Reseña

Un maestro – Guillermo Saccomanno

posted by Jose Luis Muñoz 3 Octubre, 2012 0 comments

Un maestro

Es el argentino Guillermo Saccomanno (Buenos Aires, 1948) un narrador sólido que lleva muchos años publicando (Bajo bandera, Animales domésticos, El pibe, El buen dolor, La lengua de Malón, El amor argentino, 77). Con una novela, tan modélica como breve, contundente en sus pocas palabras, El oficinista, se alzó muy merecidamente con el premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Ésa, dije en su momento, era una novela necesaria, escrita con una depuración de estilo asombrosa y una profundidad inversamente proporcional a su brevedad. Con otra obra, 77, se hizo con el premio Dashiell Hammett.

Un maestro, subtitulada Una historia de lucha, una lección de vida, libro que obtuvo, exaequo, el premio Rodoldo Walsh (Walsh decía que cuando el obrero se empieza a vestir como el patrón, es porque ya adoptó la ideología del patrón) en la Semana Negra del 2012, y de cuyo jurado formé parte, puede ser leída como libro periodístico, crónica de una época o novela emotiva. Sigue el autor de El oficinista la andadura vital de Orlando Balbo, “Nano”, compañero de armas, militante represaliado y torturado (Me llevaron a un sótano. Me vendaron los ojos. Desnudo, me ataron a una silla metálica. Las manos esposadas atrás, en el respaldo. Toda la mañana me golpearon fuerte. Después, por la tarde, trajeron la picana), sobreviviente de esa etapa negra de las juntas militares argentinas, pero quedando sordo por las torturas (Con la corriente eléctrica en los oídos, el cerebro se desespera porque recibe información desquiciada del centro del equilibrio que está en el oído. Me sacudía como un títere. Y ellos se burlaban) y renacido de nuevo a la vida, tras su exilio en Roma, como maestro en una remota región argentina, la Patagonia (El aire de la Patagonia no es el mismo que el de otras geografías. Tampoco su cielo. Un aire crudo, de intemperie. Y un cielo que abisma), para enseñar a campesinos el saber, que es el arma que más detestan los totalitarios.

Hasta que un día la dirección del penal seleccionó un montón de libros. “Esto es lo que envenena las cabezas”, dijo un carcelero. Nos formaron a todos. Y quemaron los libros. Me acordé de Giordano Bruno. El que quema un libro, quema a una persona.

“Yo cuento, vos escribís” le dijo el maestro al escritor cuando se pusieron en el libro. Y eso ha hecho Saccomanno, poner fielmente negro sobre blanco las experiencias extremas que le cuenta este héroe anónimo que vive con sus heridas y al que no le vence el odio.

Podría reprochársele al libro un cierto desinflamiento hacia el final, porque empieza con mucha fuerza, con las dramáticas experiencias de esa salvaje guerra contra la subversión que iniciaron los milicos argentinos en su reinado de horror, y acaba con esa existencia plácida del “Nano” dedicado a lo que supo hacer toda su vida, enseñar a los humildes, pero Saccomanno es fiel a la realidad y a su amigo y no hace otra cosa que recoger los gestos, inflexiones de voz, reflexiones, pausas y silencios de un hombre que resume en su vida buena parte de la última historia argentina.

Utiliza con eficacia  Guillermo Saccomanno su estilo sencillo y directo, que no se ve, su característica frase corta desprovista de adjetivos y artificios con la que llega directamente al corazón del lector. Es Un maestro una lección magistral de narrar de manos de un autor que dice tanto con tan poco y hace del laconismo su bandera literaria.

Hay que ser apasionado de lo que se está enseñando. Si no hay pasión, se dificulta el aprendizaje. La pasión por enseñar despierta la pasión por aprender.

Y la pasión por leer, la de escribir.

marco 75

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