Origen – Christopher Nolan

Sueños de ensueño

A razón de una película cada dos años, Christopher Nolan ha logrado desarrollar una carrera meteórica en el seno de Hollywood. Inauguró el primer año del nuevo siglo con la sorprendente, y sobre valorada, Memento. A partir de ésta, y descontando la fallida Insomnio, ha ido creciendo como director, hasta el punto de convertirse en uno de los más reputados por parte de crítica y público. Con Origen alcanza el cenit de esta etapa que ha recorrido a lo largo de la década, y lo sitúa en una situación privilegiada dentro del panorama de directores de cine y de cara al futuro del cine hollywoodiense.

Es pronto para ver que trascendencia le guarda la historia a la película de Nolan, pero de momento, de lo que no cabe duda es que su fantástica historia ha seducido por igual a crítica y público, con un planteamiento novedoso y original, que deslumbra tanto a nivel formal como en narrativa.

Origen (Inception) nos sitúa en un mundo en que la tecnología permite entrar en el mundo de los sueños de las personas. En ese contexto Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es el mayor experto en extracción de los secretos que subyacen en el subconsciente de las personas, una práctica muy solicitada por las corporaciones. Una de ellas le encarga un trabajo aún más difícil: implantar (la “inception” que alude el título original) una idea en la mente de un poderoso heredero. Si el trabajo sale bien, Cobb  podrá recuperar lo más preciado: sus hijos. Sin embargo, para ello deberá lidiar con sus propios fantasmas instalados en lo más profundo de su mente.

Con este argumento Nolan edifica un estridente thriller futurista que navega también por los cauces del noir, el cine de acción, la ciencia-ficción y el subgénero del cine de atracos. Su abanico de referencias también es diverso, pasando de las evidentes comparaciones con Matrix, a la confusión entre sueño y realidad de El año pasado en Marienband, a toda la trama de preparación del grupo que acompañará a Cobb visto en infinidad de películas de géneros diverso, a la ejecución del plan que puede recordar a filmes de atracos como Ocean’s Eleven, o las secuencias de acción que nos obligan a pensar en la saga Bond o películas como Heat. Y precisamente aquí radica una de las mayores virtudes del director que es la de tejer su película con un aparente nuevo patrón, que pese a las referencias evidentes, consigue distinguir al conjunto como algo original y rompedor.

Otro de sus mayores aciertos es conseguir implicar al espectador en una historia que se presenta como compleja y difusa (sobre todo en su tramo inicial). Las constantes dudas entre sueño y realidad (patentes hasta en su plano final) acentúan su narrativa enrevesada, pero pese a ello, el espectador podrá seguir sus 148 minutos de metraje gracias a la claridad expositiva que logra un diseño de guión tan preciso y perfeccionista como el plan que ejecutan los protagonistas de la cinta.

Su arriesgado argumento inmerso en lo onírico da cancha a su fascinante cara formal; el mundo de los sueños y sus recovecos le sirve a Nolan de excusa ejemplar para dar rienda suelta a todo su poder visual, evocador y fascinante. Con Origen consigue una puesta en escena espectacular y deslumbrante, que deja la sensación de estar viendo mundos asombrosos que sólo el cine puede reproducir como reales (no se parecen para nada a nuestros sueños). Pero precisamente ahí radica la potencia del cine como instrumento generador de fantasía, y Nolan lo aprovecha a la perfección en una historia que da pie a ello. Memorables resultan el primer encuentro de Ariadne (Ellen Page) con el mundo de los sueños, en esa cafetería parisina que explosiona como este famoso anuncio de Sony. O cuando Ariadne se siente a gusto en su nuevo rol de arquitecta de los sueños y nos muestra un París envuelto en él. También para recordar los momentos sin gravedad en el hotel del segundo nivel del sueño. 

El mérito de este espectáculo visual hay que atribuirle en buena parte a Nolan como arquitecto del mismo, pero también a todos sus ayudantes que mediante los sobrecogedores efectos especiales, la acertada dirección fotográfica, el inimaginable diseño de producción, o la majestuosa banda sonora (a cargo de Hans Zimmer) ayudan a crear este espacio ignoto. En Origen los conceptos de espacio y tiempo son constantemente manipulados por sus autores mediante los personajes que circunscriben el hilo narrativo por el que transcurre la historia.

La inmersión en ese mundo de los sueños no hubiera sido completa si el inmenso reparto no hubiera estado por encima de lo aceptable. Empezando por un Leonard Di Caprio con el que muchos se reconciliaran, y siguiendo por el resto del lujoso reparto: Joseph Gordon-Levitt, Ken Watanabe, Ellen Page, Michael Caine, Tom Hardy, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard.

Por si no fuera poco, y pese a su larga duración, la película mantiene agarrado al espectador con fuerza a lo largo de todo su trayecto, sucumbiéndolo a un dilatado clímax final de más de treinta minutos y que acontece en tres espacios/realidades/sueños diferentes. Lo único que llega a lastrar el asfixiante ritmo de la película, es esa historia de amor que aflige a Cobb, y que como elemento narrativo resulta vital para comprender la dimensionalidad del personaje y sus antagonistas internos, pero que a nivel de ritmo y tono resulta un poco repetitivo y superficial.

Con Origen, Christopher Nolan ha establecido el paradigma de lo que debería ser un blockbuster. Su inagotable ensoñación creativa ha posibilitado un mundo ficticio que quedará grabado durante tiempo en la mente de los espectadores, y eso no es solo una grandísima noticia para un verano, sino que también lo es para un mal año.

  

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