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Festival de Sitges 2017: Crónica III

posted by Raúl Muñoz 10 octubre, 2017 0 comments

Brawl In Cell Block 99

Está siendo este un Festival de Sitges atípico. Y no por la configuración del mismo, que sigue fiel a la esencia que lo ha hecho mantenerse en un perfecto estado de salud hasta llegar a su 50 aniversario.

Está siendo atípico porque por primera vez en muchos años, y debido a obligaciones laborales ineludibles, aquel ritmo adrenalítico de antaño de ver 6 o 7 películas diarias, ha sido reemplazado por un más mundano visionado de, como máximo, dos films al día.

Y así empezó el festival quién escribe, con la asistencia a una sola proyección el día de mi debut. Aunque cabe reconocer que fue un buen inicio, pues The killing of a sacred deer es una película de innegable magnetismo, impecable ejecución, y con algún logro de puesta en escena muy destacable (la cadencia con la que se desarrollan los diálogos, sutilmente artificiosa, añaden una sensación de incomodidad en un recurso pocas veces usado antes).

Sea como fuere, la jornada 5 del Festival nos esperaba con dos producciones genuinamente afines al género, lejos de sus derivaciones autorales.

La primera de ellas, La villana, es un espídico thriller made in Corea, con los estándares de calidad formal que ello conlleva.

Con un inicio arrolloador al más puro estilo First Person Shooter, popularizado por el film Hardcore Henry, la película nos presenta la típica historia de una asesina letal, entrenada como máquina de matar, que en su búsqueda de venganza irá encontrándose con requiebros del destino. Espectacular en algunas de sus set pieces, la película funciona a las mil maravillas en su primera mitad, donde la acción se sucede sin descanso. Hacia mitad de metraje, cuando el tono hiper-melodramático impregna el relato (algo muy común en la cinematografía de acción asiática), la película se resiente, y el cambio tonal y de ritmo lastra el  que pudiera haber sido un excelente film de acción.

El siguiente film, Brawl in the cell block 99, tiene mucho más claros sus objetivos. La esencia de su trama viene indicada en su mismo título. Su guión no desarrolla mucho más allá. La puesta en escena es nefasta. La dirección de fotografía tan descompensada y poco inspirada que se adivina rodada con cámara no profesional. Los personajes estereotipados hasta la náusea. El discurso moral (felizmente) ausente.  Pero su violencia sin concesiones, donde abundan los brazos y piernas partidos, las peleas a puñetazo limpio, las cabezas pisoteadas hasta reventar y el humor grueso y chulesco muy de la escuela de las películas de acción de los 80, han hecho las delicias de los ahí presentes, que celebrábamos con vítores la escalada demencial gore de la que nos ha hecho obsequio su gamberro director. Esencia Sitges 100%.

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