La mafia de las Harley

Hay series de las que uno se fía por simple corazonada. Bien porque su título, la temática, sus intérpretes, su creador, una imagen, una promo, un póster, etc, le emiten buenas vibraciones. Pero normalmente, esto elementos de por sí solos, no suelen ser siempre signo de fiabilidad ciega, pero si se les suma, un par de buenas reseñas y una respuesta positiva por parte de la audiencia (siempre lo más fiable), entonces las probabilidades de equivocarse disminuyen enormemente. En este caso: una banda de moteros que actúan fuera de la ley para mantener la ciudad ficticia de Charming bajo su control, pocos motivos habían para pensar en la equivocación. Y Sons of Anarchy no lo hace, no te deja en la estacada.
La serie es obra de Kurt Sutter ( guionista de The Shield), y se centra en los Sons of Anarchy: una peligrosa banda de moteros que controla la ciudad de Charming. La banda está liderada por Clay Sorrow, pero es el joven Jax quien lleva el peso narrativo a lo largo de la serie. Jax se plantea la naturaleza de este club que no duda en usar la violencia y la extorsión, en el momento que encuentra por casualidad unas memorias de su padre (miembro fundado de Sam Crow) escritas antes de fallecer.
La serie tiene un arranque tibio, pero gana en intensidad narrativa con el avance de la misma. El mayor logro de esta serie es la construcción de unos personajes que desprenden veracidad por cada uno de sus poros, magníficamente apoyados por unos actores de la talla. Dentro de la misma banda hay una amplia paleta de personajes y personalidades que se sitúan a las antípodas a pesar de compartir un espacio, una filosofía y una hermandad más fuerte que la de la Cosa Nostra ( de ahí que se hable de ella como un cruce entre Los Sopranos y Easy Rider). Por un lado esta Jax, el motorista malote pero con un gran corazón, rubio, guaperas, el prototipo de hombre que pone locas a las mujeres amantes de Kurt Cobain. No duda en hacerse respetar y en hacer respetar al club, pero tras su dureza, existe un hombre justo. Justo lo contrario de Tiggs, un desalmado psicópata, necrófilo, y asesino inmutable, que no duda en solucionar los problemas por la vía de la sangre. Encima de ellos, está el jefe, Clay Morrow, un frío y desalmado personaje que no duda en poner las necesidades del club por encima de todo, y que alacanza cotas muy altas gracias a la interpretación del siempre sólido y carismático Ron Perlman (¿cómo iba a ser malo el producto con este hombretón simiesco?). En esta línea de los personajes que se ganan el desprecio del espectador, y del propio Jax, a medida que va viendo las cosas con claridad, está Gemma, la madre de Jax y pareja de Clay. Una mujer calculadora, imponente, y maquiavélica que tiene todo bajo control y sabe en todo momento que ocurre con la banda, a pesar de aparentar mantener las distancias como dedicada ama de casa y cuidadora de la familia. Pero no toda la serie está poblada de gente chunga, también está Hale, el respetable policía que intenta que se cumpla la ley en Charming, o su jefe, Wayne, un policía corrupto interpretado por el televisivo Dayton Callie (Deadwood, John From Cincinatti, con la pinta que tiene y la variedad de personaje que puede llegar a interpretar el tipo). Otro personaje con mucho peso en la trama es el de Tara, exnovia de Jax, que regresa a la ciudad tras una tormentosa relación con un agente federal en Chicago. Y hablando de federales, gran personaje el de la agente Stahl.
Y otras muchas líneas se podrían dedicar para el resto de personajes. Tanto los miembros de la banda, como los miembros de las bandas rivales, como los personajes secundarios, son un fiel retrato de la América más profunda. Pero también de situaciones y acciones viven los espléndidos guiones de esta serie. El hilo argumental que subyace en toda la serie es el cuestionamiento moral de Jax ante sus propias acciones como integrante de Sons of Anarchy y de la filosofía del grupo. El desencadenante de esas inquietudes en un viejo manuscrito de su padre cuestionándose lo mismo pero tiempo atrás. Pero Jax también pasa por momentos vitales en su vida, como su reciente paternidad, la llegada de su examor, la difícil relación con su exesposa ionqui, etc. Y en el fondo está su devoción a la hermandad de motoristas, que no dudan en practicar todas las infamias que se puedan imaginar ante sus bandas rivales (Mayans, Niners o los neonazis) o entre su propio seno. Todo este escenario queda descrito de manera brillante por una puesta en escena veraz, que huye de efectismos y aladres técnicos, para concentrar su labor en la historia y la manera que ésta influye en sus personajes.
Otra característica de la serie es el abordamiento sin tapujos de la violencia extrema, a veces sádica, que practican esta clase de gente. La serie muestra toda la dureza, y el salvajismo de estas mafias que van a lomos de las dos ruedas, con un grado de autenticidad difícil de ver en televisión.
Hay momentos gloriosos para los que disfrutamos con estas pequeñas grandes obras. Uno de ellos, es un capitulo que centra su protagonismo en un personaje que acaba de salir de la trena y que posee una extraña, sorprendente e hilarante costumbre. Spoiler La serie tiene dos momentos, realmente punzantes. Uno es cuando Jax llega a casa de Tara, después de que esta haya vuelto a ser acosada por el agente Joh Teller, y Jax se encargue de él a tiro limpio. Tras eso, y las reacciones de pánico propias, la pareja se pone a copular, con el cadáver del agente del FBI tumbado en la habitación. Otras secuencia brillante es la trágica muerte de Donna, la mujer de Opie.
Sons of Anarchy venía dispuesta a ser uno de los estrenos de la temporada pasada, y yo puedo atestiguar con seguridad, que en mi, ha dejado esa sensación. La corazonada ha salido bien. Y mejor aún, porque su segunda temporada ya se está emitiendo.

