Reseña

Meet Me In The Bathroom – Lizzy Goodman

posted by Cesc Guimerà 5 diciembre, 2017 0 comments
Los Strokes y el underground global

Meet me in the bathroom

Advertencia. Esta reseña contiene spoilers. Es en sí misma, básicamente, un spoiler de Meet Me In The Bathroom: Rebirth and Rock and Roll In New York City 2001-2011, la crónica oral de la escena musical de la Nueva York de principios de los dosmiles –del 11-S y la despedida de LCD Soundsystem en el Madison Square Garden– de la mano de la periodista Lizzy Goodman y los más de 200 protagonistas de las entrevistas que comenzó a realizar en 2012.

Músicos, artistas de todos los ámbitos, periodistas y personajes de lo más variopinto que vivieron en el epicentro de la última gran escena del rock. La última gran escena. Un mundo pre-internet con los apartamentos, estudios, bares y baños –muchos, como en los que espera Nina en  “NYC Cops” o los que dan nombre a una de las canciones de Room On Fire y al propio libro– como centros neurálgicos.

Música, drogas, relaciones personales y la gentrificación de Brooklyn en una crónica que ayuda a comprender como Fischespooner sabló dos millones de dólares a su compañía discográfica ya en tiempos de Napster y como aquel conocido apócrifo del pop se presentó un día al trabajo con el abono de Primavera Sound, allá el intervalo comprendido entre 2005 y 2008. Es el underground global.

Meet Me In The Bathroom es un ejercicio de puro periodismo, excelentemente construido e hilado, por el que es de justicia agradecer a Lizzy Goodman que desestimara un enfoque de tedioso tratado académico. Lo más sensato es pues que también lo hagamos nosotros y que hablen los protagonistas.

Algo de contexto. Rudolph Giuliani, republicano, fue el alcalde de Nueva York entre 1994 y 2001. “Había una masa crítica sobre algunas de las cosas que pasaron y todas tenían que ver con Giuliani limpiando Nueva York” (Gideon Yago, MTV). “Es importante recordar que todo pasó antes de Friendster, MySpace, Facebook o Twitter” (Steve Schiltz). Larry Lee (artista). DFA –el ello de James Murphy era algo propio de Manhattan. Brooklyn era peligroso. No ibas a Brooklyn porque era el infierno”.

“Pasamos del rock, la mejor música que había existido, a Lenny Kravitz (James Habacker, actor y director). “Teníamos a los Beastie Boys, pero ellos lideraban otro mundo. Sonic Youth eran vistos como un grupo oscilante y perdido. Teenage Fanclub, perdidos. El circo andante de Lollapalooza, derrumbado. Estaban Oasis y Blur, pero no eran nuestros. En los días post-Nirvana, se perdió el rumbo”, explica el periodistas Dave Gottlieb, en el mismo sentido que su colega Marc Spitz. “El grupo más grande del mundo en aquel momento era quizá Korn, o Limp Bizkit. Papa Roach salieron en la portada de Spin. POD salieron en la portada de Spin. Era la cúspide del nu metal y Eminem era la mayor estrella mundial. Salió en la portada de Spin tres veces en el 2000. Todo el mundo esperaba que llegara algo nuevo y lo nuevo se esperaba que fuera el dance”. En resumen: “No había ninguna razón para creer que el rock and roll de chaqueta de piel a lo New York Dolls fuera a volver, nunca” (Moby). Pero con el paso de los años, “nos dijeron que Williamsburgh era la nueva Berlín” (Larry Lee).

El ataque a las torres gemelas marcó a toda la generación de músicos, como explica el periodista Rob Sheffield: “Recuerdo un concierto de Stephen Malkmus en el Roxy a finales de octubre o principios de noviembre. Se sabe cómo es, emocionalmente nada expresivo. Dijo algo así como: ‘Aquí estamos, tocando en el West Side. El West Side es el lugar de los sueños rotos, desde el barrio trabajador hasta todas las tesis doctorales todavía no escritas de la Universidad de Columbia. Pero esto es todo lo Bono que voy a ser hoy’. Acabó el concierto con “Satellite of Love”. El batería cantaba la parte de Bowie y él la de Lou Reed y fue jodidamente bonito. Como muchos tipos, solo podía expresar sus emociones a través de Lou Reed”. “Fue algo horrible, no hay duda. Pero también fue inspiracional. Cuando algo así pasa en la puerta de tu casa se convierte en el centro de tu mundo” (Angus Andrew, de Liars).

