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Patpong Road – José Luis Muñoz

posted by Jose Luis Muñoz 29 Mayo, 2012 0 comments
Encrucijada en Patpong Road

Patpong Road Jo´sé Luis Muñoz

Claire le reprocha al protagonista de Patpong Road la vulgaridad de su nombre. ¿Pero acaso René Lodosa es un nombre vulgar? ¡Para nada! No cabe duda: José Luis Muñoz está pensando en su propio nombre (que no es vulgar, pero sí común), lo que demuestra que estamos ante una novela biográfica, y que René Lodosa, que es escritor, que es viajero, que es erotómano, no constituye sino un alter ego del autor.

¡Pero hay que entender esta autobiografía! En parte, está calcada de la vida y experiencias de José Luis Muñoz; en parte, es simbólica. Como afirma el protagonista, “yo pertenezco a esa especie de escritores que se basa en su inventiva pero son esponjas del entorno”. El entorno, desde luego, es retratado con minuciosidad realista, hasta el punto de que numerosos personajes –sobre todo los referentes al mundo literario– aparecen con sus nombres y apellidos reales: Manuel Vázquez Montalbán, Andréu Martín, Joaquim Marco, Silverio Cañada, Ferrán Torrent, Ricardo Muñoz Suay, Paco Camarasa, Juan Madrid… “Hay dos tipos de hombres –dice el narrador–: los que tienen fantasías y los que tratan de hacer realidad esa fantasías”. José Luis Muñoz es desde luego de los segundos.

Las perspectivas biográfica y de ficción se alían estrechamente en esta obra para ofrecernos una visión demoledora y apocalíptica de la vida humana: todo es pulsión, egoísmo, interés, soledad y separación. Incluso el amor que se profesan los protagonistas no se basta a sí mismo y necesita de cuerpos interpuestos para mantenerse.

José Luis Muñoz hace por tanto en esta novela un ejercicio de introspección, casi un psicoanálisis, indagando en las causas profundas de su trayectoria biográfica. Y, al mismo tiempo que indaga en su pasado, nos lleva de la mano para que indaguemos en el nuestro.

José Luis Muñoz es riguroso: jamás se muestra complaciente consigo mismo. Cuando analiza el mundo literario, que es su energía vital, su élan, no se ahorra críticas. Si retrata levedad, inconsistencia, ceguera y zafiedad, no por ello deja de resaltar que fue en parte él mismo quien se construyó su ruina. Porque René Lodosa es un fracasado, en la vida, en la literatura, en el amor. Partiendo de un esplendoroso pasado en el que supuestamente lo tenía todo –éxito, dinero, fama, hijos– nos conduce a un presente quebrado y lleno de carencias. De ahí que se trate de una novela iniciática: Si la vida era maravillosa y todo sonreía, ¿quién ha causado el terremoto? ¿Qué ha ocurrido para la debacle?

Con estas preguntas, José Luis Muñoz construye una novela negra, salvo que el suspense ahora no consiste en desvelar a los asesinos o escapar de ellos o descubrir su trama, no; el suspense consiste en conocer la causa del desmoronamiento personal. De este modo, José Luis Muñoz pone al servicio de la Novela (con mayúsculas) las técnicas del género negro, a las que aúna su diestra práctica de la novela erótica. Y yendo más lejos aún, construye una novela de metaficción, es decir, una novela dentro de la novela: a la par que la acción discurre ante nosotros, el protagonista piensa en ella, la imagina y toma notas para su escritura. “Me di cuenta de la comodidad del observador. Y de que estaba trabajando en esos momentos para una posible futura novela cuyo epicentro fuera la capital de Tailandia”.

Género negro, erotismo, metaficción, gran literatura, todo se licúa en “Patpong Road” produciendo un perfume embriagador, que una vez aspirado, hay que seguir hasta el final. Estamos ante la obra cúspide del autor, en la que transgrede todos los géneros que ha cultivado anteriormente para lograr un perfecto ensamblaje y construir una obra que los supera y que, pese a su extensión, se lee ávidamente.

Como en todas las novelas cumbres, en ésta emerge un símbolo que es el cemento que ensambla los diversos materiales: Patpong Road, la zona de los masajes y baños tailandeses, ese lugar que le es obligado visitar a todo turista que se precie. Patpong Road es el nombre bajo el que se mezclan la belleza, la pasión, el sexo, la satiriasis, el amor, la mentira, la desesperación y la ternura. No es gratuito que dé nombre a la novela. Hasta tal punto es poderoso este símbolo, que el autor puede analizar su vida indagando únicamente en los viajes a Tailandia y, de forma singular, en sus visitas al barrio alegre de Bangkok, que se erige en una suerte de agujero negro que lo contiene todo: pasado, presente y futuro. Es precisamente este túnel del tiempo el que le da a Patpong Road su carácter épico, haciendo que la zona sea al mismo tiempo centro de placer y centro de fracaso de la vida del protagonista. Las sombras y las luces, en inextricable abrazo. Lo apolíneo y lo dionisíaco, fundidos. Patpong Road revela el inconsciente del protagonista, y el inconsciente del protagonista se proyecta sobre Patpong Road.

