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La sopa de Dios – Gregorio Casamayor

posted by Jose Luis Muñoz 25 agosto, 2010 0 comments

En su primera novela Gregorio Casamayor (Cañadajuncosa, 1955), autor del libro de relatos Borrón y cuenta nueva, opta por el género negro y lo adereza con un sentido del humor realmente vitriólico aprovechándose de la personalidad de su protagonista y narrador, Fede Cortés, un asesino de la tercera edad que escribe su historia exculpatoria, en primera persona y desde la enfermería de la cárcel, en donde su vida no es mucho mejor que cuando estaba libre. 

El desayuno, aquí en la enfermería de la cárcel, es vomitivo, como la comida y como la cena. Monótonas. Frías, Sosas. Preferiría una pastilla, o que me conectaran el suero.

Casamayor, con una prosa perfectamente medida a lo que cuenta, directa, levantando la sonrisa del lector casi en cada párrafo, relata el día a día de eso que llamamos tercera edad y lo hace con buenas dosis de causticidad.  

De lunes a sábado el brigada llevaba una vida lamentable en el barrio. Como la mía. Como la de cualquiera de los jubilados y prejubilados que pululamos por esas calles empinadas como almas en pena. Somos muchos y a todos nos aquejan los mismos males, que sí un poco de azúcar, la tensión alta o baja, el colesterol, la artrosis, casi podríamos intercambiarnos las recetas. Y sin el casi. Una vez a la semana, o cada quince días, solemos citarnos todos en el ambulatorio, que es el lugar de encuentro por antonomasia. El parlamento del barrio. Antes de entrar en la consulta ya nos hemos diagnosticado y recetado.   

La sopa de Dios es bastante más que una intriga criminal bien servida ? aunque el protagonista narrador se encargue de omitir sus propios delitos con premeditadas elipses? porque Casamayor se centra más en describir, con acierto, la vida de barrio, la de esa Ciudad Meridiana, excrecencia marginal de Barcelona, por donde se mueve el infortunado Fede Cortés, jubilado que se enrolla con facilidad con las mujeres de la limpieza que pasan por su casa, que hasta tiene la desdicha de casarse con una de ellas y tener que aguantar a los dos angelitos que tiene como hijos, una poetisa analfabeta que tiene el brazo picoteado por la jeringuilla y un chapero que, a punta de navaja, lo lleva al cajero para que le suelte la pasta. Y en ese universo canalla se mueven personajes tan variopintos como el brigada, secundario de lujo de la novela, al que en el barrio admiran porque disparó a la cabeza a un pobre delincuente  que asaltó el bar del barrio,  sujeto que se baña una vez a la semana, se acicala como puede los domingos con un traje sucio y arrugado, se va a comer a Casa Leopoldo y se encierra con una señorita en un hotel, rutina que repite semana tras semana y  le hace sospechar a Fede que ese ritmo de vida le debe venir de algún golpe que dio el chusquero retirado y no de su parca pensión de militar, o el detective, el señor Búho, al que  pone sobre la pista de su vecino militar y le escribe informes tan llenos de faltas ortografías que horrorizan al protagonista narrador.

En esta primera incursión en el género de moda Casamayor construye una novela modélica, muy amena, en donde los ambientes están perfectamente descritos con prosa visual y efectiva, la caracterización de los personajes es ejemplar, sin descuidarse de ninguno de ellos, y retrata, con acidez, pero también con una cierta ternura, esa vida de barrio marginal al que se ven abocados a vivir pensionistas a los que la mensualidad no les llega a final de mes y han de estar constantemente trampeando.

Casamayor hace buena, en su novela, esa teoría, esgrimida por muchos teóricos del género, de que nuestra novela negra arranca de la picaresca del Siglo de Oro, porque pícaros, con un endiablado sentido del humor negro, son todos los personajes que pueblan La sopa de Dios.

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