Si hay un grupo que catalice la escena son, evidentemente, los Strokes. Explica Marc Spitz: “Grupos como Limp Bizkit quedaron desfasados, y el punk rock se había metamorfoseado en el rollo Green Day, que no tenía nada que ver con el CBGB en 1977. Jenny Eliscu decía: ‘No lo entendéis, no ha habido nada decente en Nueva York en décadas. Décadas’. Fue el regreso de la estrellas del rock”. “¿Sabes lo que dicen sobre Black Flag de que se subieron a una furgoneta y llevaron el punk rock al mundo? Pues los Strokes tenían un bus y llevaron el “downtown cool” al mundo”.

“La gente que prestó atención al Britpop, encontraron continuidad en Nueva York. Es divertido, cuando los Strokes empezaron, que la gente dijera, ‘¡los Ramones!’ o ¡Television!’. No suenan a estos grupos. Suenan a Elastica”. (Rob Sheffield). Paul Banks, de Interpol, explica les inevitables envidias. “Los que tenían grupos tenían esta necesidad de decir: ‘alguien les escribe la canciones’ o ‘son solo unos niños pijos’. Tenían que autoconvencerse para no aceptar el hecho de que eran cinco tíos ‘cool as fuck’ escribiendo música locamente increíble”. Al fin y al cabo, “los Strokes eran tan cool que todo el mundo quería parecerse a ellos. La chaqueta de cuero vintage y las Converse se convirtieron en EL LOOK” (April Long). “Aparecieron los Strokes y entonces te dabas cuenta: A ver, tienen 21 años y su manager tiene 22 y son lo más cool del momento” (Steve Schiltz). Y un frío dato que aporta Dave Gottlieb: “Si hubieran aparecido cinco años antes hubieran vendido dos o tres millones de discos, no un millón a causa de internet”.

Is This It es mi disco de la década (…) A la gente le digo, dentro de diez años vas a estar haciendo un barbacoa y sonará este disco” (James Murphy). Surooh Alvi (cofundador de Vice): “Por mucho que hablemos como los Strokes la jodieron y lo malos que son sus discos ahora, no hubo nadie más cool. Son los últimos guardianes de aquella forma de hacer rock. Fueron las últimas verdaderas estrellas del rock”.

Nunca aspiraron a eso. “Mi sueño era estar en un grupo como Guided by Voices o Built to Spill, lo suficientemente grandes para tener un grupo de seguidores para poder ganarme la vida” (Julian Cassablancas). Pero llegó la fama, los excesos y las tensiones, con Ryan Adams como habitual –sigue en ello– animador del cotarro. “Julian creía que Ryan era una mala influencia para Albert” (Catherine Pierce). Tiene pinta. “Ryan podía venir y despertarme a las dos de la mañana y comenzar a tomar drogas, lo hacía y me apalancaba. Sabía que me metería en las drogas desde muy joven. A los 14 años ya tenía ganas de probar la heroína”. (Albert Hammond Jr.) “Me gustan las drogas. No soy un adicto. ¡Me gustan!”.

Albert Hammond Jr: “Recuerdo a Julian intentando golpear a Ryan si salía conmigo, para protegerme. Había oído que Ryan me pasaba heroína, era como: ‘Si vuelves a mi apartamento con heroína te voy a patear el culo’. Realmente no lo hacía hasta que apareció Ryan. Definitivamente era una mala influencia”. Ryan: “Es triste. Albert y yo éramos amigos (…) Yo pasaba por allí y pasábamos el rato juntos. (…) Nunca le habría dado heroína. Recuerdo estar increíblemente preocupado por él, incluso cuando yo seguía tomando speedballs”. ¿Y que dice Julian Cassablancas? ¿Si le dije a Ryan que se alejara de Albert? Sinceramente no lo recuerdo. La heroína es cruzar una línea, puede arrebatar el alma a una persona (…) Si alguien se la intenta pasar a un amigo, vas a detenerlo”. “No tomaba drogas socialmente, así que no recuerdo tomar drogas con Albert. Fumaba y bebía. Bebía vino tinto y vodka y escribía toda la noche”, asegura Ryan Adams.

