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La cinta blanca – Michael Haneke

posted by Marc Muñoz 16 enero, 2010 2 Comments
Lazos del mal

Los que hayan caído alguna vez en el radio de acción de ese bateador de conciencias apellidado Haneke sabrán que es difícil salir de uno de sus filmes con el estomago intacto. El director de origen austriaco tiene facilidad para estremecer y angustiar a la sala de butacas con sus afiladas y violentas obras. Su última película, La cinta blanca no es una excepción, si bien, se distancia algo de sus anteriores trabajos por el tratamiento formal escogido.

Haneke nos sitúa en Alemania, en un tranquilo pueblo protestante del norte. Ahí sus habitantes viven en armonía trabajando para el barón que posee extensos terrenos para la siembra. Bajo esta aparente idoneidad, que se refleja en la cotidianeidad de sus habitantes, y con un blanco y negro nada gratuito, los acontecimientos trágicos, de carácter malévolo, empiezan a alterar la vida del pueblo.

Resulta inevitable ser arrastrado y arañado por el terrible tono y ritmo que marca la trama de la película. A pesar de las alertas lanzadas por una voz en off del anciano que relata  sus días de maestro en el pueblo, y en la que nos advierte de los giros trágicos que estamos a punto de contemplar, uno no puede más que amarrarse a la butaca para sufrir en propias carnes la fina pero intensa mirada de Haneke sobre la violencia, sus orígenes y la culpabilidad, verdaderos temas que empapan todo el celuloide de este cineasta.

En La cinta blanca, Haneke opta por un estilo frío y distante para mostrarnos esa sociedad empecinada en la rectitud, los valores puros, pero que bajo esa forzada capa de tintes religiosos se esconde la hipocresía malsana de sus máximos predicadores. Y toda esta toxicidad la vuelca en los adultos, unos adultos obsesionados en implicar, y sobre todo aplicar con mano dura, los valores absolutos que dicta la Biblia. Es su carácter inflexible y su aplicación férrea el que mella el carácter de los niños de la película, presentados por su autor como las verdaderas víctimas de toda la atrocidad.

El director de Funny Games se centra en cómo estos niños interiorizan los mandamientos absolutos e incuestionables de sus férreos padres. En cómo esto repercute en su personalidad y en sus acciones. Unos valores de claro signo religioso, pero que cuando estos muchachos crezcan será bono y pasto de otros valores absolutos: los políticos que los llevaran a apoyar y a ser actores de la máxima barbarie del siglo pasado.

Así pues, Haneke se aproxima en su última película al germen del mal, a esa sociedad alemana castigada por una educación familiar extrema que después apoyaría el régimen del terror que lideró Hitler.

A pesar de que el filme va creciendo y te va atrapando en ese discurrir macabro y atroz, su director ha optado por un estilo sobrio, por un distanciamiento frío, por la elipsis, la acción fuera de cámara, aquí la violencia se percibe pero no se observa. Todo el ambiente tenebroso que respira el pueblo lo muestra con frialdad de cirujano, algo que puede llegar a repercutir en la atención del espectador hacía la cinta.  

No obstante el director de La pianista deja varias secuencias palpitando en la mente de los espectadores, como aquella en la que el medico insulta y tira en cara a su amante todos sus defectos, o aquella en que sus dos hijos pequeños tienen una pequeña charla sobre la muerte, para citar tan solo dos ejemplos. De hecho el único rayo de luz de la película son los momentos amorosos entre el maestro y niñera del barón. Todos lo demás parecen estampas terroríficas protagonizadas por los niños de El pueblo de lo malditos pero con la luz y la presencia de Bergman en su ambiente.

La cinta blanca plantea más preguntas que respuestas, de hecho las grandes incógnitas de su trama se dejan a interpretación libre del espectador. Pero resulta indudable el talento de este director para machacar el aire inocentón de quien se acerca a ver sus filmes sin estar preavisado. Sus películas son materia apabullante y desgarradora, y la que aquí nos ocupa lo demuestra.   

marco 75

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2 Comments

Globos de oro 2010: Cine | El Destilador Cultural 18 enero, 2010 at 14:02

[…] La cinta blanca – Michael Haneke […]

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José Luis Muñoz 6 febrero, 2010 at 02:03

Creo que LA CINTA BLANCA es una de las películas más redondas de Haneke. Un filigrana cinematográfica, cuidada hasta en el más minimo detalle, que disecciona la sociedad alemana a través del microcosmos de una aldea y los sucesos que tienen lugar en ella. Pocas veces se ha visto en el cine unas interpretaciones tan ajustadas y creíbles y Haneke demuestra ser, una vez más, el maestro del fuera de plano. Puro cine.

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