Domingo de serie

Domingo de serie: The Deuce (temporada 1)

posted by Omar Little 12 noviembre, 2017 0 comments
Las crónicas del Times Square salvaje

The Deuce

Cuando se pegó al circuito sináptico que David Simon y George Pelecanos maquinaban una serie sobre el nacimiento de la industria del porno en el Nueva York apache de los 70 pocos dudaron de que esta se convertiría en caviar una vez lanzada. Ocho capítulos después se confirman los mejores presagios, The Deuce es sin duda uno de los picos seriéfilos de este 2017.

Más que el sello HBO – en comedia tienen campo de mejora-, David Simon es el mayor salvaguarda de la televisión de calidad. Su metodología periodística irradia de veracidad y profundidad cualquier producto en el que pone el ojo, la pluma y el aplomo como showrunner. En compañía de George Pelecanos, y rodeado de un dream team compuesto por Richard Price en el sala de guion, James Franco y Maggie Gyllenhaal desempeñado dos de los roles de su vida, el propio Franco y la veterana realizadora Michelle McLaren dirigiendo algunos episodios, Simon vuelve a estampar la garantía pata negra característica de sus producciones.

Y lo hace estructurándola como un The Wire de una zona concreta de Manhattan en un momento determinado de su historia, cuando Times Square e inmediaciones prevalecía la ley de la jungla, donde campaban con impunidad prostitutas, chulos, yonquis, maleantes, policías corruptos, borrachos, pervertidos, violadores y un sinfín de gentuza y perdedores en las antípodas de la fauna turística que a día de hoy invade esa misma zona con sus palos selfie.

The Deuce se establece así en un estudio sociológico y psicológico sobre ese instante del Nueva York canalla y salvaje poniendo el foco en la naciente industria del porno. Como cualquier ficción Simon que se precie, el campo de estudio es amplio, variado y riguroso. La mirada lúcida de Simon y compañía abarca todo el espectro superficial y sumergido que fomenta esa estampa de una galería de personajes andando por el lado oscuro en búsqueda de su reducto económico en la rueda del capitalismo.

De este modo, la serie de la HBO reparte sus minutos entre las sufridas jornadas de trabajo de las prostitutas y sus chulos sacando tajada – sin escatimar en secretos íntimos y desnudos integrales. Las corruptelas de la comisaría encargada de controlar la zona, los nuevos emprendedores haciéndose un hueco en el negocio de la sexualidad, las conexiones mafiosas de estos, y obviamente, el cuarto poder intentando hacer su pieza periodística de oro de todo el tinglado.

Un drama social coral, capitaneado por personajes de verdadero oro. Tanto James Franco en su doble papel de los hermanos Martino, el tándem real que construyó el primer imperio pornográfico en las inmediaciones del The Deuce, y esa prostituta, madre de una criatura y de familia de clase media, que ve en el cine porno su oportunidad de oro para dejar las peligrosas calles y que debería proporcionar a Maggie Gyllenhaal, al igual que a Franco, un Emmy y un Globo de oro.

Una de las grandeza más impepinables de la serie es el grado de verismo con el que se ha levantado este decorado tan ajeno al Nueva York actual. Tirando de clásicos del cine neoyorquino de los 70’s, Malas Calles, Taxi Driver, Cowboy de medianoche, Panic in Needle Park, Shaft,y de algo de CGI como confirmó McLaren alrededor de los preparativos del piloto, la serie recrea con atino y rigor la atmósfera reinante de esa época, el Nueva York aterrador y salvaje, y de su rudeza, obscenidad y peligrosidad un poderoso halo de fascinación que lo rodeaba. Porque viendo The Deuce uno se sumerge en las calles más sucias y sin adoquinar de Manhattan. Uno pierde de vista la última visita turística, y recupera con lujo de detalles (la dirección artística y el vestuario son magistrales) los aromas y efluvios de ese periodo.

Todo, fiel a otra de las señas del creador de Generation Kill, cocinado con mimo y lentitud. Aquí las prisas no nos llevan a un relato de ascenso repentino y lo que venga después. No, de momento se nos presenta a varios personajes hundidos en el lodazal, viendo en la industria del sexo su salvoconducto a unas realidades grises (que grandes esos apuntes del personaje de Franco en los que se subrayan su escasa educación cultural y su ineptitud para entender ciertas cosas, léase momentazo en que la novia le monta un concierto de glam en el bar y entiende gang bang (sic). Y así, termina su primer acto de ocho capítulos, abriendo el camino, a fuego lento, hacia el estallido y explosión del fenómeno y las múltiples consecuencias que puedan afectar a sus principales personajes.

HBO haría muy bien en dar la chequera en blanco a este producto y seguir auspiciando su liderato, en el campo de la calidad, dentro del panorama televisivo actual. Porque esta serie de personajes y retrato de un Nueva York perdido, proporcionando un masaje ocular incalculable.

8

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