Entre el elenco de grupos y personajes de la escena, The Yeah Yeah Yeahs, Fischerspooner, The Rapture, The Walkmen y su semilla e imprescindibles Jonathan Fire*Eater, Vampire Weekend, The National, Interpol, Kings of Leon, White Stripes, o Franz Ferdinand y los Libertines en la orilla británica del Atlántico, reciben mención especial para los afortunadamente recuperados LCD Soundsystem. Un personaje maníaco del calibre James Murphy recibe que da gusto, pero también suelta muchas de las perlas del libro, cuando, por ejemplo, explica la marcha de The Rapture de su sello DFA. Algo que no se tomó nada bien. “Estaba muy enfadado y dolido. Tuve una reunión con Britney Spears para hacer una canción”. Murphy no esconde obsesión por el sonido y el éxito: “Recuerdo comprar discos de The Birthday Party por la portada. No era cool. Era un nerd obsesivo del sonido. Es lo que me hace ganar dinero”. “Los Stooges querían arrasar. Los Suicide, ser grandes. Algunos grupos decían: ‘no me importa si la gente me escucha’. Y yo me decía: ‘¿qué mierda de sentido tiene esto?’. Ni que hubo mucha fiesta: “Celebramos mi treinta cumpleaños a lo grande. Como pastel Tim me regaló el “Standard” de Roxy Music con treinta rallas de cocaína encima”.

Para April Long Karen O era como Debbie Harry pero de nuestra generación. Fue muy inspiracional. Todo lo que hizo fue increíble”. Tampoco queda a parte la eterna referencia a Joy Division al hablar de Interpol. “Sabía perfectamente que Interpol no soportaba que se les preguntara por Joy Division, y los fans te decían que no sonaban como Joy Division… pero la verdad es que sonaban un poquito a Joy Division” (Marc Spitz). “Lo que más me jodería, si estuviera a punto de morir, es que mi necrológica mencionara a Joy Division. He trabajado mucho para que el New York Times no tenga que mencionar a ese jodido Ian Curtis en mi obituario”. (Paul Banks)

Más para el anecdotario. Nick ZInner (Yeah Yeah Yeahs): “Los White Stripes fueron agradables con nosotros, aunque Jack White estaba algo cabreado por ver a otro grupo sin bajista como telonero”. Respuesta de Jack White. “Me gustó ese concierto. Quedé impresionado con los Yeah Yeah Yeahs. Me gustan las chicas poderosas en la música y cuando vi a Nick en la guitarra deseé ser tan grande como él… físicamente”.

Jim Merlis recuerda una noche en la que los Strokes “tocaron en el Troubador de LA. Estábamos allí y Joe Strummer estaba allí. Estaba hablando con Fab y Joe Strummer le dio unas palmadas en la espalda y le dijo. ‘Gran concierto, tío’ y se marchó y Fab le respondió, ‘Gracias colega’. Y yo le dije, ¿no sabes quién es?  Y él dijo, ‘no, ¿quién era?. Le contesté ‘era Joe Strummer’ y el respondió ‘¡Hostia puta! Habrá pesado que soy el gilipollas número uno”. Mientras que Ryan Gentles se encarga de la crónica en rosa en Coachella:  “Los Strokes tocaron y luego Oasis salió al escenario. Fab estaba en uno de los costados del escenario con Drew Barrymore. Luego salieron juntos durante cinco años”. Nick Valensi de contarnos lo que ya sabemos de Pete Doherty: “Este tío está jodidamente loco” y Adam Green de recordarnos que también está como una puta cabra. “Estábamos en Glasgow y unos tíos decidieron que no les gustaba mi vestido de Robin Hood”.

En resumidas cuentas, no tan resumidas visto la longitud del texto que aquí finaliza. “Los Strokes fueron un rechace de los 90” (Moby) en un tiempo en el que “el auge de aquellos grupos coincidió con la reformulación de la marca Nueva York y la nuevayorquización del mundo. No hay duda de que a día de hoy Londres tiene más en común con Nueva York que con Newcastle o que Tokyo tiene más en común con Nueva York que con Osaka” (Imran Ahmed. XL Recordings). “Fueron como los 60 otra vez” (Mark Ronson). “Fue la última escena de rock antes de Internet. “Escena no es nunca una mala palabra. Escena es una buena palabra pre-hipster” (James Murphy).

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