He tardado casi dos meses en ver el último capítulo de la tercera temporada (y final) de United States of Tara. Y si me preguntáis el porqué, la respuesta es sencilla: ha sido una decepción de temporada. Me enganché a la serie el verano pasado cuando devoré las dos primeras temporadas, esperaba con ansias la tercera, y al cabo de tres capítulos mis ganas de seguir viéndola desaparecieron. Así que no me extraña nada que Showtime haya optado por cancelarla.
Para los que no la conocíais, la serie es una comedia sobre una familia disfuncional, cuya figura materna, Tara (Toni Collette) tiene multiples personalidades que cambian en los momentos más inadecuados. Su marido, Max (John Cobertt) es el pilar de la familia, él se encarga de soportar las crisis de su mujer y de sus alter egos. La pareja tiene dos hijos: Kate (Brie Larson), su hija mayor, que busca su sitio en este mundo y Marshall (Keir Gildchrist), que a pesar de ser el pequeño de la familia, tiene una personalidad arrolladora y poco comprendida. Además están la hermana díscola de Tara, Charmaine (Rosamarie DeWitt) y el mejor amigo de Max, Neil (Patton Oswalt), eterno enamorado de Charmaine.
En la segunda temporada habíamos dejado a Tara y sus alter egos a punto y no de ser controlados, la veíamos más centrada. Pero en la tercera todo cambia, ya no es Tara la que se transforma en ellos sino que ahora ella como Tara los ve y el espectador ve tres Taras, lo cual es bastante desconcertante. Además la Tara verdadera ha decidido retomar sus estudios universitarios y se matricula nada menos que en psicología, quizás para intentar entenderse. Uno de sus profesores es el Dr. Harris (Edie Izzard) que pronto se sentirá fascinado por su alumna y querrá ayudarla a entender sus alter egos, cosa que le traerá más de un disgusto, hasta que decida que no se siente capacitado para tratar sus problemas.
La temporada para Max seguirá siendo la de aguantar los brotes de su esposa, lidiar con sus hijos pero además la crisis se comerá su negocio y su pequeño taller de reparaciones y construcciones se verá absorbido por una multinacional. Su amigo Max, que trabaja con él, se quedará en la calle, ahora que está esperando un hijo con Charmaine, a la que su embarazo a convertido en una mujer responsable y hasta aburrida (al menos para los ojos del espectador).
La única salvación de esta temporada son los hijos de Tara. Marshall con las cosas claras sobre su sexualidad, tendrá su primera relación con Lionel, un compañero de clase, más decidido que él, con grandes proyectos (juntos filmarán un corto para un festival de Nueva York sobre el drama familiar de Marshall) pero que pronto se ven truncados. Su hermana, Kate, después de los vaivenes sentimentales y profesionales de temporadas anteriores se centrará. Aunque si empieza la temporada algo perdida, pronto encontrará su camino profesional haciendo de azafata de avión, donde conoce a su novio hasta la fecha más estable y normal.
Pero, ¿qué ha fallado? Los guiones han dejado de tener frescura, las múltiples personalidades de Tara nos confunden y las historias se han vuelto aburridas. Si lo que en la primera y en la segunda temporada nos parecía genial, en esta se ha convertido en monotonía. Los guionistas han matado la serie, la han convertido en historias convencionales. A mi me gustaba las disfuncionalidades internas de cada personaje. Cuando se vuelven tan maduros y responsables, pierden la magia. Tendremos que esperar a ver que nos propone Showtime de cara a la próxima temporada para cubrir el enorme hueco que nos ha dejado United States of Tara. Descanse en paz.



