Cine Punk

Toda obra artística desprende, en mayor o menor medida, influjos propios del momento histórico en que fue creada. Hay obras muy arraigadas a la época en que se realizaron, y en la mayoría de los casos, éstas no envejecen favorablemente con el paso de los años, están demasiado vinculadas a un periodo en concreto. Y así ocurre con Jubilee, un filme del director de culto Derek Jarman.
La película es de 1978, y para muchos supone la primera película punk en plena efervescencia del movimiento que ya se olía el inminente mandato de Tatcher. Jubilee es una obra vinculada plenamente a su tiempo, y más en concreto a un particular movimiento social, que tuvo su principal faro en el panorama musical que los Sex Pistols, The Clash y compañía se encargaron de dinamitar para erigirse como los nuevos abanderados.
Jarman elabora una delirante y extravagante película que parte de una historia surrealista, extraña, incoherente, y que ralla el límite de la paciencia. La misma empieza cuando la Reina Isabel I (1578) le pide al mago de la corte que le proporcione una visión de “la sombra de su tiempo”, poco después su deseo se convierte en realidad, y la reina es transportada hasta la Gran Bretaña del futuro: un paisaje post-apocalíptico, demolido y donde reina la violencia. Una violencia que practican la mayoría de punks que dominan las calle de Londres, y que protagonizan esta bizarra cinta.
Si se logra superar el esfuerzo conceptual y de ritmo que suelen imponer las obras de Jarman, el espectador se topará con una otra valla de más altura, y es que la película tiene un peculiar estilo estrechamente ligado a la época punk, hasta el punto de que en lo que en aquella época era un arduo esfuerzo para ondear la bandera de la polémica, ahora ya no lo es. Ni su acentuado look, ni su violencia a lo Kubrick en La naranja mecánica, logran causar las mismas respuestas que debió causarle al espectador de finales de los 70′s. Es un filme anárquico, insultante, provocativo y caótico, rasgos que podríamos vincular al movimiento punk, pero que a día de hoy parecen muy alejadas de las generaciones de jóvenes, a pesar de que los problemas de fondo siguen siendo parecidos.
Jubilee queda de esta forma, como un filme de culto al que aproximarse por curiosidad, para presenciar el reflejo de un período histórico importante, pero no intenten escudriñar su fondo (porque ni creo que haya mucho que buscar, ni la búsqueda será sencilla). Quizás por esta dificultad por destapar el significado que Jarman impregna en sus imágenes y en su mínima expresión narrativa, hace que la digestión del filme no sea nada gustosa, y mucho menos para los que se adentran en el mundo ficticio que propone sin estar prevenidos de la situación. Una obra más cercana a la performance art, que a la narración cinematográfica clásica, pero en todo caso, un ejemplo significativo de este director inglés que se desenvolvía con facilidad por todas las disciplinas artísticas como hombre del renacimiento.

