¿Y ahora qué?

Hoy es la primera semana que un servidor no puede desatar sus impresiones sobre el capítulo de turno de Perdidos, pero el asunto es más grave, ya que esta situación es irremediable; los adictos a la serie de la ABC empezamos a sufrir el sentimiento de pérdida. Sin embargo no quiero regocijarme en la nostalgia y la negritud, Lost se terminó y la vida avanza, tanto para los que hicieron posible uno de los productos televisivos más exitosos del nuevo siglo, como para nosotros, los espectadores fanáticos. Por eso, esta entrada la planteo como una terapia mediante remedios televisivos para que nuestras vidas vuelvan a la normalidad que se merecen.

Pero antes, dejarme dos párrafos de reflexión sobre el polémico final de Lost. El otro día reviví otra vez “The end”, y me confirmé en mi opinión de que los últimos veinte minutos de una floja temporada son memorables, y van a quedar grabados en las retinas de todo. No sólo por la emotividad que desprenden sus imágenes, si no precisamente por el detalle con el cual crearon esas bellas imágenes. Que más allá de su tono místico / cristiano, tienen una elaborada composición de cuadro, una dirección artística que desprenden significado, una fotografía ejemplar, y unos diálogos relevantes y de tono trascendental, y hasta mítico. La unión de todos estos elementos consigue que la conclusión de la serie más trascendente de la historia sea memorable y cause estupor.

Ahora bien, esto no quita que mi impresión general, en particular por culpa de la última temporada, sea decepcionante. Muchos de los que defienden la serie y su conclusión se basan en el principio de Stephen King: “las pesadillas no están sujetas a la lógica, no tiene sentido explicarlas, la explicación es la antítesis de la lírica del miedo”, el misterio sin respuesta es el que perdura. La validez de este argumento lo comparto, pero no puedo aplicarlo, y por lo tanto aceptarlo como válido, para una serie que ha basado su empuje, y ha construido su estructura y narrativa en base a un alud de misterios lanzados a bocajarro. Los guionistas de Perdidos crearon una telaraña de dudas con tal de mantener al espectador enganchado a lo largo de seis temporadas, pero sigo pensando que la parte en que alguien se le ocurre poner un oso polar en una isla tropical es más o menos asequible para algunos, ahora bien, darle una explicación coherente es otro tema que parece que no han logrado del todo. Con su final han resuelto algunas preguntas, pero muchas han quedado en el camino. Incluso un mago de lo enigmático y de los finales abiertos como David Lynch (no sé si por presiones de la cadena o por él mismo)  tuvo que dar una respuesta cerrada a la muerte de Laura Palmer, principal incógnita y motor de la serie, quizás por eso, Twin Peaks siga siendo si no la mejor serie de televisión de todos los tiempos, una de las mejores, y Lost se ha quedado sólo en candidata sin opción de entrar en el Olimpo. Quizás todo se reduzca a una cuestión de hombres de fe o de ciencia, y de sus posiciones irreconciliables.

Pero volvamos a lo que aquí atañe a todos los fans desolados: La pregunta que ronda nuesrto coco es ¿y ahora qué?.

Es un momento duro, pero si eres un gourmet televisivo te vas a recuperar antes de que te des cuenta, porque la televisión está viviendo una temporada de gloria.

Breaking Bad

De entrada, recomiendo engancharse al cristal de Walter White y Jesse Pinkman, la ficción más impactante  del actual panorama. Ahora van por la tercera temporada (el otro día tuvieron los santos cojones de dedicar todo un capítulo a la dupla protagonista intentando matar una mosca en su laboratorio, mera excusa para desnudar en un ambiente opresivo todas las dudas y sentimientos de culpa que atormentan a estos dos estupendos personajes. Una vez más genial). Su inconveniente, la dependencia que genera.

Fringe 

Si te van más los misterios que los dramas de la droga, apúntate a Fringe. La serie de J.J. Abrams ha ido in crescendo, y tras una buena primera temporada, acaba de terminar la segunda, con vistas a una tercera.

Mad Men 

Si lo que te gustan son las historias dramáticas de corte clásico, a lo Douglas Sirk, Mad Men es el serión que te pide el cuerpo. La cuarta temporada de los hombres de Weiner vuelve a la parrilla este verano (25 de julio en USA), y tras de sí deja tres temporadas gloriosas protagonizadas por Don Draper.

Treme

Si lo que te va, es la merca más pura y de calidad del mercado televisivo, siempre tienes a ese guru llamado David Simon. El amo se ha metido ahora en un drama post-katrina, donde la música es el motor narrativo de unos personajes, como siempre, muy auténticos.

Otras

Si no te convencen estas propuestas, también puedes refugiarte en la aventura bélica producida por Spielberg y Hanks para la HBO y conocida por todos como The Pacific, o bien, la comedia de moda norteamericana Modern Family (aún en mi lista de espera), o esperar sentado en una tele en blanco, mientras la nueva super producción HBO, de matiz gángsteril Boardwalk Empire salga de sus tubos.

Con este panorama da gusto sobrellevar la resaca Perdidos.

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