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Winter’s Bone – Debra Granik

posted by Jose Luis Muñoz 15 Febrero, 2011 0 comments

No es habitual que una producción indie, pequeña como ésta, se cuele en las nominaciones de los Oscar (mejor película e intérprete, entre otras) pero sí lo es que los films que pasan por el festival de Sundance, una de las mejores aportaciones de Robert Redford al séptimo arte, siempre sean interesantes. La película de Debra Granik obtuvo el premio al mejor guión y el del jurado en su última edición.

Ree Dooly (Jennifer Lawrence, a la que ya vimos en Lejos de la tierra quemada de Guillermo Arriaga) es una chica de 17 años, en una comunidad de la Norteamérica profunda, que debe cuidar de sus hermanos pequeños y de su madre enferma mental porque su padre, delincuente habitual, abandonó su hogar. Una fianza pesa sobre la casa de Ree porque el padre no se presentó a juicio y la hija decide buscarlo, desesperadamente, encontrarlo, vivo o muerto, para salvar la propiedad y poder subsistir.

Hay en la película un inquietante trasfondo de cine negro en el medio rural (la protagonista femenina se arroga el papel de detective en sus indagaciones entre los miembros de su pequeña, dispersa y misérrima comunidad) pero hay mucho de retrato socioeconómico de un determinado paisaje humano de la primera potencia del mundo que no suele salir en las glamurosas producciones de Hollywood, en el cine entretenimiento. Debra Granik radiografía ese reducido microcosmos endogámico, en el que todos sus miembros son parientes (tíos, abuelos…) sin que ello impida que se odien a muerte y ajusten cuentas entre ellos.

Winter’s Bone es un retrato de los desheredados de la tierra, de los hijos de esta segunda y profunda depresión norteamericana, los excluidos del sistema que nunca han votado ni votarán en unas elecciones, que malviven entre bosques, lejos de toda civilización, en un ambiente en el que se acentúan los instintos primarios de supervivencia: comen ardillas, coleccionan armas de fuego para defenderse los unos de los otros, organizan tristísimas veladas de country, se destrozan los coches mutuamente, viven en perpetua amenaza, desconfían los unos de los otros…

Pocas veces el cine norteamericano había retratado con tantísimo acierto a ese segmento pobre (se calcula que un 30% de su población) de Estados Unidos. El aire enrarecido y hosco de Winter’s Bone retrotrae a La matanza de Texas  de Tobe Hooper (una de las secuencias  parece que va a terminar así) y a Deliverance, la película de John Boorman sobre la brutalidad de la Norteamérica profunda.

Una ambientación cuidada, una fotografía que produce frío, una cámara que se mueve como un bisturí en el caos de esos hogares desestructurados y unos secundarios que parecen directamente extraídos de esos andurriales, y no actores, contribuyen a dar mayor verismo a esta película tremenda que nos habla de una realidad oculta y poco agraciada.

Un film sobresaliente, sin duda.

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