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Festival de Sitges 2017: Crónica IV

posted by Marc Muñoz 11 octubre, 2017 0 comments

Have a nice day

Seguimos avanzando por un Festival de Sitges atípico, en la jornada del martes agudizado por la jornada de tensión histórica que se vivió en Catalunya. Escenas inéditas donde la incertidumbre y la angustia  del plano real ganó terreno, e incluso, por momentos, superó al imaginario fantástico y de terror que alberga el grueso de la programación del festival.

Pese a la extraña e inusual coyuntura, y muy pendientes de los dispositivos móviles, tuvimos también tiempo para una ingesta de cine considerable. El arranque lo fijó la encomiable traducción en imágenes de la novela La piel fría de Albert Sánchez Piñol. El encargado de llevar a la gran pantalla el bestseller catalán es el resolutivo Xavier Gens, quien,  respetuoso con el texto original, pone en primer plano la acción en un filme que por momentos se mira en el survival horror pero sin descuidar a unos personajes de kilometraje dramático limitado, eso sí. Es un filme cuidado y entretenido, con una puesta en escena admirable y que supera con creces el difícil escollo del diseño de esas criaturas anfibias que acechan a los dos únicos humanos de esa isla perdida y aislada (rodada en Lanzarote).

Muchas menos notas de aprecio condensó A Day. El debut en la dirección de Cho Sun-ho se salda con un thriller encajado en el mecanismo del “Día de la marmota” de un médico encallado a la hora de intentar evitar el atropello de su hija. Como cualquiera de este tipo de películas, el equilibrio para controlar el tedio ante la mecánica reiterativa es complicado, y Sun-ho no logra dar con este, menos cuando sumerge su cinta en esos esquemas melodramáticos que tan mal, por lo general, resuelven desde el cine asiático.

En un giro tonal y de formato, le siguió Have a Nice Day. El anime de Liu Jian es un valioso retrato de la China post-comunista en clave de un neo-noir que bebe de Tarantino pero también del Jia Zhangke de Un toque de violencia. Pese a la simplicidad de su animación, la película salpica sangre corrosiva sobre la bajeza moral que reina en la actual sociedad china. Una instantánea sobre el reverso criminal de la china capitalista articulado alrededor de un esquema narrativo basado en las historias cruzadas de unos personajes dominados por la desafección emocional hacia sus propios instintos y acciones.

Y terminamos la jornada con Sweet Virginia de Jamie M. Dagg. Pieza de cine negro rural sobre los esquemas epidémicos de violencia que parecen incrustados en la América profunda. Esta vez a través del cruce de caminos de una serie de personajes habitando en una pequeña y poco atractiva población de Virginia, cuyo destino se precipita con un triple asesinato demandado por una de sus habitantes. Un thriller de cocción lenta, con una fotografía y una solvencia interpretativa (Jon Bernthal, Christopher Abbott, Imogen Poots y Rosemarie Dewitt) indiscutible, que solicita su  alineación con Fargo y Mátalos suavemente, aunque sin el recorrido de calidad de estos, e incluso, un escalón por debajo si se la compara con la otra gran muestra del noir rural que ha recibido el festival, Wind River. Sin esas comparaciones desfavorables, Sweet Virginia es un más que decente thriller criminal.

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