Esta noche (a las 23.00 en el SonarClub) hay una de esas citas inaudibles para cualquier amante de la música y que atesore entre sus pertinencias una pulsera azul o la pertinente entrada del Sónar de noche. El grupo americano Animal Collective aterriza en Barcelona para presentar su aclamado último álbum: “Merriweather Post Pavilion”. El mismo que cuando saliera por allí a principios de enero fuera encumbrado por toda la crítica musical como el álbum del año. A pesar de lo temerario del asunto, y con un poco más de perspectiva (6 meses), un servidor también se une al grupo de los que consideran el último trabajo de los de Baltimore como uno de los mejores de lo que llevábamos de año.

Noah Lennox, Dave Portner y Brian Weitz han escogido la cita del Sónar, como la única parada española dentro de una reducida gira europea. Los norteamericanos van a desplegar un espectáculo capaz de derrumbar el escenario principal con un sonido asombroso, que asegura transportar a los asistentes a altitudes donde cueste respirar con tanta embriaguez de loops, torbellinos envolventes, texturas electrónicas, y toda clase de ruiditos y sutilezas que plasman su pop psicodélico.  Una gran noche para dejarse llevar por el torrencial creativo de una de las bandas del momento.

El que subscribe esto no pudo dejar pasar la oportunidad de escribir una crítica sobre el disco “Merriweather Post Pavilion”, más sabiendo que había aportado su granito de arena a su concepción después de una de las entrevistas más absurdas, caóticas y bizarras que debe haber sufrido nunca el colectivo animal. (Sic). 

La crítica que sigue a continuación fue publicada en la revista Fanzine Digital en el mes de marzo:

Buceo Subacuático

La primera sensación que a uno le invade tras la primera escucha de “Merriweather Post Pavilion” es que Animal Collective ha subrogado las guitarras a favor de la irrupción de loops, samples y sonidos electrónicos como punto de partida de los esquemas compositivos. Con su nueva propuesta parecen querer alejarse de aquellas etiquetas que clasificaban su sonido como acid folk o freak folk. Ahora Dave Portner y los suyos se alejan de los instrumentos convencionales de una banda de folk, para experimentar, mediante la electrónica, con infinidad de texturas, bajos, reverbs y, en definitiva, sonidos psicodélicos para atrapar al oyente. Su principal mérito es la capacidad de canalizar todo el envoltorio experimental hacía unos postulados musicales que se mueven en los esquemas de la canción pop. La voz de Portner, los coros y las palmadas son algunos de sus recursos más visibles.

Los norteamericanos llevan planteando su discografía como un proceso para crear paisajes visuales a través de los cuáles el oyente pueda adentrarse en un entorno concreto. El LP que nos atañe recrea un entorno subacuático de una laguna, una laguna que parece repleta de algas, corrientes frías y cálidas, remolinos, y envuelto por una luz solar que se filtra de forma diáfana entre sus espesas aguas. Un hábitat sonoro que  se descubre desde el primer instante con In The Flowers, un tema que consigue transportar al oyente a terrenos inhóspitos y placenteros para sacudirle con una explosión de magia musical, del cuál, o se queda atrapado o se es lanzado con fuerza hacía el exterior. Sin ningún respiro se inicia la línea de órgano de My Girls, la cuál parece obra del mismo Frankie Knuckles de Your Love. Posteriormente, ésta se aleja en un segundo plano para dejar paso al coro de voces, a las palmas y a un bajo impagable, con todo ese tono festivo que envuelve al tema. A continuación irrumpe Summertime Cothes, una oda a la harmonia  freak con la que el grupo vuelve a escalar un 8.000.

También hay espacio para sonidos tribales que parecen sacados del mismo corazón de África, como es ese Lion in a coma, que reproduce el sonido de instrumentos del continente olvidado. Otro ejemplo por donde navega su creatividad es  No more runnin, un buceo por aguas apacibles que parece sumergirnos en una laguna aislada en donde lo único que perturba la calma absoluta son los sonidos de la fauna de alrededor. El álbum concluye con Brother Sport, otro remolino sonoro que atrapa al oyente con esa mezcla de sonido tribal a lo Guincho, con repeticiones propias del techno, y unos sintetizadores de contrapunto sonoro. Todo ello se configura como un excelente acompañamiento para la voz épico-festiva de Portner, Lennox y Weitz.

“Merriweather Post Pavillion” es un trabajo que pretende sumergirnos en un mar de sonidos épicos, sugerentes e inspiradores, y lo logra con una vigorosidad llena de matices musicales, de sonidos cuya fuente es indescifrable, y en definitiva, de una forma que muy pocos saben llevar a buen puerto. El colectivo animal ha creado una obra que parece fruto de un encuentro psicotrópico entre Brian Wilson  y Syd Barrett durante un fin de semana campestre. Y con ella, suben una cota más dentro del panorama indie.

Leer la crítica completa en Fanzine Digital

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