Domingo de serie: Mad Men (Temporada 1)

Tabaco de etiqueta negra y la creatividad televisiva

Entrar ahora a enumerar todas las virtudes de esta serie que emite AMC en los EEUU sería igual de arduo que pretender buscarle una USP como si de un plan estratégico se tratase. Mad Men es un producto televisivo que no se puede definir de forma racional, la emoción juega un papel clave en él. En el último capitulo de la primera temporada hay una secuencia en que el protagonista, Don Draper, se reúne con el equipo creativo de su agencia, y los directivos de Kodak. En la sala de reuniones, Draper elabora un ingenioso discurso que establece un vínculo entre la famosa marca de fotografía y el concepto de nostalgia, expresado de forma magistral con la proyección de imágenes de su propia familia. Ese momento es una de las secuencias más álgidas de toda la serie, y porque no, uno de los momentos culminantes de la nueva televisión.

Mad Men, creada por Matthew Weiner, se centra en el día a día de una prestigiosa agencia de publicidad de Nueva York (la ficticia Sterling & Cooper) a principios de los 60′s. Entre todos lo creativos, ejecutivos, planificadores, secretarias, copy writer y demás trabajadores que pueblan las oficinas de Madison Avenue, destaca la figura de Dron Draper, un creativo seguro de sí mismo, talentoso, siempre perspicaz, y lleno de secretos que a medida que avanza la serie se van desvelando, haciendo de por sí, aún más interesante su personalidad. Hay que atribuir, en su justa medida, la impecable labor que Jon Hamm consigue darle al papel.  Hamm consigue una actuación depurada con la que dotar al personaje de esa ambivalencia tan atractiva para el espectador, que a partir de ciertos matices y secretos desvelados construye, a la par que el guión, la dimensionalidad completa de uno de los personajes más carismáticos de la televisión contemporánea. A pesar de que Don Draper podría por sí mismo ser la reason why de Mad Men, hay muchos más elementos y personajes imprescindibles.

La visión que ofrece la serie sobre el mundo publicitario de los 60′s no es precisamente amable, retrata una subcultura machista, competitiva, y hasta cierto punto desgarrada. Culminantes los momentos en que el grupo de creativos ( todos ellos hombres por supuesto) se reúnen a beber en el despacho de uno de ellos, a la vez que encienden sus cigarros y lanzan comentarios despectivos y machistas sobre unas compañeras secretarias que sólo ven con pretensión sexual.

Mad Men elabora un dibujo preciso de una sociedad (a partir de la cultura publicitaria) que se deja llevar por el optimismo desaforado de la época, pero que en el fondo se tambalea entre un mar de  morales hipócritas, tabúes (mayoría sexuales) y ingenuidad impostada, cuyo alcance se destaparía con la revolución de los sesenta, un tema que ya en algún capitulo se muestra de trasfondo, cuando los amigos bohemios de la amante de Draper critican la sociedad, y sobretodo, el rol que ejerce Draper como publicista.

Todo estos temas, y la propia trama están desarrollados con la precisión con que un maestro suizo lleva a cabo un reloj de cuco. En Mad Men los silencios dicen mucho más que las palabras pero cuando éstas aparecen no tienen desperdicio. Cualquier diálogo entre Draper y Roger Sterling (uno de los mandamases de la agencia) son impagables. Así como las brillantes presentaciones ante los importantes clientes de la agencia. Todos ellos están repletos de momentos que desbordan por  talento e ingenio argumental, llegando a convertir en mágicos algunos de ellos. El ritmo de la serie es parsimonioso, aparentemente no ocurren muchas cosas en los episodios, pero sí que de forma subyacente hay un contenido inmensamente consistente

Como cualquier producto que quiera ser visto, la serie presenta un packaging de primer orden. La ambientación y el rigor histórico con que se ha seguido la serie es asombrante, en todo momento tienes la sensación de ser transportado a una época recreada con total coherencia y verosimilitud.

Como ya apunté, una serie difícil de argumentar racionalmente, pero que transmite un enorme goce emocional al verla. Estamos ante un producto televisivo para gourmets, Mad Men no va enfocada a un target masivo a pesar de triunfar en los Emmy de ese año. Una obra que dará un placer infinito a los espectadores con un paladar más experimentado, porque a fin y al cabo, estamos delante de una de las mejores exquisiteces que la televisión nos pueda brindar.

Valoración: 8,5

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