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La perdiz blanca – Cecilia Bardají

posted by Jose Luis Muñoz 10 Julio, 2010 2 Comments

Resulta inhabitual que una primera novela alcance las cimas de perfección y consiga transmitir emociones al lector por la intensidad con que están escritas y la belleza literaria que llevan dentro.  La perdiz blanca es un rara avis, como su mismo título indica, un espécimen extraordinario de esas características, sorpresa y goce, uno de esos libros que caen aleatoriamente en mis manos y que no tengo el más mínimo reparo en recomendar con entusiasmo porque sería una lástima que esta joya, tallada con delicadeza por las finas manos de Cecilia Bardají, pasara desapercibida, quedara en el olvido.

Una niña es la narradora de esta historia que transcurre en las estribaciones pirenaicas de la Maladeta, los montes Malditos y, a través de sus ojos y sus reflexiones, el lector entrará con ella en el mundo complejo y fantástico de la infancia y percibirá la realidad que le rodea bajo su prisma. Es una niña que vive en un ambiente rural, que tiene una madre abnegada que trabaja en el hogar, para que la familia sea feliz, y un padre cazador y brusco al que todos, en la familia, detestan.           

Para mi padre, ausente dos días de caza por los montes, ojalá se pierda en uno de ellos, no habrá canelones; el desprecia estas comidas no propias de su tierra.           

No es una novela en la que sucedan grandes cosas, no hay tremendismo rural, aunque si violencia soterrada que flota en el ambiente, sino mirada interior, paisaje admirablemente descrito, recreación de escenarios que resultan tan visuales como táctiles u olfativos, descripción de personajes tamizados siempre por esa mirada infantil, y fantasía, como la de la misma protagonista que cree que su cuerpo está invadido por hormigas e incluso siente, y lo transmite al lector, su correteo por el interior de su cuerpo. 

El misterio de la muerte, los despertares a la sensualidad, cuando se encierra en un cuarto con unas amigas e inician exploraciones corporales, la visión del padre como algo ajeno y destructor de la armonía familiar, con quien apenas cruza algún monosílabo la protagonista, las muchas horas de soledad e ensimismamiento que se producen en la vida de esa niña que se fabrica su propia realidad para rehuirla, los narra Cecilia Bardají con prosa bellísima y cuidada que se ajusta de forma milimétrica a lo narrado, que nunca desafina, porque en La perdiz blanca la literatura se hace música, en ninguno de sus compases.

Hace muchos años Juan Marsé me dio una de las claves de su literatura. Una novela tiene que sonar bien al leerla, hay que acertar con la palabra exacta, y huir del sonajero y de lo artificial. Cómo se consigue eso es la magia de la literatura y no aparece escrito en ningún manual porque es un don. Y eso es lo que hay en la prosa modélica de esta novela.              

Ya no abre los ojos la abuela, ni habla ni contesta. A menudo su mandíbula inferior se descuelga y descansa inerte sobre su pecho. En ocasiones silba como si dentro de su boca hospedara todas las llaves que penden de su cuello y a través de cada uno de los ojos de ellas corriera el aire. No entiendo por qué la Muerte se lo rumia tanto, si esta vieja no es rival digno de tenerse en cuenta.            

La novela se cierra con la preparación de un manjar a base de canelones, plato festivo en Cataluña y Aragón, descrito con el mismo énfasis, detallismo y riqueza literaria que El festín de Babette de Isak Dinnesen, una jornada que termina con el final de ese trayecto iniciático que es la infancia, con el definitivo adiós a toda inocencia.           

A partir de aquel atardecer y sueño sin fortuna, las lágrimas no corrieron nunca más de la fuente de mis ojos, porque mi corazón y mi pecho se secaron. Desde entonces y definitivamente fueron uno y otro campo yermo desprovisto de alimento. Solo las hormigas permanecen habitando ambos lugares…

Una maravillosa novela de una calidad literaria extraordinaria. Ahora sólo le hace falta el reconocimiento, algo que tantas veces resulta esquivo y es otro misterio que uno tampoco encuentra en ningún manual.

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2 Comments

tutifruti 15 Septiembre, 2010 at 22:12

Bajo mi humilde opinión. Me he leído esta novela y aunque la prosa está muy cuidada y las descripciones sútiles, el meollo del libro, la narración, es confusa, demasiada descripción que no conduce a nada es decir mero ejercicio de estilo. El lenguaje me ha parecido muy anticuado como si se tratase de castellano antiguo. En el transcurso de la novela he perdido el interés.

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José Luis Muñoz 16 Septiembre, 2010 at 00:38

Yo creo que la autora describe muy bien la infancia, como tránsito que se acaba con la pérdida de la inocencia, que hay violencia soterrada y misterio en el personaje del padre. Y el lenguaje está buscado que sea así, precisamente, es el envoltorio literario preciso para una novela intimista y rural en la que los detalles son importantes.

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Diez autores en busca de lector y diez libros para regalar por Navidad | El Destilador Cultural 18 Diciembre, 2010 at 14:57

[…]  La perdiz blanca (Ediciones Libertarias, 2010) […]

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