En este objetivo grandioso y literario, el verdadero personaje es Tailandia. O bien Tailandia cobra el rostro del protagonista. José Luis Muñoz lleva a cabo la operación de forma magistral, porque ya ha hecho este camino muchas veces, y las ciudades son amantes para él. En “Llueve sobre la Habana”, la ciudad pesa más que Bemba, la protagonista. Lo mismo ocurre con Caracas en “La caraqueña del Maní”. Y tantas otras novelas del autor. Y siempre, el erotismo por medio, un erotismo consumado, que nunca se aja, que no se repite, que jamás es obsceno porque está nimbado por el aura de la belleza.

El espejo que es Patpong Road refracta incluso la transición española, con sus grandezas y miserias, que se extrapolan al éxito y al hundimiento posterior del protagonista, convirtiendo el mundo literario en una metáfora de la sociedad española, hasta el punto de que la levedad e incultura que comenzaron  a agitarnos a comienzos de los años ochenta, con los programas del corazón y los ídolos de barro, tiene su paralelo en el hundimiento literario de René Lodosa. “Era la moda de la basura. Basura en la tele, en la comida, en el teatro, en la literatura”.

Las conclusiones de este largo y complejo autoanálisis son duras y a la par esperanzadoras: somos nosotros mismos los dueños de nuestro destino. Incluso el cáncer terminal que padece el protagonista se lo ha producido él, con su desesperación, con su ansia de autodestrucción, de muerte… René Lodosa ha sido el artífice de su propia derrota. De ahí que la obra de José Luis Muñoz no sea únicamente una gran novela, sino que es también una novela plenamente contemporánea, que secunda los grandes descubrimientos de la ciencia moderna: el poder de la mente y su capacidad para, según nuestras creencias, destruir o sanar. Todo está en la mente, siendo el cuerpo un instrumento neutro que obedece sus designios. Dime lo que temes y en eso te convertirás. Porque el miedo no es sino fe al revés.

Así que José Luis Muñoz, en esta novela, nos muestra el poder de la fe, salvo que lo hace por su lado negativo: la fe en que te ocurrirá lo malo, es decir, el miedo. Miedo a la vida, al envejecimiento, al desamor, al fracaso literario, es lo que siente el protagonista. Y según su fe, se cumple. No sé si José Luis Muñoz es consciente de ello, pero, en su novela, ha dado con una de las claves del destino humano. El fatum, que los griegos situaban en los dioses, está ahora dentro de nosotros mismos. Sólo René Lodosa se persigue a sí mismo.

En realidad, José Luis Muñoz está muy cerca del espíritu griego clásico, y su novela no es sino una catarsis. Como el drama antiguo, muestra una tragedia para purificarse a sí mismo y purificar al lector. Muestras las pasiones humanas, la ambición, la lujuria, el mal… para conjurarlos, para librarse y librarnos de ellos. Por eso, esta novela es un ajuste de cuentas con el pasado y un propósito de enmienda para el futuro. Cuando pasamos la última página, comprendemos que todo ha sido un incendio mediante el cual José Luis Muñoz ha quemado su parte mortal, para quedarse con la divina. Es decir, se ha desprendido de la máscara que odia para quedarse con la que ama.

Y el incendio es bello, muy bello. A veces se nos antoja Roma incinerada bajo la lira de Nerón. Con su prosa fluida, incisiva, directa, que narra como una cámara, el autor nos lleva de la mano por todos los ambientes. Vivimos, andamos, amamos, descubrimos con él. Es, en toda la expresión de la palabra, un viaje a Patpong Road, algo así como si nuestro cuerpo estuviera en peligro mientras nuestra alma se siente a buen recaudo. Es la grata experiencia de una lectura que a veces parece happening; otras, orgía; otras, turismo; y otras examen de conciencia. Todo servido en el negro sobre blanco de las páginas de un libro. El placer de la lectura recuperado en una novela poliédrica, que lo es todo. Por ello, si tuviera que recomendar una novela que mostrara todas las aristas de José Luis Muñoz, recomendaría ésta. Muñoz ha escrito muchos libros, pero todos están en Patpong Road.

Gregorio Morales

 

Gira de presentación

Viernes 1 de junio, a las 17:45 horas ALICANTE

Casa del Libro, Poeta Vila i Blanco, 8 de Alicante

Presentador: Mariano Monge

 

Viernes 1 de junio, a las  20:00 horas ELCHE

Librería Ali i Truc, Passeig de Les Eres de Santa Llucia, 5

Presentador: Mariano Monge

 

Miércoles, 6 de junio, a las 20:00 MADRID

Presentador: Fernando Marías

Lugar: Espacio Canarias, calle Alcalá, 91

 

Viernes, 15 de junio a las 19:30 BARCELONA

Presentador: Julio Murillo

Lugar: Casa del Libro, Rambla Catalunya, 39

 

12, 13, 14 de julio GIJÓN

Presentadores: Fernando Marías y Julio Murillo

Lugar: Semana Negra

 

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