Reseña

Mono y esencia – Aldous Huxley

posted by Marcos Blanco Gendre 7 junio, 2017 0 comments
Huxley en estado puro

Mono y esencia

De verdad, es una bendición que Cátedra se dedique a este mundillo de la edición, tan poco valorado en este país. Y lo es por casos como el que toca hoy reseñar. Porque si hay un autor que bien necesita un estudio previo de la materia a leer, ése es el señor Aldous Huxley. Y más si el libro que nos cae en las manos es Mono y Esencia, para un servidor, a la altura de Un mundo feliz, su obra más recordada. Y sí, lo sé: eso es decir mucho o puede parecer que se me ha llenado la boca, pero es que no hay más que empezar por la estructura ideada por Huxley para la ocasión. Un libro, dos partes bien diferenciadas. La primera arranca con la muerte de Ghandi, en 1948. Partir de este hecho marca la dirección de una realidad contextual con la misma escritura de esta novela. Huxley está reescribiendo la historia en modo presente, pero lo va a hacer desde su experiencia como guionista de Hollywood y la búsqueda de Walter Tallis, el firmante del guión de “Mono y esencia”, que Bobby Brigs se encuentra. Desde ese mismo instante, buscar a Tallis se convertirá en la obsesión de Brigs. De Hollywood a Mojave, en una búsqueda de la que prefiero no emitir spoilers; la desgracia sería terrible.

Una de las cuestiones que emergen por sí solas en este primer bloque es saber si Tallis es el propio Huxley. Amigo de Greta Garbo y Charles Chaplin desde finales de los años 30, Huxley fue parte de la gran Babilonia holliwoodiense. Y desde sus mismas entrañas se dio de bruces con las puertas giratorias que circulaban del reconocimiento a los puros intereses de la industria. Huxley describe este mundo con su habitual facilidad para extraer extrañeza de lo cotidiano y desconfianza de un entorno que, a primera vista, no resulta tan hostil como pueda llegar a aparentar.

Pero donde la genialidad alcanza el súmmum es en la segunda parte de la novela. Toda la curiosidad generada acerca de ese guión no la desvía ni la entierra. Ni mucho menos. Lo que hace es mostrarnos el guión, tal cual. En formato cinematográfico. Sin tapujos. Tal giro no sólo deviene en un hallazgo literario, sino que se es ampliado por la misma condición visual desprendida de esta estructura narrativa. Y lo que ofrece ese guión demuestra varias cosas; entre ellas, que la sociedad inventada en El planeta de los simios ya tenía un precedente en esta novela. Pero Huxley llega más lejos. No hay duda que antes que el gran J.G. Ballard, Huxley fue el inventor por antonomasia de los futuros distópicos, lo cual queda totalmente refrendado en la sociedad imaginada para Mono y esencia, con un planeta Tierra donde las únicas zonas habitadas por humanos son Nueva Zelanda y Suráfrica. No, no es ningún estado norteamericano ni Inglaterra. Este entorno inesperado es el motor mediante el que Huxley recrudece su mirada a través del desconcierto y creando momentos de doble moral ante cada situación descrita en el guión; uno centrado en 2108, en un mundo post-apocalíptico que, a duras penas, ha sobrevivido a la Tercera Guerra Mundial. El resto, descúbranlo ustedes. Me remito a mi advertencia anterior; y más, tratándose de un guión cinematográfico…

Como apunte final, reincido en aplaudir el estudio tan trabajado, y extenso, que precede a este libro, obra de Jesús Isaías Gómez López. Tan brillante que bien se podría haber publicado como un libro aparte.

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