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Maravilla en el país de las Alicias – Antonio Altarriba

posted by Jose Luis Muñoz 19 Junio, 2010 1 Comment

Cuatro historias componen este variado recital de literatura erótica que toma el nombre del último. En el primero, El telar de Penélope, el autor narra como la astuta Penélope abandonada por Ulises y asediada por los pretendientes que, con ella, desean el trono de Ítaca ? Tras él quedaba un pequeño charco de sangre, sudor y esperma. La esencia de los hombres, se dijo, la que les da el poder y también la que les lleva a perderlo. ?  al mismo tiempo que teje y desteje la tela urde una lasciva estratagema que consiste  en entregarse por persona interpuesta a sus pretendientes Eurímaco y Antínoo, a través de la fiel y hermosa sirvienta Eurínome, para evitar ser de ellos realmente ? Habían ocupado su palacio, habían violado la intimidad de sus aposentos, pero nunca la penetrarían ? , y de cómo entre ambas urden un ingenioso plan para que sus dos pretendientes más fogosos crean poseerla, conformando reina y sirvienta un cuerpo único ? Antinoo creía recibir los favores de una reina cuando, en realidad, se estaba acostando con el servicio. Penélope, segundos después del acople, experimentó la gran satisfacción de estar engañando a un miserable. Y ambas apreciaban la estrecha complementariedad que se creaba entre ellas. Una gozaba en silencio y la otra suspiraba sin placer.  ? y así mantenerlos enfrentados y recelosos el uno del otro.

En el segundo, Los mil y un días de Sherezade, traza un paralelismo entre narración oral/sexo?Al fin y al cabo el sexo, orificio de la copulación, y la boca, orificio de la narración, no sólo constituyen nuestras principales aperturas al exterior sino que se oponen en una perpendicular perfecta del cuerpo, quizá en una conexión esencial del organismo? y narra la iniciación de la narradora de historias de Las mil y una noches de manos, o debería decir, de boca de Camaralzamán, el mejor cuenta historias de Bagdad ? el semen de Camaralzamán no era semántico ? a quien realiza una felación y copula mientras narra a los embelesados oyentes.

Horror, humor, tétrico, y sexo reinan en el relato titulado Frankenstein y la electricidad, en el que el famoso doctor, como antídoto a la muerte que le rodea, descubre el placer de los burdeles ? A partir de aquella noche la vida de Frankenstein osciló entre el cementerio y el burdel ? por los que deambula como voyeur privilegiado de una sesión sáfica entre cuatro meretrices y practica con ellas un sexo más táctil que penetrativo hasta que cae en las manos de La Viuda, misteriosa prostituta que vela su rostro y le inicia en un juego sexual tan excitante, estabularle el sexo después de una sesión de cópula, que se olvida de la terrorífica criatura que ha creado con remiendos de cadáver y esperar revivir en su laboratorio.

Y en el cuarto relato Altarriba ajusta cuentas con Alicia, la protagonista y sobrina de Lewis Carrol, que da rienda suelta a su lubricidad, se deja desvirgar por el sombrerero loco, copula con los gemelos Tweedle ante un juego de espejos ? El placer se nutre más de la imaginación que de la realidad, y en el sexo, como en los espejos, todos somos imágenes ? y termina seduciendo a Sir Humphrey Dumphrey, vástago fundacional de la nobleza inglesa.

Cuatro relatos al hilo de cuatro historias clásicas de la literatura universal, trenzados con elegancia narrativa, con los que Antonio Altarriba ofrece al lector una lección de  buen hacer en un género, el erótico, en el que hay que hilar muy fino para no resultar disonante.

Maravilla en el país de las Alicias es un exquisito muestrario de buena literatura erótica en los que el lector encontrará humor, mucha imaginación y un exquisito tacto literario.

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