CineCrítica

Up in the air – Jason Reitman

posted by Jose Luis Muñoz 9 Marzo, 2010 0 comments

Un plano cenital de la tierra vista desde el aire, desde un avión, la casa en donde más tiempo pasa el protagonista de esta película, nos describe perfectamente el escenario por donde se moverá este film, de ritmo casi perfecto e inteligentemente divertido, de sonrisa que no de carcajada, que rezuma por todos los poros de su celuloide la suficiente dosis de mala leche como para que sea considerada una comedia modélica: el territorio neutro de los aeropuertos, las cadenas hoteleras y los exclusivos restaurantes.

Ryan Bingham (George Clooney) es un especialista en recortes financieros, macabro eufemismo, que se dedica a hacer más llevaderos los reajustes de empleo de empresas en crisis, algo que, según su propia expresión, no tienen huevos de hacer los empresarios afectados: despedir a la gente, situación que él enfrenta con grandes dosis de psicología, humor y humanidad, según quien tenga delante al dar tan traumática noticia que puede provocar hundimiento psicológico, ira ciega o desesperación de los afectados, porque nadie afronta con el mismo talante una mala noticia de esa envergadura. Pero es un empleo que a Ryan le gusta, y con el que disfruta pese al dolor que causa, porque le permite tener un despreocupado estilo de vida, transitar por aeropuertos, hoteles y coches de alquiler mientras va de un lado a otro del país, tener asiento bisness y disfrutar de trato preferencial en las mejores compañías aéreas, y acumular puntos en su tarjeta exclusiva de cliente a la que le falta poco para alcanzar el objetivo de su vida: 10 millones de millas. Todo lo que necesita le cabe en esa maleta con ruedas que es una extensión de su brazo y maneja como si fuera su propia mano. En uno de esos fugaces viajes de punta a punta de Estados Unidos se encuentra con la horma de su zapato, Alex  (Vera Farmiga), una simpática, elegante y seductora alta ejecutiva, con tanto glamour y tarjetas exclusivas como él ? hilarante la secuencia en la que ambos vacían sobre la mesa las tarjetas de sus billeteros para ver quién tiene más ? de la que, tras unos cuantos escarceos frívolos en las camas de los hoteles, se enamora a su pesar. La vida laboral de este ejecutivo peligra  cuando su jefe (Jason Bateman) le anuncia que lo van a sustituir por un empleado virtual que hará sus funciones desde la pantalla de un ordenador, un invento de Natalie Kenner (Anna Kendrick), una joven y agresiva ejecutiva recién ingresada en la plantilla de la empresa que quiere economizar gastos y amenaza con convertirlo en un empleado estable recluido en una oficina, algo que él no está dispuesto a aceptar. Las tensas relaciones de Ryan Bingham, que ve peligrar su estatus exclusivo y su forma de vida, con esa  joven y advenediza experta en eficiencia, cuyos métodos trata él de dejar desacreditar y dejar en evidencia, centran la parte media y final de la película.

El canadiense Jason Reitman ( Juno, Gracias por fumar) maneja a la perfección el lenguaje fílmico ? modélica la secuencia en la que Ryan Bingham da una lección magistral de cómo tiene medidos los tiempos para circular por los aeropuertos, su verdadera casa de la que conoce todos sus trucos, y que filma con el ritmo de un ballet sincopado ? y los resortes de esta comedia romántica, de cuyo guión es coautor, que cuenta con dos actores perfectos, el siempre efectivo George Clooney, sin duda el heredero indiscutible de ese otro gran cómico que era Cary Grant, y la muy atractiva y luminosa Vera Farmiga, que opta a un óscar por su interpretación de la versión femenina, y más dura, de Clooney: amarga la decepción la que experimenta el soltero ejecutivo, cansado de serlo que es Ryan  Bingham, cuando llama a la puerta del hogar de su glamurosa amante de hoteles y restaurantes y descubre que está felizmente casada.  

Quizá el único punto débil de la película se situé cuando Ryan Bingham, solterón modélico, deba convencer a su futuro cuñado de las bondades de un matrimonio que no conoce pero empieza a plantearse para dar sentido a una vida vacía. Ahí se produce un pequeño chirrido del ritmo trepidante de Up in the air que no ensombrece sus muchos hallazgos.

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