatares de la profesión más jodida (si me perdonan) de este mundo. 

En tierra hostil (The hurt locker) enfoca su mirada en el día a día de una brigada estadounidense de desactivación de explosivos, un cuerpo de élite que debe librar su particular batalla contra la incertidumbre y el peligro que rodea un territorio hostil como el de Irak. El grupo acoge con escepticismo la llegada del temerario sargento James (Jeremy Renner), un alocado artillero capaz de lo mejor y lo peor.

La película es un tour incendiario al infierno de Irak. Una ruta por la tragedia, el miedo, la locura, la desconfianza extrema y otros males que definen la estampa de este país de Oriente Medio. Un tour guiado por tres peculiares soldados de esta brigada, cada uno con sus excentricidades, y eclipsados por el enfermizo y disparatado sargento James, al cual Renner saber aportarle toda su presencia, con un físico rudo, y al que además le sugiere ciertos matices gracias a su notable interpretación que brilla por encima de un sorprendente reparto, donde actores como Ralph Fiennes y Guy Pearce ejercen roles testimoniales.

Uno de los logros que hay que reconocerle a la directora de Días extraños es su habilidad para transmitir al espectador la adrenalina que corroe bajo los vasos sanguíneos de James. Lo hace utilizando las armas que mejor domina; una realización de puro nervio, inquieta, en constante movimiento, y siempre buscando el plano inestable para remarcar lo inseguro de una situación igual de temible por el impacto de las bombas que por los encuentros con insurgentes camuflados entre la población civil. 

Es indudable que Bigelow consigue, y con creces, su objetivo de transmitir al espectador toda la angustia, la tensión, el terror, y la desazón que rodea a los militares enviados a la guerra de Irak. Pero la ex mujer de James Cameron cae en cierto deja vu narrativo con una trama plana, que no tiene puntos de avance, sino que se representa más como el adentrase en distintas misiones con la brigada (como si se tratase de misiones de un videojuego), que en explicarnos una verdadera historia. No es que esto incida negativamente en la cinta, pero sí que uno espera algo más a lo largo de ella, más cuando en cierto momento se insinúa una buddy movie con tintes de thriller.

También se le debe agradecer a la directora su apuesta por obviar los discursos morales, y los juicios sobre el tema. Bigelow pretende sumergir al espectador en el horror de la guerra, en la tensión de los artilleros, y en el miedo y la angustia que los rodea, y en su empeño, no recalca su subjetividad sobre el conflicto.

Una película dura y áspera, con escenas realmente impactantes y crudas, pero que logra mantenerte enganchado a la butaca mediante el acertado juego de una tensión dilatada y adictiva. Es pura droga, y puro cine.

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