Domingo de serie

Domingo de serie: Better Call Saul (Temporada 3)

posted by Omar Little 1 octubre, 2017 0 comments
El hermano bueno de Caín

Better Call Saul 3

Tendimos a pensar que Better Call Saul estaba condenada a ser un sucedáneo de la inmejorable serie madre, una metadona con la que sobrellevar el mono y los ataques de ansiedad. Sin embargo, Better Call Saul se ha empeñado en demostrar, temporada tras temporada, que andábamos muy errados (yo el primero). Inciden de nuevo en ello en una tercera entrega, aún mejor si cabe que la segunda. La pregunta ahora sería: ¿es capaz el spin off de superar el original?

Se me haría difícil, pero viendo lo que ha ofrecido la tercera temporada tampoco lo descarto. Porque Better Call Saul se ha convertido en ese producto que equilibra el dulzor de un ataque de risa de salvia con la adrenalina acelerada de un gramo de speed. Vince Gilligan y contramaestres han cocinado en esta tercera temporada una droga que prácticamente combina al 50% los brotes de humor con la carga criminal. Estamos aún lejos de esas voladuras de sesos con giros de alucine y descompresión arterial por acumulación de marrones. Pero la temporada ha dejado claro, que esa parcela, la criminal, mediante los avatares de Mike Ehrmantraut y del matón enmarronado de tito Salamanca, no está en alquiler, ni mucho, menos en venta.

Y es que el hijo bastardo, el hermano menospreciado, se está ganado la misma atención – aunque por rating no goza de ella ni por asomo – y los mismos mimos. También en la parcela cómica, con constantes virajes al drama implícito en las vidas miserables del triunvirato que lo conforma. La serie ha sacado destello de genialidad, compasión, ternura y desprecio en la batalla fratricida entre los dos hermanos. Los choques entre ambos han implosionado en un final devastador, y por el camino, un regadero de reproches y dramas familiares que dejan a los Rayburn en público asistente de Barrio Sésamo. El Abel y Caín como núcleo dramático ha dejado instantes de gloria catódica, momentos perfilados por las mezquinas y miserables mentes frías de sus representantes. La desafección poseyendo dos togas en una lucha irracional que ha terminado en la más absoluta soledad de uno, y en la bajeza moral del otro, al verse acorralado financieramente y obligado a dejar de ser Jimmy McGill para ser el preámbulo de Saul. Hay en esa lucha bíblica notas agridulces suficiente para alterar para siempre la percepción de los paladares. Si la terquedad fortín del hermano ha sido un muro emocional asistido en presente y en flash-back, no más triste ( y divertido sí, cabrones) ha resultado ver a Jimmy hundirse  en el lodo de la acritud y la miseria, especialmente para alguien que en el fondo tiene buen corazón, pero como le espeta su hermano, todo lo que toca lo estropea. Un drama entre hermanos coronado con este fatídico final que nos deja con una doloroso vacío, el de un personaje memorable.

Todo ello aderezado con ese savoir Gilligan empleado en la ficción germen. Diálogos brillantes, emociones contenidas en el subtexto hasta que estallan con lo imprevisible, cocción a fuego lento para triplicar el acción-efecto-reacción, situaciones hilarantes y planes absurdamente brillantes han copado los fotogramas de esta temporada sin desperdicio. Better Call Saul no solo se ha convertido en uno de los dramedy más imbatibles (ahí está Transparent tambien, ay la familia…), sino en una de las series más sublimes y brillantes que cada vez le mira desde menos abajo a su hermano mayor.

8,5

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