El ciclón Young arrasa el Primavera

Foto Cristina del Barco, cedida por la organización del Primavera Sound
El pasado sábado 30 de mayo concluía el festival Primavera Sound de Barcelona cerrando tras de sí la edición más masiva de sus 9 años de historia (76.000 personas). Durante tres días pasaron por las grandes explanadas del Forum artistas de la talla de Yo la Tengo, My Bloody Valentine, The Pains of Being Pure at Heart, Spiritualized, Aphex Twin o Bloc Party, entre muchos otros. A pesar de lo ya visto y vivido, los aficionados esperaban el sábado por ser el día más fuerte del festival, y la oleada de música de toda índole no defraudó a las 35.000 personas que se acercaron a la cita musical.
Para la edición de este año los organizadores hicieron pocos cambios. Siguieron habiendo cinco escenarios principales ubicados de manera estratégica para que los sonidos de las bandas no se fueran entrecruzando, un punto que deberían aprender ciertas organizadoras que han utilizado el mismo recinto. El sistema de compra de tickets por máquina causó ciertos desbarajustes, el hombre y la máquina no siempre se llevan bien. Quizás el único reparo era el insoportable olor a heces que desprendían determinadas zonas del festival, un punto de difícil resolución dada la proximidad de la depuradora de aguas residuales.
Dicho esto, es momento de centrarse en lo puramente musical. El Primavera Sound lleva años demostrando un ojo clínico para programar un cartel equilibrado, ecléctico y lleno de calidad. Esta año no ha sido una excepción, a pesar del sobrepeso del noise entre los artistas programados.
Shearwater
El sábado fue la jornada con más publico. Parte de él pudo disfrutar a primera hora de la tarde de la portentosa voz de Will Sheff al frente de Shearwater. Los norteamericanos desplegaron a conciencia su rock intimista, apasionado, donde la voz de Sheff parece irrumpir como un chorro arrancado de lo más hondo de una alma afligida. También tuvo momentos joviales e alegres hilvanados por su habilidad con la harmonía y los instrumentos de distinto cuño.
Jesu
Pese al impacto hipnótico de las melodías de Shearwater había una cita ineludible con Jesu y su post-rock experimental. Este dúo inglés demostró su poderío sonoro a base de atmósferas densas y guitarras cortantes, pero jugaron con la mala pasada que les hizo la organización, de ubicarlos a las 18.40, justo cuando el sol abrasador no perdona.
Jayhawks
Sin tiempo a acomodarse en un escenario, Jayhawks saltaban en el escenario principal del festival. Allí los aficionados que habían venido a ver a Neil Young, calentaban motores con este grupo de country-rock liderado por Mark Olson y Gary Louis. Por momentos uno tuvo la sensación de ver una grata réplica de Crosby, Still and Nash.
Michael Nyman
A las 19:45 era el momento elegido para uno de los conciertos más desubicados del festival, el pianista Michael Nyman y una orquestra compuesta por 11 músicos ofrecieron un concierto de 1 hora y 20 minutos en el escenario cerrado del Auditori. Y hay que agradecer la apuesta del festival porque Nyman y los suyos ofrecieron uno de los mejores recitales de todo el festival. Doble mérito el papel de Nyman de pianista y de director de orquestra de uno pupilos que pusieron todo su empeño para interpretar las piezas únicas del compositor. Un artista ubicado en el minimalismo, pero que pese a su discurso reiterativo logró entusiasmar a una platea variopinta y poco habitual en sus conciertos. El tema principal de la banda sonora que compusó para la película El Contrato del dibujante de Greenaway inaguró lo que iba a ser una bonita velada. Pese al inicio algo tibuteante, poco a poco, los componentes de la orquestra fueron afilando el sonido de sus intrumentos y uniéndose al unísno al ritmo que marcaba el maestro. Al poco rato, era ya muy difícil escapar a la emotiva brisa que Nyman y los suyos lanzaron a toda la platea, y que como resultado visible convertía el vello del los presentes en escarpas. Las mayores ovaciones cayeron por las dos interpretaciones de las piezas de El Piano, y los temas de la banda sonora de Wonderland.

Foto Susana Lopez, imagen cedida por la organización del PS
Neil Young
Muchos tenían en mente desde hacía días, semanas e incluso meses, las 21.20 del sábado 30 de mayo. A pocos les importó que Neil Young, sin duda el cabeza de cartel, empezará su concierto con retraso y que lo acabará antes del tiempo estimado. El canadiense demostró en los primeros compases el porqué de la expectación generada y de la congregación de gente tan dispar en un escenario a rebosar como nunca antes se había visto en el PS. Young ofreció 1 hora y 45 minutos del mejor rock que se pudo oír a lo largo de las tres jornadas. La fuerza vital de su sonido acalló de una manotada cualquier duda que pudiese haber sobre su estado físico y su edad (64 años).
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