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Un profeta – Jacques Audiard

posted by Jose Luis Muñoz 13 marzo, 2010 1 Comment

La solvencia del cine francés para abordar el cine policiaco está fuera de toda duda y de Francia salió, posiblemente, uno de los mejores realizadores de ese género: Jean Pierre Melville, todo un icono. De su vinculación al polar hizo la nouvelle vague uno de sus más atractivos banderines de enganche y A bout de soufflé, puro cine negro, fue, para mí, la mejor película de Jean Luc Godard. Esa buena relación de la cinematografía gala con los textos negros sigue hasta nuestros días y Un profeta, la última película de Jacques Audiard, es un buen ejemplo de ello.

Este drama carcelario, tan áspero como cortante, y esto último lo digo en doble sentido, coincide en cartelera con otra película negra española y parecida temática, Celda 211, que uno piensa habría tenido mejor suerte en los óscar a la mejor película extranjera que la seleccionada. Como Celda 211, el film de Audiard retrata el mundo carcelario con una mirada realista y el espectador pasea, cogido de la mano del director, por una realidad ajena pero próxima.

Condenado a seis años de prisión por un delito de lesiones y resistencia a la autoridad, Malik El Djebena (Tahar Rahim, un fresco descubrimiento del cine galo) es un joven magrebí de 19 años, marginado y delincuente de poca monta, que no sabe leer ni escribir. Cuando llega a la cárcel, sin ningún tipo de relación con los enclaustrados, parece la típica presa fácil que será devorada por el duro entorno de delincuentes aguerridos que se distribuyen sus áreas de poder en el presidio con la connivencia de funcionarios corruptos. Uno de los capos de la prisión, Cesar Luciani (Niels Arestrup en una interpretación inquietante), el cabecilla de la banda de corsos nacionalistas con turbios negocios mafiosos en donde política y delito van de la mano ? lo que ha provocado las protestas de los grupos independentistas de la isla francesa ?, lo somete y le obliga a cometer una ejecución espantosa de un confidente que debe morir porque su testimonio podría perjudicarle. Ese crimen, impune ? ahí está el único error de la película?, lo convierte en uno más de la banda de los corsos, en el criado fiel y manso de su tétrico jefe para el que trabajará en sus salidas de prisión en ajustes de cuentas, hasta que el siervo se rebela contra su amo y usurpa su trono.

La historia de Un profeta, críptico y no muy afortunado título, no es novedosa, pero sí la forma en que Jacques Audiard la aborda. El criminal que la protagoniza, de una aguda inteligencia aunque carezca de cultura, demuestra ser un tipo de fría cabeza, dispuesto a todo para sobrevivir. El criminal se redime, y la película tiene, incluso un cínico final feliz, que sería impensable en una película norteamericana, a través del delito, del que no abjura sino todo lo contrario, en el que escala socialmente hasta conseguir una ansiada independencia y trabajar por su cuenta en el mercadeo del tráfico de drogas a gran escala.

Jacques Audiard ? Un héroe muy discreto, Lee mis labios y De latir mi corazón se ha parado ? combina acción, escenas carcelarias de alto contenido violento, que obligan a cerrar los ojos ? el protagonista, convertido en sicario, secciona limpiamente la carótida del confidente con una cuchilla que esconde debajo de la lengua ? con otras de realismo mágico ? víctima y verdugo dialogan, y la primera se erige como conciencia de su asesino ? y una trama negra más convencional que describe las fechorías del magrebí Malik El Djebena por cuenta ajena y propia aprovechando sus permisos carcelarios .

Audiard no huye nunca de las convenciones del género, por el que transita con comodidad, sin necesidad de subrayados, y aporta una mirada lúcida y un tanto cínica a esa historia de un pequeño delincuente que verá recompensado su tránsito por la cárcel, una escuela de aprendizaje, con una familia ? la guapa viuda de un colega enfermo terminal de cáncer y su hijo? y su ascenso en el estatus de fuera de la ley. En esa lucha por espacios de poder que es la cárcel, un microcosmos cerrado que repite, sin maquillajes embellecedores, la crueldad de la lucha por la supervivencia del mundo externo, Audiard toma partido por ese lumpen delincuente, aparentemente anodino, con crisis de identidad ? no sabe bien si es árabe o corso ? que se rebela contra la férrea dictadura imperante e impone su voluntad a costa de sufrir un sinfín de humillaciones ? como cuando Cesar Luciani, en un violento ataque de ira y en su afán por reafirmar su autoridad, está a punto de sacarle el ojo a su discípulo con una cucharilla ? para luego tomarse, en frío, su vaso de venganza.

Cine negro del bueno con denominación de origen europea.

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