Más tabaco y whisky de etiqueta negra, por favor

Hoy empieza en los EEUU la tercera temporada de Mad Men. Mientras esperamos a que los amados subtituladores hagan su acto loable, os dejo con unas valoraciones de la segunda temporada.
La segunda temporada de Mad Men no supone ningún giro importante respecto a su primera. La serie creada por Matthew Weiner sigue con su mirada incisiva a la sociedad norteamericana de principios de los 60′s (una sociedad cambiante) a través de una paleta de personajes carismáticos, la mayoría de ellos, trabajadores de la agencia Sterling Cooper. Si American Beauty era una radiografía en tono crítico y ácido de la clase media ianqui, Mad Men es su equivalente televisivo pero en la época Kennedy y con unas 24 horas más de duración.
Su segunda season viene marcada por la crisis matrimonial que se vive en la casa de los Draper. Betty Draper se ha hartado de las infidelidades de su marido, y de ser considerada por todos como una ama de casa convencional, sin intelecto sustancial alguno. En el otro plano, en el de la agencia de publicidad, la carrera de Peggy Olson cobra importancia, así como la posible fusión de la empresa.
En esta segunda temporada irrumpen algunos nuevos personajes, como el interesante y maquiavélico Herman “Duck” Phillips o la nueva secretaria, pero en general la atención de Weiner y los guionistas la acaparan los personajes de siempre, y en especial, los roles femeninos de Betty Draper y Peggy Olson, y el imprescindible Don Draper. Esta temporada nos sirve para despojar de su corsé a la ama de casa perfecta Betty Draper, y gracias a la laboriosa aportación de su intérprete, logramos comprender toda la dimensionalidad de este personaje que también sufre en silencio. También Peggy Olson se gana a pulso su ración de protagonismo como fruto de una mujer cambiante, propia de la sociedad que le ha tocado vivir. Y por último el inagotable Dron Draper, el hombre que sigue buscando su identidad a pesar de la fortaleza de carácter que aparenta.
La serie se hila otra vez con ese flow tan parsimonioso, pero a la vez, tan cadente y atractivo, que sin saber muy bien cómo te mantiene agarrado con la misma fuerza que Jordan ejecutando uno de sus estratosféricos mates. Esta segunda temporada también deja tras de sí, momentos memorables, uno de ellos, el fascinante viaje de Draper a la soleada California donde conoce a un extraño grupo de nómadas vividores. O esa espectacular vuelta en coche de la fiesta donde Betty se entera de la infidelidad de su marido, para acabar vomitando en su propia falda, después de unos tensos minutos en silencio absoluto pese la compañía de Don.
Para buscarle algún pero a esta detallista serie de la AMC, se encuentra a faltar un final tan potente, brillante, y tan ingeniosamente preparado como el que tuvo su primera season. También se le podría reprochar una cierta falta de ritmo argumental en sus primeros episodios (sabiendo de antemano el ritmo calmado de la serie).
Volvemos a encontrarnos con un producto que demuestra un saber hacer formidable por parte de sus creadores, con una sutileza en su contenido y una excelencia en su forma, que hacen que estemos hablando de una de las series más necesarias de la actualidad.

