James Brown – Live at the Apollo (1963)

La noche de Mr. Dynamite

Live at the Apollo

Tres años antes de que el mundo se volcara con la muerte del rey del pop, otra figura clave de la música negra americana nos dejaba sin tanta repercusión de por medio (en estos lares, en su tierra natal sí que la tuvo); El Padrino del Soul moría por fallo cardíaco a los 73 años de edad. Tras su muerte miles de personas, la gran mayoría afro americanas, salieron a las calles de Harlem (NY) en peregrinación hacia el teatro Apollo, lugar donde yacía el féretro, y donde la gente pudo despedirse de él. No fue ninguna casualidad que se escogiera tal espacio para la despedida, ya que esas mismas paredes, 40 años atrás,  habían albergado uno de los mejores lives registrados de la Historia, y todo por obra y gracia de James Brown. Gracias al vinilo, CD’s, MP3 y remasterizaciones (pese a los que pudiera opinar Walter Benjamin)  todos los que no estuvimos en esa inolvidable velada podemos ser partícipes de ella con Live At the Apollo, para muchos el mejor álbum de un directo que pueda existir sobre la faz de la tierra.

Tras los primeros compases de “I’ll go crazy”, y especialmente con la entrada de Brown en escena, la euforia se desata entre el público presente la noche del 24 de octubre de 1962. Ya desde los primeros minutos El rey del Soul deja claro el porque de sus distintos apodos lanzando su potente chorro de voz  a través del teatro como un río torrencial por el que se transporta a los presentes, y al oyente con ellos, hacía un mar de emociones. Resulta hasta chocante percibir el poder de contagio del Sr. Dinamita. Todas sus interpretaciones, sus pasos sobre el escenario,  sus comentarios con la audiencia, son acogidos con fervor por los presentes, algo que ejemplifica, aunque sea en una pequeña porción, la magia de esa velada en el Apollo Theatre. El Padrino del Soul no sólo demuestra su poderío con la voz, sino también su habilidad como maestro de ceremonias poniéndose al público en el bolsillo con sus intervenciones y haciendo gala de su sex appeal salvaje con las mujeres.

Brown se deja acompañar para la ocasión por los excelentes The Flamous Flames & Band, que en todo momento se compenetran con el artista en su endiablado sentido del ritmo. Una buena muestra de ello es la introducción de “Lost Someone”, a la que Brown responde intercambiando fuego y delicadeza, momento en que uno se pregunta si Janis Joplin bebía de Aretha Franklyn o del propio James Brown a la hora de articular su voz.

Una de las muchas virtudes de Brown como cantante, era esa innata capacidad para convertir el grito en algo controlado y harmonioso, algo que practica con devoción en dos de los mejores temas del álbum: “Please, Please, Please” y “Night Train”.

Visceral, rítmico, intenso, torrencial, genial, muchos cosas se podrían decir sobre el Rey del Soul, y sobre su explosivo directo de Live at the Apollo, pero lo mejor es intentar reproducir la experiencia en los salones de sus casas y el disco que nos ocupa girando en el gramófono.

Sólo fueron 40 minutos de pasión musical desbocada, pero dada su intensidad y la entrega de Brown, se ha convertido en algunos de los minutos grabados encima de un escenario más recordados y deleitados por generaciones. Pura dinamita, puro arrojo de sentimiento por parte del Godfather

7,5

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