Somebody to love, something to laugh

En la actualidad coexisten una serie de realizadores con la pasmosa capacidad de regalarnos una propuesta por año. Directores veteranos como Woody Allen y Clint Eastwood nos acostumbran a citar una vez por año, de hecho el último nos convoca a finales de mes con Invictus. Un reducido grupo de artistas productivos al que deberíamos empezar a sumar a los hermanos Coen. Tras su inteligente y disparatada Quemar después de leer del pasado año, vuelven con Un tipo serio, otra comedia, mucho más sencilla, personal, y sin grandes estrellas de por medio, pero igual de enmarcable.

Un tipo serio se centra en la vida de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física del medio-oeste norteamericano, que vive con sus dos hijos y su esposa en una casa con jardín, y que ve como su hasta entonces “modélica” y corriente vida se va derrumbando. Larry es un hombre justo, serio, que va viendo como su aburrida mediocridad es arrastrada por una desdicha de infortunios.

El primer acierto de esta pareja de hermanos es abordar la historia de Gopnik desde un humor refinado e inteligente, nada exagerado, sino, más bien sutil, y construido a través de su guión y de la excelente composición de personajes. Uno de los puntos más logrados es convertir esa cotidianeidad típica y gris en algo excéntrico y exótico sin caer por ello en la desmesura.

Pero en lo que realmente la película de los Coen deslumbra es en su mirada mordaz, ácida y crítica a la religión, al entorno judío que mamaron de pequeños, y al sin sentido de la vida. Todo esto queda bien reflejado a través de toda la angustia existencial que va haciendo mella en el personaje de Gopnik. Un hombre de clase media que ve como todos sus ideales se desmoronan, y no sólo no logra encontrar la explicación a sus males (ni en lo divino ni en lo terrenal), sino que encima  deberá enfrentarse a diversas tentaciones, y al siempre presente sentimiento de culpabilidad.

Aquí los Coen se ríen de las tradiciones, de los tabúes que éstas configuran, y de todo lo trascendental ( lean entre líneas ese glorioso final, tremendamente sarcástico).

Un tipo serio es una comedia divertida, surrealista que crece gracias a la variopinta fauna de personajes que ha conseguido plasmar. Unos personajes exagerados cada uno en su medida, y construidos desde el mismo guión,  pero realzados por las no menos excelentes actuaciones de un reparto desconocido (impresionante labor de casting), en el que destaca Michael Stuhlbarg en su rol protagonista. Quizás no supone una evolución en la meteórica carrera de esta pareja de hermanos de Minessota, pero desde este mismo momento se posiciona como una de las comedias más brillantes del año entrante.  

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