“Full Measures”: Final Season Temporada 3 Breaking Bad

La serie más en forma apuntilló su tercera temporada con “Full Measures”, la final season emitida el pasado domingo. Breaking Bad completa esta temporada más crecida que nunca, y hace olvidar de un plumazo la débil temporada final de Lost.

La habilidad de los guionistas por sorprender y girar las tornas me asombra. Cuando crees haberles pillado el truquillo te vuelven a pillar en bolas.  Y lo han vuelto a hacer al minuto de su final season donde mediante un flash-back retrocedemos dieciséis años, cuando Walter White y su esposa Skyler (embarazada de Walter White Jr.) visitan lo que será su hogar. Skyler intenta convencer a su marido que el piso es ideal para ellos, que el barrio es encantador y la escuela será óptima para sus hijos, sin embargo, Walter no lo ve claro, él aspira a más, hay pocas habitaciones para los tres hijos que desea tener, pero pese no ponerse de acuerdo, se percibe que la pareja está enamorada y entusiasmada con su nueva etapa, lo certifican dándose un apasionado beso…, al siguiente plano estamos en un desierto de Arizona vemos a un Walter sin pelo y con perilla en el interior de su coche destrozado, a lo lejos un coche con las luces encendidas aguarda amenazante. El espectador se imagina quién está al otro lado, y lo confirma cuando Mike llama al móvil de Walter y le propone que se acerce a su coche donde lo espera el impasible Gus. Walter se pone su sombrero, y se dirige al encuentro, una amenazante música nos alerta del peligro que conlleva su decisión, y por primera vez en mucho tiempo, nos preocupa la vida del personaje central de esta magnifica serie. Definitivamente, la vida de Walter White se ha radicalizado. 


“Full measures” empieza con este demoledor, y desconcertante inicio, le sigue una pequeña bajada de ritmo que coincide con Walter trabajando con su nuevo antiguo asistente en substitución del desaparecido escondido Jesse Pinkman, y con la matanza de Mike en una fábrica de suministros. Y es cuando uno empieza a preguntarse si el nivel de ritmo y la acción es la adecuada para un capítulo final, cuando los guionistas de esta joya la vuelven a liar. Tras estas secuencias de paz relativa de nuestros personajes un giro vuelve a desestabilizar las vidas de la pareja televisiva.

Gus irrumpe con su estremecedora política de buenos modales en casa del nuevo asistente de Walter, el inocente Gale. Pronto Gus le lanza la siguiente pregunta: ¿en cuanto tiempo crees que podrías hacerte con el laboratorio de metanfetamina?. Tras la cara de sorpresa de Gale, Gus elabora uno de esos discursos que engrandecen la serie, a su personaje y al propio actor Giancarlo Esposito.  En resumidas cuentas viene a decir que Walter está enfermo terminal de cáncer, y deben estar listos para mantener en funcionamiento el negocio, aunque éste ya no esté con ellos. Entre líneas el espectador deduce que Gus va aniquilar a Walter.

Precisamente eso es lo que percibe Walter en la siguiente secuencia, cuando Gale le realiza una pregunta sobre el proceso de creación de metanfetamina, y éste realiza una de sus miradas de incomprensión, cuando en realidad su mente ya ha ligado todos los cabos.

Y así se lo hace saber a un Jesse Pinkman escondido en una ex sala de ocio (batallas de láser), en una memorable secuencia (funciona en todos los niveles), donde primera vez nos encontramos a un Walter alertado, intranquilo, y diríamos que miedoso, pidiendo la ayuda de Jesse tras salvarle la vida a éste en el anterior capítulo. Jesse le sugiere acudir a la DEA o a la policía, pero Walter (y los telespectadores, no queremos que la serie termina) sabemos que la solución no pasa por allí. Si no por eliminar a Gale, y hacer que Walter sea indispensable para Gus. Tras la negativa de Jesse de matar a sangre fría, Walter decide hacerlo él mismo.

La tensión va aumentando a medida que nos acercamos al final, y explota del todo, cuando el deshornado padre de familia sale del hogar familiar para asesinar a Gale, y se encuentra que uno de los matones lo espera con un coche diciéndolo que ha habido una fuga en el laboratorio. Al llegar a Walter los peores temores se hacen realidad, el asesino Mike los espera allí. Éste le ordena a Walter que baje al laboratorio, y por primera vez, vemos a nuestro profesor de química completamente acojonado y desesperado, implorando a Mike que no lo mate. Mike es un frío profesional del sector, y sólo se lo piensa cuando Walter le dice que conoce el paradero de Jesse. Estos poco minutos de tensión, drama y adrenalina concluyen cuando Mike le presta el teléfono, y Bryan Cranston nos da otra clase a todos los mortales, girando de nuevo las tornas y tomando el control de una situación que parecía irrevocable. El maestro (de todo) consigue hablar con Jesse y le dice que no ha podido hacerlo, que deberá hacerlo él, y antes de que le cojan el teléfono de nuevo suelta: hazlo, estamos los tres en la lavandería, tienes 20 minutos de ventaja.

Un tembloroso Jesse se planta delante de Gale con lágrimas en los ojos, saca su revolver y Pam!!!. Se termina el capítulo.

Un final de temporada que te deja con ganas de más, pero que sobre todo, te deja con la intranquilidad de saber que le habrá sucedido a Walter con esos dos matones pegados a él, y a larga distancia, nos surge la duda, si esta “buddy couple” será capaz algún día de salir de ese gran agujero negro en que se han metido.

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